viernes, 2 de diciembre de 2016

'tenerte aquí, ¿te imaginas? Poder abrazarte, poder besar cada poro de tu piel, cada cicatriz y curarla con mis besos. Quitarte el miedo de la misma forma que te quito la ropa. Y que, chica, no le temas a nada que aquí estoy y no voy a irme. Mírame, estoy feliz y..¿como voy a apartarme de la tía que consigue hacerme ser feluz? Estaría loco y solo lo estoy pero por ti.
¿Te imaginas poder soñar juntos en la misma cama? o podríamos soñar que dormiremos en otras, quizás en Londres, París o qué más da el sitio si estoy contigo. Imagina que me puedes hacer rabiar apartándote cuando quiero besarte y para quitarme el enfado me llenas la cara de besos haciendo que ponga esa cara de tonto. Y quitarte el dolor que otros te dieron para darte amor. Y llenarte la vida de motivos que valgan para seguir..

..recuerda, amor, que si tu caes yo me largo contigo.

Imagina, también, que puedo darte todos los abrazos que nunca has tenido, poder susurrarte al oído lo mucho que te necesito, acariciarte el pelo y que tus manos tiemblen en mi espalda inseguras de romperme un poco más. Pero, cariño, que el único que tiene miedo de destrozarte soy yo, que debería de estar prohibido tener a algo tan bonito como tú entre mis brazos. Imagina que estoy ahí para reseguir cada lunar de tu espalda mientras noto como sonríes en mi clavícula, o que te muerdo el cuello para hacerte sonreír o para que pierdas el norte o quizás el sur. 
Imagina que te seco las lágrimas a besos, que te dejo que te escondas en mi pecho para refugiarte de tus miedos. Imagina que pierdo el miedo y no te pierdo a ti. 

Imagínate a ti y a mi queriéndonos , ¿no te suena bien?

Porque pensar en besarte, abrazarte, sacarte de quicio, picarte, acariciarte, enseñarte lo que es querer sin miedo..a mi eso me suena perfecto. Despertarte cada mañana acariciándote el pelo, besarte la punta de la nariz y hacerte cosquillas. Salir corriendo para que no me atrapes sabiendo que las cosquillas son mi punto débil. Que te coja, que te beses y perdernos en el cuerpo del otro, amarnos, querernos y susurrarte que soy tan tuyo como tú eres mía. Y besarte..

..y perderme de nuevo. Que chica, ya estoy perdio y mira que ni te tengo.

martes, 22 de noviembre de 2016

Y vamos a reinventar un lenguaje para que sea el nuestro, a reconstruir un mundo que no se parezca nada a este, que la realidad es muy fea comparada con cómo es tu sonrisa. Vamos a mezclar París, Madrid, Barcelona y los suburbios de Londres para hacer de estas sábanas un universo paralelo.
Vamos a demostrarles a toda esa gente que no hay historia sin un prólogo, un amor sin batalla, ni vida sin lucha, ni verso sin ti.
Quiero pecados compartidos, cicatrices que fueron heridas y han sido curadas con saliva. Quiero llevarte tatuado en el cuello y que mi clavícula pida a gritos uno más de tus besos, cortarme las alas del desamor con tus omoplatos y ahogarme entre toda esa mierda que algunos llaman amor.
Necesito quedarme sin oxígeno debajo de una almohada que no sea la mía, leer el puto horóscopo y reírme de esa mierda de constelaciones por estar pensando en tus manchas.
Que me llamen tuyo porque es impensable que sea de alguien más, escribir y que se mueran de envidia. 
Quiero, necesito y espero quedar contigo los días impares y leer el periódico para saber qué ocurre fuera de nuestro mundo. Regalarte un billete de ida para que nunca vuelvas
A irte

jueves, 20 de octubre de 2016

Esperando

Estoy aquí, sentado en nuestro sofá, esperando.
No tengo nada mejor que hacer, hace ya tiempo que tu vida se convirtió en mi único motivo para vivir. Apenas como, apenas me muevo, apenas respiro... Apenas vivo.
Sentado con la copa de vino en una mano, espero oír el sonido de tus llaves en la puerta.
¡Qué tontería! Tus llaves están en la bandejita de la entrada...

sábado, 15 de octubre de 2016

¿Por qué mentir?

La felicidad. ¿Un destino o el camino a ese destino?
Cada cual tiene su propia forma de ser feliz, es algo especial para cada persona.
Los hay que necesitan una sonrisa. O un beso.
O un helado, o puestos a pedir, dos.
O todo junto. ¿Qué derecho tiene alguien a decidir cómo puedo ser feliz?
Yo solo pido un buen libro, un bolígrafo y un ca...
¿A qué viene mentir?
Prefiero las palabras cuando salen de tus labios para dibujarlas en mi piel...

Es la hora de brillar, nena

Ya va siendo hora de que te quites los complejos y los suspiros de envidia al ver brillar a la circonita.
Cielo, tú naciste para ser diamante, no te disfraces de mina de lápiz porque vales más que eso.
Y ya llegó el momento de que te pongas debajo del foco para permitir que tus reflejos iluminen los retazos de ese corazón que escondiste entre tinieblas para hacerlo impenetrable.
Es la hora de brillar, nena, y no dudes ni un segundo de que yo estaré a tu lado.


'-¿Sabías que esto sería una cita horrible desde el principio?
-Si no lo hubiese sido por si sola, me habría encargado de que lo fuese.
-Pero... ¿Por qué?
-Porque a pesar de todo sigues a mi lado. Así que, o eres idiota, o me quieres.
-O quizá ambas'

miércoles, 5 de octubre de 2016

Empiezo a pensar que, si me quisieses, solo conseguirías ponerle otro clavo al ataúd del que intento escapar desde que te conozco.
Que no me quieras es fácil, dolorosamente fácil. No hay nada que hacer aparte de desear que los sentimientos se me caigan al suelo, muertos.
Bueno, eso, contener las lágrimas que acuden a mis ojos cada diez segundos y rezar para que no te des cuenta de que mi corazón solo despierta si te acercas demasiado.
Las ilusiones duelen, cierto.
Duele encontrar en cada gesto un amor que mi parte racional niega, y duele sentir que estás cerca y saber que en realidad estás tan lejos que ni siquiera Superman podría saltar el vacío que hay entre nosotros.

