Empiezo a pensar que, si me quisieses, solo conseguirías ponerle otro clavo al ataúd del que intento escapar desde que te conozco.
Que no me quieras es fácil, dolorosamente fácil. No hay nada que hacer aparte de desear que los sentimientos se me caigan al suelo, muertos.
Bueno, eso, contener las lágrimas que acuden a mis ojos cada diez segundos y rezar para que no te des cuenta de que mi corazón solo despierta si te acercas demasiado.
Las ilusiones duelen, cierto.
Duele encontrar en cada gesto un amor que mi parte racional niega, y duele sentir que estás cerca y saber que en realidad estás tan lejos que ni siquiera Superman podría saltar el vacío que hay entre nosotros.
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