martes, 31 de diciembre de 2013

Año Nuevo

Vamos a empezar un nuevo año y me gustaría cambiar algunas cosas de mi vida y de mi mismo

No puedo proponerme no tener problemas este año porque siempre hay problemas, 
solo quiero tener la sabiduría para poder afrontarlos correctamente.
Quiero encauzar mi vida y dejarme de sueños imposibles.
Quiero dejar el amor a un lado ya que no me ha dado lo que yo esperaba de el.
Quiero centrarme en mis cosas y dejar de pensar en los demás
Quiero ser egoísta
Quiero hacer cosas para mi y dejar de pensar un poco en los demás
Quiero una nueva vida contigo o sin ti. 
Quiero dejarme de centrarme en chorradas.
Quiero estudiar.
Quiero que la gente este orgullosa de mi en un futuro.

Pienso cambiar todo en mi vida y todo empieza aquí, sera un camino solitario pero es por elección propia.



A ti

Y esto es lo que te has perdido, por tener las cosas tan claras antes de tiempo.

Tu corazon atercipelado llamo mi atención gracias a una melodia caramelizada, emanante de una puerta que se abría a placer, mientras que yo, ilusionado como un niño, esperaba a que se abriera.
Cada movimiento del reloj se reflejaba en el aumento de las ganas de volver a escuchar tu canto de sirena, pues, infinitos mantos de estrellas no supieron consolar el déficit que me producía tu ausencia.
Por placer del destino me convertí en marinero y capitán de tus mareas, mareas unas veces bravas, unas veces mansas, unas veces distantes y otras calidas. ¿Cómo se supone que debería de navegar si no disponia de barco ni yate, y mi unico móvil era un cascaron de nuez?
 Creí ser poseidón mientras que todo se escapaba entre las agujas de un rohido tridente,Pero una vez más el tiempo tardío como de costumbre me ha enseñado que no soy ni la mitad del cuarto que me y te corresponde
Así que, cuando llegaste con el oro de tus ojos y tus cabellos sedosos, oscuros como una noche sin luna, no me molesté en contenerme. Sí, te amé desde el primer momento y con todo mi ser, y no hice nada por remediarlo. Dejé que una mitad de mí se regodease en tu existencia, jugando a imaginar una vida juntos, diseccionando cada mirada, gesto o sonrisa que me dirigías. ¿De qué tenía que preocuparme? Mientras la otra mitad, la pragmática racional acostumbrada al desamor fuese la dominante, daba igual si una pequeña parte de mí se dedicaba a componerte poesías.
Pero te empeñaste en ser diferente, ¿no es cierto? Quisiste demostrar que se podía entrar en mi corazón, que había algún pasadizo secreto directo a mi alma.
“No pienso irme” dijiste. “Esperaré el tiempo que sea necesario”.Y cumpliste tu palabra. No te importaron el dolor que te causé ni mis intentos por alejarte; permaneciste ahí, día tras día, recordándome con cada respiración que me amabas tanto como yo pudiera amarte. Hiciste lo que yo nunca me atreví a hacer: te entregaste a mí, en cuerpo y alma, sin dudarlo un instante y sin buscar garantías. Te arriesgaste a darme tu corazón a sabiendas de que podría destrozarlo en cualquier momento.
Y, a medio camino entre la nostalgia y la borrachera, cogí el teléfono y te llamé.
Aquella noche recorrí cada centímetro de tu piel con mis dedos, hice un mapa de tus labios y saboreé cada recoveco de tu boca. Y con cada respiración, con cada grito de placer asfixiado, me fui enredando en esta locura como si fuese una tela de araña hasta que ya no pude salir.
Nos quedamos dormidos abrazados, con tu cabeza apoyada en mi hombro y el retumbar de nuestros corazones componiendo nuestra banda sonora particular. Y cuando desperté te vi así, tan cerca, tan frágil y, al mismo tiempo, tan fuerte...
Supongo que ahí fue cuando me di cuenta de que no quería seguir contemplando el oleaje desde la playa. Quería riesgo, emoción, olas enormes que me encogiesen el estómago y me levantasen hasta casi poder rozar el sol. Quería sufrir, y sonreír de verdad, y ser feliz.
Te despertaste, y clavaste en mí tu mirada, profunda y llena de vida, y sonreíste.
Y comprendí que no quería hacer nada de todo eso si no era contigo.


Intenté convencerme de que solo era una buena acción, que intentaba salvarte de convertirte en alguien como yo. Y tú seguías ahí, bien cerca, acariciándome con tus miradas y diciéndome cada cierto tiempo que me querías, como un recordatorio más. Juro que no sé cómo sucedió, ni cuándo. Solo sé que un día me desperté y no podía parar de pensar en ti. Daba igual lo que hiciera, si leía, si intentaba trabajar, si me ahogaba en alcohol... Tus ojos dorados no terminaban de difuminarse.