lunes, 3 de octubre de 2016

Pride, Fury and Hatred

Su corazón se rompía por enésima vez, convirtiéndose en añicos entre sus dedos, escapándose y cayendo en dirección al suelo.
¿De qué le servían las apariencias cuando estaba solo en la oscuridad?
Solo otra vez... No podía evitar pensar así. El silencio atronador destrozaba sus tímpanos, mientras realidad y recuerdo se fundían, mostrándole los rostros de su presente riéndose con malicia y señalándole con el dedo.
Quiso decir que lo sentía, que sentía existir, respirar, que sentía ser como era, pero las lágrimas ahogaban sus palabras antes de llegar a su garganta.
No pudo evitarlo, estaba triste. No importaba, se le pasaría, porque siempre se le pasaba. En cuanto un rayo de sol se colase por las rendijas de la ventana, delatando su existencia, recuperaría la sonrisa y su corazón se reconstruiría, dispuesto a caerse cuando los ojos durmiesen, pero quedaba una larga noche por delante y las lágrimas que no conseguían surgir le asfixiaban.
Se tapó la cara con las manos. Dios, qué asco daba, autocompadeciéndose de aquella forma.
Por primera vez, Furia, Orgullo y Odio tomaban el relevo, y arrastraban en su implacable movimiento todo sentimiento que encontraban.
Una única lágrima salió de sus ojos, una sola, cargada de recuerdos que nunca quiso tener, y las puertas de su corazón se cerraron con un lastimero crujido.
No era lo suficientemente fuerte para afrontar el mundo, pero eso solo lo sabrían las paredes de su maltrecho órgano, detenido súbita y definitivamente.
Por ahora aún era una apariencia, una imagen. Era una ilusión. Pero aquello cambiaría.
Si era débil, se volvería fuerte, y aplastaría todo lo que tratase de impedírselo.
Con el tiempo, tras reforzarlo todo a fondo, volvió a abrir las puertas de su corazón. Muchas cosas entraron, tratando de destrozarlo todo a su paso, encontrando que ahora era demasiado fuerte. También entró, sigiloso y mortal, el amor y, con fingida cortesía y falsa sonrisa, le invitó a acomodarse en lo más profundo, en la cama de clavos. Si pretendía quedarse, no iba a ser él quien sufriera su presencia.
Los sentimientos desistieron, agotados, y quedaron esparcidos por el suelo. No podían hacerle daño. Antes sí, pero cubría los daños con su máscara de hielo. Ahora sus ataques resbalaban sobre la superficie marmórea de su corazón sin arañarlo.
Furia, Odio y Orgullo le acompañaron en su paseo triunfal entre los pobres sentimientos muertos que habían quedado desperdigados por todas partes, riéndose con él.
Ya no estaba solo: Soledad había huido la primera.



'-Tú la quieres. ¿Por qué te callas?
-Por miedo. Sabes lo que me duele tenerla como amiga; ¿te imaginas cómo sería no tenerla siquiera?'

'-Digamos que me importas, que te quiero. ¿Qué importa eso? ¿Cambia algo? 
¿Vas a corresponderme tú por ello? No, ¿verdad? Entonces, ¿de qué me sirve decírtelo?
 Y no vale responder que para romperme un poco más el corazón, porque eso es evidente'

Adicted

Me enganché a tus sonrisas, a tus palabras amables, a que me dijeses gracias, a tus saludos.
Me hice yonki de ti, de ese amor que encontraba en cada gesto, de esos segundos en los que el tiempo se paraba y el ruido hacía la concesión de desaparecer.
He sido, soy y seré adicto a tus miradas, a la eternidad de tus promesas, al dulzor de tus caricias, al calor de tus abrazos, a tus mil y un cambios de ánimo y a esa risa tuya que es simplemente inolvidable, adicto a tus mudas palabras que dicen tanto, a tus puntos infantiles y a los que no lo son tanto.
No creo que haya una terapia para curarme de esto, y no precisamente por falta de enfermos, sino por falta de cura y de ganas de curarse.
Y, ¿sabes qué? Que a estas alturas me da igual cuantas veces me repitan que no eres más que el producto de mezclar mis sueños e ilusiones con una cuarta parte de tu yo real, porque es algo irreversible.
Así que recuerda que, el día que te vayas, tienes que dejarle un hueco a mi corazón en la maleta. Y que, rotas en pedazos, es más fácil encajar las cosas en espacios pequeños.




'-¿Sigues pensando que te quiere?
-Nunca lo he hecho, siempre he pensado que no es así; pero el corazón tiende a ganarle a la lógica cada vez que hechan un pulso'

domingo, 2 de octubre de 2016

Ella y el mar

El tiempo se detiene, deja de desmigajarse en horas, minutos y segundos perdidos, y solo queda el espacio, una entidad inabarcable y absoluta que todo lo llena. Ya no existen el ahora, el ayer o el mañana, pues todo se funde en una vorágine anárquica donde la barrera del tiempo se resquebraja.
Fue aquí donde la conocí, bella y radiante, como una diosa escapada de las tinieblas insondables de la noche, una muñeca de porcelana inmaculada abandonada en la playa. En la arena se difuminaban sus pasos, las huellas de unos pies desnudos lamidas por el oleaje cadencioso de aquella noche de otoño, mientras ella seguía avanzando, hundiendo en el mar los volantes de su vestido tornasolado. Sus ojos, apenas delineados por el plomizo resplandor que se desprendía de una luna que se sugería fantasmal tras las nubes, eran dos enormes esmeraldas: hermosos, cristalinos, inolvidables... pero fríos y apagados.
Tan dolorosamente hermosos, y al mismo tiempo tan muertos...
Ella seguía caminando, sumergiéndose cada vez más, y el agua ya acariciaba su cintura. Temblaba, puede que de miedo, o de frío, o un poco de ambas, pero no se dejaba detener por un mar que luchaba por empujarla fuera de sí, como queriendo salvarla de sus oscuridades abismales.
No sé por qué tardé tanto en reaccionar.
Tal vez fuera el cansancio acumulado, o ese aire de irrealidad que lo inundaba todo haciéndolo parecer volátil e ilusorio; o quizás fuera esa tristeza tan honda, tan transcendente que se desbordaba de cada uno de sus gestos.
Aquella melancolía... Dudo que jamás alcance a describirla en su totalidad.
Era una tristeza que se componía de muchas tristezas más pequeñas, imbuida de resignación, de nostalgia, de pesimismo, una tristeza que se deshacía en oleadas. Una tristeza que te mordía el corazón y te arañaba el alma, que era inmensa y, sin embargo, cabía en un cuerpo tan pequeño y frágil como el de aquella muñequita inocente. Era una tristeza silenciosa, de las que te horadan por dentro con sigilo dejando el exterior intacto, que se alimentan de palabras calladas y lágrimas contenidas y te consumen a dentelladas.
Aquella tristeza que desprendía por cada poro de su blanca piel, en definitiva, tenía tantos matices que quizá sea más oportuno decir simplemente que era tan tangible como una puñalada de terciopelo, letal y acariciadora, un dolor volátil y agridulce capaz de destilar la más pura melancolía del cuerpo inanimado de la roca más dura, y dejar que cada cual imagine, arranque de esta descripción sombría, indigna e incompleta, sus propias deducciones. Baste decir que aquella melancolía me quitó el aliento y me detuvo el corazón, y que me ató manos y pies, y que por eso me resultó tan difícil empezar a correr.
Correr...
Recuerdo con tanta nitidez aquella carrera trepidante, aquella lucha entre mi corazón, la arena húmeda que devoraba mis pasos y la noche crepitante, aquella contrarreloj por arrancarla de las garras de la muerte, que 
casi parecían arrullarla con su mudo batir de olas... que aún se me acelera el pulso solo de pensarlo.
Fue como un estallido, una explosión, un “Sálvala” imperativo.
Corrí contra las olas, contra el viento, contra el mundo mismo para salvar a aquella muñeca de porcelana que se hundía, y cuando llegué a su lado y volvió hacia mí sus ojos su tristeza me golpeó con más intensidad si cabe. Pero debajo, oculta por aquel velo fluido de melancólica indiferencia, estaba la sorpresa, reflejada en sus labios carnosos abiertos en una mueca de extrañeza.
No renegó de mi abrazo, ni se negó a dejarse arrastrar hacia la orilla. Dócil, obediente como un cachorrillo indefenso, dejó que la sacase del mar y la posase sobre una roca sin emitir más ruido que el dulce compás de sus respiraciones, y entonces, mientras yo resollaba en busca del aliento perdido, se quedó mirándome con aquella sorpresa extrañada, casi contrariada de que alguien hubiera acudido en su rescate.
Sentada sobre la piedra, con el vestido ajustado a su cuerpo por el agua y sus rasgos tenuemente trazados por el resplandor neblinoso de la luna, parecía una auténtica ilusión, una quimera fantasmal evocada por mi imaginación. Fue entonces cuando deseé besarla por primera vez, y ella, como si leyera mis pensamientos, dibujó una sonrisa entre divertida y maliciosa, y sacó de la nada una mirada tan pacífica que terminó de atraparme.
No dijo una sola palabra, pero su cuerpo entero hablaba por ella, advirtiéndome de que, si bien en aquel momento la tenía, perderla era tan fácil como lo había sido ganarla.
Aquella noche la llevé a mi casa. Compartimos mi cama sin decir una sola palabra, sin dormir, solo mirándonos a los ojos. Yo me resistía a caer rendido por miedo a que se desvaneciera entre mis brazos, y ella... Ella parecía evaluarme, analizando si era merecedor de sus atenciones.
Y durante meses la tuve, siempre a mi lado. La llevé a la ópera, al teatro, a dar largos paseos junto a aquel mar que había amenazado con llevársela, a pasear por el parque... Busqué para ella mil razones para no querer separarse de mí. Primero con miedo, con ese temor reverencial a perderla a cualquier instante, tan fuerte que con solo sentirla desaparecida un instante mis ojos corrían a buscarla; y luego con una serenidad alegre, un placer calmado de saberla a mi lado como una extensión más de mi cuerpo.

jueves, 29 de septiembre de 2016

Corazón con airbags (que solo se activan si es por ti)

Querría ser tú por un momento, para así entenderte.
Ver si realmente no te has fijado en el corazón hambriento de ti que dejé entre tus manos, comprobar si es verdad que tu corazón tiene un hueco para mí, aunque sea reducido y sin derechos de ampliación).
Sí, me encantaría ser tú por un día y ver todo como tú lo haces.
Pero nunca dejaría que tú fueses yo.
¿Qué idiota querría eso para sí?
Una hora con mi corazón, cosido a balazos a quemarropa, y el dolor te quemaría.
Y, quiera que no, he aceptado que en esta relación imaginaria, el daño es mejor que se lo lleve solo uno de los dos.
Y el que tiene práctica en recibir los golpes para cuidar de otro, , sigo siendo yo.




'-Es como un tic-tac lejano y muy acelerado. ¿No lo oyes?
-Claro que sí. Es mi corazón diciendo que te quiere en morse'




lunes, 26 de septiembre de 2016

Noches de hablar con uno mismo

Pienso que me explico mucho mejor escribiendo que hablando , es lo único que se hacer en la vida
y si, escribiendo soy muy romántico aunque la fachada que se ve es la de pasota obsoluto de todo
Soy muy romantico y muy enamoradizo.
Les he dicho un montón de veces a mis amigos, "He conocido a mi chica perfecta" y lo voy a seguir diciendo, porque solo concibo enamorarme de esa manera, osea no concibo enamorarme de otra forma que no sea dándolo todo
Dándolo todo significa dando tu futuro también , diciendo ; Yo voy a construir un futuro con esta persona , ¿me saldrá mal?, bueno puede ser.
¿Y que pasa después de que te haya pasado eso con un par de personas?.
Que no aprendo, pero es que la prudencia no me va a vacunar tampoco,¿o es que la prudencia vacuna contra el fracaso emocional?
Yo no le tengo miedo al compromiso , es más deseo el compromiso.
Con los años vas descubriendo que enamorarse es un auto-engaño también, tu le pones a la otra persona cualidades, la dibujas, la acabas de completar con cosas que piensas que tiene.
Y ese auto-engaño es el que cada vez te crees menos de ti mismo, aunque la otra persona siempre siga siendo la misma.
Pero eso no quiere decir que cada vez me vaya a enamorar un poco menos, me enamoro mas conscientemente de que hay una parte de ella que la estoy dibujando yo.
She's amazing.She's perfect.She's beautiful.Most of all she's mine.i love you. (Not mine)

sábado, 24 de septiembre de 2016

Angst

Tengo miedo.
Miedo a quererte, a no quererte, a que me importes y a que me seas indiferente. Me da miedo que sepas sacar lo mejor y lo peor de mí, que seas capaz de llevarme de las nubes al infierno y viceversa en cuestión de instantes, que me aceleres el corazón y me lo pares con una sola palabra, una mirada o una sonrisa.
Me produce pánico que me quites la respiración sin intentarlo, y que tengas control sobre todas y cada una de mis emociones sin ser siquiera consciente. Me preocupa que mi día sea blanco o negro dependiendo de ti y no del imparcial sol.
Me da rabia sentirme débil, dependiente, y que tú me veas tan débil. Me molesta tenerte al lado y no ser capaz de extender la mano para sentirte, me deprime ver que te alejas y no saber cómo evitarlo.
Odio que me hagas sentirme especial con una sola mirada, y que me amargues cuando no puedo hacer nada para cambiar tu humor, que seas capaz de destruirme y reconstruirme desde cero cada mañana con solo verte.
Pero, en el fondo, disfruto montando en esta montaña rusa que es quererte.

viernes, 23 de septiembre de 2016

Ojalá pudieras verte desde mis ojos

Cause i´m telling you you´r all I need
I promise you you´r all I see
Cause i´m telling you you´r all I need
I promise you you´r all I see
I´ll never leave
So you can drag me through hell
If it meant I could hold your hand.
El mejor tipo de amor
es aquel que despierta el alma 
y nos hace esperar a mas...

Nos enciende el corazón 
y nos trae paz a la mente

Eso es lo que tu me has dado y lo que yo esperaba darte siempre....

jueves, 22 de septiembre de 2016

Sugar

Claro que mentir no va a arreglar nada, es algo que sé perfectamente.
Sé que, por mucho que imagine mil situaciones en las que tú y yo somos felices, no se van a cumplir; sé que, aunque trate de pensar la forma perfecta de decir "te quiero", no la encontraré; y sé que el destino no se va a meter en mi camino para solucionarlo todo.
No por mucho engañarme las cosas van a ser más reales, ni mucho menos. Aunque me mienta, aunque hasta cierto punto me crea mis invenciones, no voy a conseguir cambiar mi vida.
No, si me engaño, si me repito esos cientos de cuentos de hadas cada noche cambiando "la princesa" por tu nombre y "el príncipe" por el mío, es porque no encuentro otra forma de sobrevivir.
Porque, sin buscar cariño en tus miradas, este mundo sería insufrible y probablemente no habría un barranco lo suficientemente alto como para tirarme de él.
Me ha tocado una vida amarga condimentada con lágrimas que cuando empezó ya estaba más que caducada.
Y, a falta de amor azúcar, mentiras sacarina


'-¿Tú realmente eres feliz así? Con tu corazón de hielo bien guardado y callado... ¿Se puede vivir feliz así?
-¿Feliz? ¿Vivir? Me parece que te equivocas de términos o de persona'

Sonríe. Eres especial

Es curioso cómo ha evolucionado con el tiempo.
Ha sido capaz de endurecerse, de volverse frío. Ha sido capaz de dejar de querer, de no llorar y de no sonreír.
Se ha vuelto, a todos los efectos, indestructible, con el corazón pétreo y helado.
Y, sin embargo, aunque su corazón esta completamente congelado, conserva trazos de humanidad.
Sigo, por ejemplo, viéndole despertarse pronto para observar el amanecer y luego volverse a la cama, y abrir la ventana solamente para dar una profunda bocanada de aire. Sigue saliendo bajo la lluvia sin paraguas, y deja que el agua recorra su cuerpo, y sigue escribiendo "Sonríe. Eres especial" allá por donde pasa.
La gente no le entiende cuándo lo hace, creen que es raro y que no tiene sentido.
Yo, sin embargo, creo que quizá piensa que si alguien se lo hubiese dicho en su día, no tendría el corazón blindado. O simplemente tiene tan abandonado su cuerpo que ni siquiera es consciente de lo que hace.



'-Nunca, y digo nunca, confíes en nadie. Solo sonríe y pasa de largo todo lo rápido que puedas.
-¿Por qué?
-Porque si te retrasas, es posible que veas lo bonito que es vivir relajado y me abandones...'

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Razón y corazón

El final está cerca, ¿o acaso no lo sientes?
La realidad se desquebraja (¿o es mi vida un sueño y por tanto lo roto es ilusión?), las manecillas del reloj se doblan, la brújula pierde el norte.
Tu barco se aproxima al mío, y esta parece ser la batalla última.
Sentimientos contra razón.
De pasión cargadas, vuelan balas por doquier, buscando destrozar el casco de mi barco.
Al tiempo, surcan el estático aire flechas ardientes con pretensión a ser infiernos contenidos.
Uno de los dos va a caer, ¿no lo hueles en el aire?
Corazón contra cerebro.
En tierra, las apuestas se ponen del lado del enorme transatlántico de la inteligencia.
Desmesurada batalla la que en este mar se libra. Nadie puede quedar vivo, y o bien el dolor se va, o el amor planta sus anclas y echa raíces hasta contaminar del todo este pequeño corazón de apariencia indestructible.
La armada invencible, la razón conquistadora, gana de nuevo esta batalla. Pero esta vez los daños se extienden a tierra.
La guerra ha terminado. Los sentimientos han muerto. Y el corazón de hielo ha detenido sus latidos para siempre.



'-Por ti, conquistaría el mundo, lo envolvería en papel de regalo y te lo daría en bandeja.
-¿Y para qué quiero yo millones de personas si me basta con tenerte cerca?'

Detalles

Quizá debiera sentirme frustrado, enfadado, o simplemente estar ya cansado de hacer todo lo posible para que me quieras tener cerca. Pero no lo estoy.
A fin de cuentas, fui yo el que eligió la modalidad de amor no correspondido...

viernes, 16 de septiembre de 2016

Escribo casi todos los días sobre ti, pero ya no subo nada porque dudo que mires mi blog, asi que me las guardare hasta que las quieras o me las pidas.

viernes, 9 de septiembre de 2016

Había encontrado en ella mi paraíso para escapar de todo
Para no sentirme mal conmigo mismo 
Para ser "feliz", aunque fuera por un par de horas.








Pain in our hearts

Doloroso sentimiento, el de saber que has perdido algo y no saber el qué.
Es una tristeza honda, una destrucción acelerada de un futuro siempre incierto, una duda que renace y se desvanece como un destello inalcanzable.
El cadáver de la ilusión perdida en el suelo.
Todos los ojos en ella; todos con tristeza superficial y falsedad en el trasfondo.
Y nadie sabe por qué ilusión fingen querer llorar, solo saben que la falsa tristeza es indispensable.
Algo ha terminado, las puertas se han cerrado y el viento se ha llevado las llaves lejos; una vida ha terminado sin llegar a ser sesgada, un castillo de mentiras se ha caído y un corazón se ha llenado de dolor, y aunque no saben bien por qué, la sensación de que algo ha cambiado flota en el ambiente.
Nadie dice nada, y el más afilado silencio, más incluso que una espada, rompe frío la realidad, y arrastra en su quieto torbellino las últimas palabras de papel que fueran tiempo atrás, pues ahora yace descompuesta, ilusión.
Sensación de derrota en el ambiente, derrota que sabe a corazón de escarcha derretido y huele a herida nunca cicatrizada.
Algo se ha perdido, y hasta el tiempo acompaña al momento, estirándose hasta parecer que se rompe. La fría lluvia detenida en el espacio niega su caída.
Doloroso sentimiento, saber que la última energía de tu cuerpo se ha consumido en traicionar tu paraíso.

miércoles, 7 de septiembre de 2016

La costurera

¡Oh, pequeño...! Ven aquí, deja que te vea.
Acércate, no tengas miedo. Solo es una vela, un poco de luz para verte, y prometo no contarle a nadie lo que encuentre. Si lo hiciese, ¿de qué viviría esta pobre vieja?
Shhh, no digas nada. Con este corazón no sé ni como puedes caminar. ¿Qué le han hecho a mi pequeño? ¡Qué roto está, y qué afilados son los bordes! Es un trabajo difícil, sin duda. Esto no es una ruptura, ni un desamor cualquiera... ¿Murió, querido? Veo que lloras. No, no tengas miedo, no lo escondas. Una vieja como yo ha visto llorar a muchos hombres y te puede decir que no es un signo de debilidad.
¡Ay!, qué amargas y frías son tus lágrimas, pequeño. ¿Cuánto tiempo has estado guardándolas? Parecen lágrimas de toda una vida...
Puedo ayudarte. Me alegro, porque te juro que me duele rechazar a aquellos a los que no puedo ayudar. Ya sabes, a esos que se destruyen el corazón ellos solos. A esos nadie puede ayudarlos, y cuando se lo tengo que decir... No hablemos más de eso, ¿vale? A ti si puedo ayudarte. Pero antes debes conocer el precio, claro; a lo mejor no estás dispuesto a pagarlo.
¡No digas tonterías!, yo no robo almas, eso son solo rumores. No podría quedármelas aunque quisiera, son demasiado frágiles y etéreas. ¿Dónde las guardaría? ¿Y de qué me servirían?
Pero me sorprendes, pequeño. Pensabas que te quitaría el alma y, aun así, has venido hasta aquí. Bueno, chico, pues te confieso que soy cara, pero no tanto. Vendo mis dedos por mucho menos de lo que valen en realidad. Para un trabajo como el tuyo necesitaría... No sé, ¿qué te parece algo de amor?
¡Claro que no! Una caricia, un beso, una noche de placer no son amor. Verás, cuando te recomponga el corazón, antes de poner la última pieza, cogeré un poco de amor, apenas un puñado, y me lo quedaré. Te prometo que no será nada, ni siquiera te darás cuenta. Si te vuelves a enamorar será un poco... menos poderoso, pero nada más. Solo será un poquito, te lo prometo. Y además, los corazones pierden sentimientos sin querer con el paso de los años, no puede arreglarse. Por eso el primer amor -el de verdad, no esos caprichos de juventud- es el más fuerte, el que nunca se olvida, y los demás ya no valen tanto.
Entonces, ¿trato hecho?
Me alegro. Siéntate, aquí, cerca de la vela. Madre santa, qué estropicio. Ahora que lo veo bien... Has estado tocándotelo, ¿no es cierto? Intentaste arreglarlo. ¡Qué temeridad! Semejantes destrozos son difíciles hasta para mí, una anciana de dedos ágiles que se gana la vida con esto. En fin, da igual, me he comprometido a ayudarte. ¡No! No mires. Es un proceso muy feo, empeora mucho antes de arreglarse. Mastica un poco de sueño si ves que duele, pero ten cuidado con la cantidad: si te pasas puede que nunca despiertes.
Y, dime, ¿cómo era ella? Seguro que era hermosa, la más hermosa de todas. Con el pelo largo, fino y sedoso, labios carnosos, una naricita muy graciosa y unos ojos brillantes. ¿Que si soy adivina? No te ofendas, chico, pero todos los enamorados sois iguales, y ya llevo muchos años en este negocio como para no reconocer el perfil. Pero pareces muy joven, ¿estabais casados o...? ¿No? Ya veo. Está bien, yo ya no tengo reparos con esas cosas. Un papel firmado y sellado no significa nada, yo sé cuánto se quiere a alguien por el estado del corazón cuando me lo traen, y es obvio que la querías mucho. Pobrecito, tan joven y tan solo. Conozco a alguien, una chica que me llegó con el corazón tan roto como el tuyo. Quizá podría hablar con el Destino y hacer que os encontraseis.
No digas que no tan pronto, hijo mío. Dentro de un par de días tus heridas habrán cerrado y querrás enamorarte de nuevo, y te aseguro que ella te encantaría.
Claro, si no quieres no lo haré, no te preocupes. Solo te ofrecía un regalo, una compensación. El Destino ha sido cruel contigo, pero veo que tampoco quieres favores. Puede que al final sí seas de los que se destruyen el corazón...
Ya casi hemos terminado, así que suelta ese sueño, que ya has tomado muchos. Si sigo siendo tan generosa con todos los que venís esto va a dejar de serme rentable, pequeño.
Bien, última pieza. Ahora voy a coger el amor. No te preocupes, te prometo que no sentirás nada, en serio. Bien, veamos... ¡Aquí está! Pásame ese frasco de allí, ¡rápido!
Gracias. Vaya, es un amor muy bonito, ¿sabes? Puro, cálido y muy brillante. De los mejores que he visto nunca, chico. Podrías poner una tienda, tus sentimientos son de calidad y estoy segura de que te pagarían bien por ellos.
Sí, vale, ya termino. Solo intentaba ayudarte, no te ofendas tanto. Vamos a coser este último trozo, con mucho cuidado. Una punzadita más y esto estará terminado... ¡Listo! Observa el resultado. ¿No te parece precioso? Como nuevo. He tenido cuidado para que las cicatrices sean muy finas cuando cierren las heridas, nadie notará la diferencia.
Pero no te quedes ahí plantado, bobo. Pruébalo. Deja que esta pobre vieja vea esa preciosa máquina tuya de nuevo en funcionamiento. ¿Ves? Ni un punto se ha saltado, está perfecto. Cada pieza en su lugar, y bien cosida, sin agujeros ni fugas. Uno de mis mejores trabajos.
Y ahora, pequeño, vuelve por donde has venido. Si te quedas mucho tiempo aquí con ese corazón tan bonito alguien querrá robártelo.

martes, 30 de agosto de 2016

S

Soy tonto.
Lo reconozco, pero no lo acepto.
Soy tonto porque soy incapaz de decirte a mi corazón que se calle cuando me dices "hola".
Soy tonto porque soy incapaz de decirte que me gustas.
Soy tonto por no saber vivir sin recibir al menos una mirada tuya.
Soy tonto por no saber ser feliz sin tus palabras indiscretas.
Soy tonto, tonto, tonto de remate.
Pero tú también lo eres.
O al menos de eso intento convencerme.
Porque para mí es tan evidente que te quiero que me parece antinatural que no te des cuenta.
¿O es que no quieres darte cuenta?
Quizás prefieres seguir pensando que yo estoy bien sin ti.
O quizás simplemente prefieres callarte para no confirmar nada.
O quizás...
Hay tantos "quizas" que no podría contarlos.
Pero, ¿qué quieres que te diga?
Por hoy, por lo menos por hoy, seguiré guardando este secreto a gritos.
El único secreto que no me veo capaz de confesarte.

Y jugar con mi vida...

Hasta cansarme del juego...

domingo, 28 de agosto de 2016

Recostado en su sillón de terciopelo, copa de vino en mano, observaba a través de la ventana. A lo lejos, la montaña cubierta de verde y blanco; más cerca, el lago teñido de plata por el reflejo de la Luna.

¿Cuánto llevaba sentado en aquel sillón? ¿Horas? ¿Días? ¿Semanas?
No le importaba.
La copa derramaba lentamente su contenido sobre la moqueta roja.
Tampoco le importaba.
La había visto salir de la mansión con lágrimas en los ojos desde aquel mismo sillón, y no dudaba de que la esperaría, aunque sabía que ella nunca volvería.
No tenía nada mejor que hacer.
En la oscuridad insondable únicamente se oía el silencio, jamás roto desde que ella se fuera.

¿Cuánto llevaba sentado en aquel sillón? ¿Meses? ¿Años? ¿Milenios?
No le importaba.
La copa derramaba lentamente un líquido negro y espeso.
Su sangre.
Tampoco le importaba...

Silence

Silencio de nuevo, pero ya está acostumbrado.
Ese silencio es su única compañía desde hace tiempo, y se deja acariciar por las notas invisibles de su melodía inaudible, sintiéndose seguro.
Las palabras, como bien ha comprobado, hacen daño, y por eso prefiere la fría hipotermia del silencio que la ardiente pira del ruido. Porque son bellas y afiladas, calmantes e hirientes, dulces a la par que agrias; pero al final, en su memoria solo quedan los recuerdos de aquellas que consiguieron atravesarle el corazón con su ofensiva dureza. Y resulta que tiene el corazón plagado de cicatrices.
Mentiría si dijese que está orgulloso de ellas. Preferiría tener un corazón en perfectas condiciones, ajeno al paso del tiempo, inalterable. Querría uno de metal, pero no de oro o plata, demasiado maleables; querría uno de titanio, o de acero inoxidable, algo que el mundo no pudiese destrozar con su giro incesante.
Y vuelve a suspirar, dejándose engañar un instante por la paz de su aislada existencia, lejos de su cuerpo doliente y medio muerto. Se permite dejar de sentir ese pedazo de huesos y carne como suyos, y se aleja flotando de él, más libre de lo que nadie podría sentirse jamás.
Pero la libertad dura poco, menos que la de nadie, y poco a poco recupera el dolor, y las cicatrices, y ese estúpido cuerpo imperfecto esculpido por el azar.
Vuelve a abrir los ojos para ver el mundo real a pie de tierra. Preparado para sentir en la lejanía al resto del mundo, silencioso a la distancia adecuada, frío, acerado. Un lugar que no está hecho para corazones de blando tejido muscular.
Volverá a irse, y volverá a volver, y el dolor permanecerá a su lado cuando su libertad expire de nuevo.
Pero, poco a poco, su cuerpo estará cada vez más distante de su propia consciencia, hasta que un día se rompa el reloj que cronometra sus instantes de paz.
Y el médico dará una fecha de defunción que dista varios años de ser correcta.

Máscaras y Mentiras

Tengo secretos.
Qué tontería, ¿no? Todo el mundo tiene secretos, pequeñas cosas que preferimos que no se sepan: sentimientos rotos, noches borrosas en camas ajenas, pecados recubiertos de placer...
Pero no es eso a lo que me refiero.
Esos secretos te pueden quitar el sueño, pero los míos te quitan la vida.
Te asfixian. Te incendian. Te devoran.
Quizás sería más acertado decir que ellos son los que me tienen a mí, y no al revés.
Y supongo que tiene su gracia, que ni siquiera pueda recordar en qué momento empezaron a ser más fuertes que yo. ¿Cuándo se complicó tanto esta farsa? Hay tantas mentiras que mantener en pie, y es tan grande el personaje del que me he disfrazado...
Siento que ya no soy yo mismo; que, incluso a solas, sigo siendo esa persona, ese actor que mira sin mirar desde el otro lado del espejo, que se deja la piel por ser lo que los demás quieren que sea. Y es curioso, porque ni siquiera así deja de sentirse solo, y triste, y abandonado. Traicionado, pero esta vez por sí mismo. Por mí.
A veces no soy capaz de sostenerle la mirada.
A veces, duele demasiado.
Quiero dejar de sentirme así. Quiero salir de este enorme bosque lleno de sombras en el que me he metido, en el que estoy perdido desde hace tanto tiempo. Pero no puedo, no sé hacerlo solo.
¿Y confiar? Confiar no es una opción. Entre las penumbras de este infierno de madera es imposible distinguir a los lobos de los hombres. Hay demasiadas fieras disfrazadas de personas.
Solo quería un final feliz, ¿sabes? Cuando empecé con todo esto, digo.
Las mentiras eran una forma de mantener mi mundo en pie hasta alcanzarlo, un escudo contra la aplastante realidad. Solo eran una herramienta, hasta que se empeñaron en ser en algo más.
Ahora... Ahora lo son todo. Los secretos se multiplican, y la única de mantenerlos ocultos y que no me destruyan es seguir mintiendo.
Seguir enredándome en esta telaraña.
Últimamente he empezado a desear que algo pase, que alguien me descubra. Bastaría un error, una mentira mal colocada, y todo este laberinto se caería sobre sí mismo. Puede que así me liberase por fin; puede que así me destruyese de una vez. En el fondo creo que ya me da igual.
Pero soy demasiado buen mentiroso; si no, ¿cómo habría llegado hasta aquí? Mis gestos, mi voz, mis palabras... Están medidas al milímetro, cortadas con la precisión de quien sabe bien cómo improvisar un parche para arreglar una realidad desagradable.
Debo aceptar que nadie va a liberarme, que pasaré el resto de mi existencia encerrado en la prisión en la que se ha convertido mi cuerpo, que nunca encontraré la salida de esta arboleda desordenada. Que nadie sabrá jamás cuántas noches me he enfrentado desnudo y desarmado a la soledad, y al frío, y al miedo.
Porque, a ti no tengo que mentirte, siento un miedo atroz que se me atraganta, y ni siquiera puedo compartirlo porque el personaje que interpreto nunca siente pánico.
Irónico, teniendo en cuenta que todo esto es consecuencia de haber sido un cobarde.
Me estoy hundiendo. Me hundo día a día, segundo a segundo, y me temo que no tengo remedio.

miércoles, 24 de agosto de 2016

Consejos

Alguien me dijo que no me hiciera ilusiones.
No me acuerdo de quién, pero debo decirle "hij@ de puta".
Porque precisamente por no hacerme ilusiones es por lo que nunca fui capaz de abrirme del todo a ti. Porque, por su culpa, cada vez que me emocionaba "demasiado" por estar contigo me acordaba de sus palabras y me encargaba de demolerlas por completo.
¿Y quién le dio permiso para meterse en mi vida? ¿Y si yo prefería hacerme ilusiones y que me las rompieran?
Cualquier dolor que me hubiese tragado sería mucho más soportable que quedarme con estas dudas dentro.
Porque las heridas cicatrizan y se olvidan, pero estas dudas se enquistan y nunca se borran.

miércoles, 17 de agosto de 2016

Suicidio a largo plazo

La tristeza se asienta en cada una de las células de su cuerpo, y no parece tener ganas de irse.
Corre por las calles, buscando algún lugar donde esconderse del dolor sin darse cuenta de que este viaja con él, escondido en su sombra.
No puede evitar pensar que no hace nada bien, que nada le sale a derechas... Y sus pies cogen un giro inesperado en un cruce cualquiera, tratando de huir de esos pensamientos que le rompen el alma.
Mete las manos en los bolsillos y se moja las manos de lágrimas. ¿Cuándo las guardó ahí?
Y, de pronto, se ve de nuevo en el lugar donde comenzó todo, en lo alto del oscuro y afilado precipicio.
Vuelve a dudar, como tantas veces ha hecho. ¿Tirarse y terminar con todo o seguir huyendo de su pasado?
Finalmente, y como hace siempre, se sienta con las piernas colgando y saca un cigarro de la chaqueta, encendiéndolo con el calor de sus emociones incendiarias. Mira la ciudad con desprecio y suelta el humo, tratando de esconder sus luces brillantes bajo la capa de ceniza y dióxido de carbono.
El dolor y la tristeza se asoman detrás de él, pero no terminan de acercarse. Le observan con lástima, preguntándose la razón de su propia existencia, y ni siquiera la misma soledad se atreve a estar a su lado.
Poco a poco, al ritmo que su cigarro se consume y el humo se pierde en el aire de la noche, se deja sorprender por un momento de dulce somnolencia, lejos del mundo, de su pasado, lejos de sí mismo.
Y, por solo un instante, se permite sonreír sin sentir el cadáver del amor presionando sus dientes.

Alone

Cuando tienes miedo, miedo de verdad, lo único que realmente quieres es que alguien te abrace. Que alguien te diga que no estás solo, y que esa oscuridad acabará yéndose.
Pero, desgraciadamente, no siempre puede ser así. A veces el dolor te consume en soledad, te quema lentamente y te destroza.
Y curiosamente, lloras solo cuando tienes a alguien que te abrace. Estando solo no lloras.
No, no lloras, porque si empiezas no puedes parar.
No es que la soledad te haga fuerte, solo te hace duro; te enseña a tragarte cualquier emoción, a soportar lo que te caiga encima. No te enseña a vivir, sino a sobrevivir.
Por eso... Por eso, no dejes que los demás se alejen sin intentar evitarlo. Porque una vez el proceso ha finalizado, una vez estás solo de verdad, es imposible recuperar ese calor en el estómago que sentías con solo un abrazo. Solo sientes un vacío enorme, un vacío antinatural que te define como un monstruo y del que escapa un viento gélido y cruel.
Y no importa con qué intentes llenarlo: conocimientos, mentiras, retazos de vidas que no te pertenecen... Es un vacío demasiado grande, tanto que acabas viviendo a su sombra, convertido en un espectro de lo que fuiste en su momento.
-¿Qué haces?
-Pensar-responde, dándole una calada a su cigarrillo.
-¿Y sobre qué piensas?
-Sobre nada en concreto. Sobre todo, supongo.
-Odio que vayas de filósofo moderno cuando tu vida es maravillosa, pero dame un cigarro y sigue hablando, que me gusta tu voz.
-Toma-contesta, pasándole la pitillera plateada y el encendedor-. Me preguntaba por qué, siendo tan diferentes tú y yo, me gusta tanto estar contigo.
-Porque soy encantadora, evidentemente-responde al tiempo que enciende su cigarro-. No, hablando en serio, es algo que yo tampoco me explico. ¿Has llegado a alguna conclusión?
-No, igual que siempre. En cuanto empiezo a pensar en ti se me va el santo al cielo y pierdo el hilo de mis pensamientos.
-Podrías haberte ahorrado todo este rollo y haberme dicho que me quieres. Pero así también me gusta cómo suena...
'-¿Acaso tú no tienes miedo?
-Joder, ¡pues claro! Pero te quiero demasiado como para dejar que eso me detenga'

lunes, 15 de agosto de 2016

Un millón de nadas

Hoy no soy yo.
No, no soy yo, porque hoy no soy nada ni nadie.
Hoy soy una sombra, una tormenta de tinta negra, el primer rayo de sol de un amanecer violeta. Soy un secreto susurrado a media voz, una mentira andante, soy el grito agónico de las hojas marrones arrastradas por el dios que vive en el viento. Soy una idea, un sueño, el reflejo de una vela moribunda en un espejo empañado. Soy el frío que trepa por tus piernas y te muerde la piel, y el viento que se enreda en tu pelo, y el esbozo de una ilusión. Soy las tres primeras notas de una canción de amor.
Curioso, ¿verdad? Que siendo nada, sea tantas cosas.
Parece incongruente, una incoherencia sin sentido de una mente delirante. Pero no lo es. La nada no es menos nada por no ser absoluta, y si hoy no soy nada es porque soy un millón de vacíos pequeñitos, ausencias en miniatura, que se juntan englobadas en una nada mayor y más profunda. Soy, pues, el silencio de las palabras no dichas, la silueta de una caricia nunca dada y el crujido lastimero de una casa abandonada que sabe que se muere, el último escalón que desaparece cuando lo posas, y también la vida que no llega a empezar. Soy todas las cosas que pudieron ser, pero no fueron. Lo innecesario, lo superfluo, lo prescindible.
No me gusta no ser nada. No, no me gusta, porque no ser nada es estar lleno de vacíos sin fondo, y los vacíos saben a lágrimas amargas, a soledad y a miedo, y a caricias apagadas, y a las miradas frías de unos ojos muertos, y al tic-tac de un reloj cansado. No ser nada es la cosa más agotadora y triste del mundo, porque nadie piensa en lo que no es salvo los poetas y los locos, que son gente triste. Y los poetas locos, que lo son más.
No, no me gusta no ser nada. No me gusta ser el espectro de esas palabras que no me atreví a decirte, ni esa lucha feroz de tus labios contra los míos que nunca llegó a suceder, ni los cadáveres de mil cartas de amor que jamás decidí escribir. No me gusta ser el nosotros que nunca fuimos. Y no me gusta porque duele, y duele mucho, como un millón de suspiros estallándome en el corazón.
Quiero volver a ser algo, aunque ese algo sea yo.
Pero hoy no me será concedido mi deseo.
Hoy seguiré siendo el resplandor de las estrellas que nunca lograron nacer, el amor que asfixié bajo la almohada y el monstruo que no vivía debajo de mi cama. Seguiré siendo un millón de vacíos pequeñitos absorbidos por un vacío mayor que es mi alma. Y lo seguiré siendo mucho tiempo, atrapado en este momento efímero con aspiraciones a ser eterno en cuya infinitud no deja de rebotar una pregunta apenas susurrada que me rompe los oídos y me quema el alma: ¿quién soy yo?

viernes, 12 de agosto de 2016

Storm

Necesito una tormenta.
Necesito que llueva, que llueva durante horas, y que el agua se lleve toda la suciedad que llena esta ciudad rebosante de las cenizas de tres millones de espectros que fingen ser personas cuando no son más que la sombra de un concepto frío y gris.
Necesito que el aire sople fuerte, muy fuerte, y que me levante por encima de este mundo gris y consumido abocado a pudrirse y convertirse en nada; un viento que arrastre consigo la melancolía de mis sonrisas y miradas y me llene los pulmones de algo que no sea gélido polvo de muerte.
Necesito relámpagos que iluminen este lugar desolado y triste, que despedacen los jirones de sombra adheridos al hormigón que juegan a volverse infinitos y llenarlo todo de miedo y soledad, y truenos furiosos llenos de fuerza que hagan temblar hasta los cristales de todas las ventanas y desmigajen los restos del silencio que se esconden en cada esquina.
Necesito, ¡dios!, necesito un cambio. Un estallido de vida, una explosión tan poderosa, tan grande, tan fuerte, que el mundo pueda parecer aunque solo sea por un instante algo más que un pozo de negrura que desborda vacíos imaginarios.
Y, al mismo tiempo que lo necesito, lo temo.
Lo temo porque, después de tanto tiempo viviendo entre sombras, ¿no es posible que me haya contagiado? ¿No es posible que a estas alturas yo también sea un monstruo de papel en blanco? Si así fuera, con la llegada de la luz, del fuego, de la vida, el mundo me devoraría, me arrancaría la piel, la carne, los huesos... hasta que de mí no quedase nada más que el eco lejano de un recuerdo impreciso.
Pero no puedo seguir así, ya no aguanto más.
Da igual si al final yo también me desvanezco, porque cualquier cosa es mejor que esta ficción opresiva que me desgarra el alma y me aprieta el corazón con sus afiladas garras de acero y diamante. Cualquier cosa es mejor que este restallar constante de la quietud indiferente al estrellarse contra las agujas de un reloj moribundo. Cualquier cosa es mejor que observar este cielo apagado mientras el tiempo se consume al ritmo que marca el humo al escapar de mis entrañas.
Este mundo de mentiras susurradas a media voz tiene que acabar de una vez, y ya no me importa si yo acabo con él, porque este sangrado constante que me llena la boca de óxido carmesí y arrastra mi consciencia por los cenagales de la antesala a la muerte ya no duele, ya no quema, ya no me hace sentir nada.
Siento el frío corriendo por mis venas, congelándome los músculos mientras la niebla que empieza a cubrir mis ojos convierte mis lágrimas en pequeños cristales afilados. Siento cómo la nada me inunda y me consume a toda prisa, cómo cada respiración amenaza con ser la última y la vida se me escapa con cada suspiro.
Me muero, me muero sin remedio. Muero por haber sido demasiado distinto, desangrándome en un callejón oscuro mientras la ciudad sigue viva, y lo único que necesito, lo único que realmente necesito, es una maldita tormenta que lleva todo el día amenazando con caer sin terminar de cumplir sus promesas.
¡Dios!, cuánto necesito esa tormenta...
Cierro los ojos, escucho el tintineo de las gotas de carmín contra el asfalto y trago aire una última vez.
Esta sí es la última, lo sé. Intento contener el aire en mis pulmones todo el tiempo que puedo, ignorar el dolor que me produce al morderme el corazón, estirar este último instante mientras la muerte termina de llevárseme.
Y entonces siento las gotas de lluvia golpeándome con su caricia acuosa, limpiándome la cara, arrastrando mi sangre por el suelo de este callejón infecto. Desde detrás de la niebla puedo ver el resplandor cegador de un relámpago y, justo cuando suelto mi último suspiro, siento el trueno intentando romperme los tímpanos.
Sonrío.
Y nada más.

Demasiado

No soy feliz. Ni siquiera sé si lo he sido alguna vez.
Supongo que es por mi culpa, por haberme callado tantas cosas que quería decir y haber dicho otras tantas que preferiría haber callado.
¿Cuántos “te quiero” me habré guardado para protegerme el corazón? ¿Cuántas veces habré convertido un “quédate conmigo” en un “adiós” en el último momento? Hace mucho tiempo que perdí la cuenta, y me da demasiado miedo enfrentarme a mi maltrecho corazón para contar sus cicatrices.
Porque estoy roto, muy roto, aunque me guste fingir que no lo sé.
Estoy roto de tanto sonreír cuando solo quiero gritar, de fingir que todo va bien cuando el mundo intenta aplastarme con su fuerza arrolladora, roto de recalentar en la chimenea sentimientos caducados para no morir de hambre.
Ahora mismo soy poco más que un puzle andante, un millón de pedacitos muy pequeños que no terminan de encajar y luchan por separarse mientras yo intento mantenerlos unidos. Porque sé que si me caigo, si me desmorono, no podré recomponerme de nuevo; si la vida me pone otra piedra en el camino, esa será la última.
Y, sin embargo, a veces me sorprendo pensando si no será mejor dejarlo ya, si no debería rendirme. Llevo mucho tiempo peleando solo con el universo, he renunciado uno a uno a todos los aliados que me quedaban; ¿no me merezco descansar? Quizá debería ponerle un punto y final a esta historia interminable.
Dios, cuánto desearía saber cómo terminar con todo...
Pero tampoco puedo hacerlo, porque no sé aceptar la derrota. No sé admitir que me equivoqué, que he perdido, que, intentando protegerme de que me partieran el corazón, me lo he acabado partiendo yo. No sé reconocer que si te hubiese dicho que te quería cuando tuve la oportunidad todo habría sido diferente.
Y duele, por supuesto que duele.
La soledad es una pésima compañera, letal y afilada, y nunca desaprovecha la oportunidad de apuñalarme con su mudez imperturbable que me recuerda que si tú no estás para ahuyentarla es por mi culpa.
Pero ya es tarde para arreglarlo.
No puedo volver atrás y recuperar ese momento, ese instante en el que tú me miraste a los ojos y me obligaste a elegir si te quería o no, y yo, demasiado cobarde para arriesgarme, decidí mentir y dejarte marchar, trazando el surco de la primera de muchas cicatrices.
Así que sigo adelante, siempre con la misma sonrisa de imitación y la mirada supuestamente alegre, respondiendo a preguntas prefabricadas con palabras que, de tanto repetirlas, ya no significan nada para mí.
Y cada día que pasa, siento que el mundo está un poco más lejos.