Quisiera prometerte el cielo y la tierra, la luna y el sol, el principio y el fin. Pero como sabes se me queda muy largo eso de ser Dios. Pero lo que si puedo hacer es amarte sin condicion ni pausa, sin tutela ni juicio, sin esperas ni desaliento

lunes, 30 de diciembre de 2013

Aideu, mon petit chérie, adieu

¿Por qué te marchaste? ¿Quién te lo pidió? ¿Quién te dio permiso?
No fui yo. Yo te pedí que te quedases, yo necesitaba que te quedases.
Incluso te até a mi corazón para evitarlo, pero querías irte con tanta fuerza que te lo llevaste contigo.
¿Tan malo era estar conmigo?
Creí que eras feliz, que yo podía hacerte feliz.
Pero si no pude hacerte feliz supongo que lo mejor fue eso, que el equivocado soy yo.
Que no tengo derecho a odiarte, que no tendría que dolerme. Que mejor fue romperme las ilusiones cuando aún no eran definitivas que no más tarde.
Pero si pudiese controlar mis sentimientos tampoco se me habría ocurrido nunca quererte.
Y si algún día me devuelves el corazón que te llevaste me encargaré de reconstruirlo para poder volver a quererte encondiciones.

No puedo dar marcha atrás

Echo de menos ser el que era siempre.
Despreocuparme de las cosas, permitirme a mí mismo ser feliz sin pensar que a lo mejor eso no te hace feliz, dejarme pensar que las cosas saldrán bien y darle permiso a mi corazón par hacerse ilusiones.
Echo de menos ser aquel niño que aún no había recibido la de palos que este mundo me ha ido dando con el tiempo, echo de menos ilusionarme cada vez que conocía a una persona nueva, echo de menos tener el corazón abierto sin miedo a que me lo rompan, no porque sea de hielo, sino porque no creía que nadie pudiera intentarlo.
Necesitaría olvidarme por un momento de todas esas dudas, no tener que pensar cada acción una y mil veces, poder hacer lo que me apetece realmente sin pensar si eso afectará a la felicidad de otros, olvidarme la vergüenza en el metro y bailar sobre mis ilusiones derretidas y rotas.
Pero no puedo.
Ese no soy yo.
Porque yo soy el niño sensato,  el que vive en su propio mundo y mira a los demás con indiferencia aparente y envidia interna, el que nunca falla a su estereotipo, el que es perfecto a los ojos del mundo pero que está más podrido por dentro que una manzana puesta al sol en pleno verano, el que nunca se dejaría herir por las flechas de un amor en el que no cree.
Yo soy el chico del corazón que se enfrió por fuera y se quedó fundido por dentro.
Donde hubo amor siempre queda una chispa que se puede reavivar

domingo, 29 de diciembre de 2013

Los sentimientos cambian

Una vez junto a la rivera del río nació en tu corazón el amor puro. Juntos encontramos el camino para disfrutar de la magia, esa misma que ese día apareció en nuestras vidas. Sin el temor a lo incierto, dejando de lado excusas, nos tomamos de la mano y cambiamos besos por palabras. Ese beso que a tu alma supo contener y enamorar, dando comienzo a una historia que vale la pena vivir, dando pasos siempre firmes, con los sueños que ambicionan para que vuelva a nacer la primavera algún día.
La raíz es fuerte, la esencia está alerta, cometí algunos errores que de mi depende enmendar, hoy se bien cual es mi horizonte y lo tengo que alcanzar. Es lo que deseo con la fuerza del corazón, reencontrarme con mi vida dando de mi lo mejor, tal vez no sea suficiente y siempre pueda dar un poco más, pero el sueño de abrazarte con una montaña de frente disfrutando el amanecer, hace que valga la pena la distancia aunque duela. Tengo que hacerme cargo y dar lo mejor a cada paso, ordenar mis pensamientos y alejar viejos temores que por momentos me hacen dudar y por otros me alientan, hoy tengo la libertad de elegir mi camino, sólo dios y el destino saben lo que me espera, en un futuro cercano que siempre vale la pena. Deseo tener algo para poder ofrecer, ya que con sólo el amor no se puede crecer, la tranquilidad que enamora, la motivación de tenerte, ese aluvión al abrazarte hace sonreír a la mente. Dicen que por un sueño cualquier sacrificio vale, este dolor al perderte me da fuerzas a cada instante, busco alcanzar mis sueños, renovarlos sin dudar, se que hay millones de mujeres pero se que sólo una, es la que quiero conmigo para disfrutar de su locura.
Verte sonreír hace que todo valga la pena, aceptar las diferencias me permiten observar que frente a mi hay un mundo que está listopara explorar. Hoy deseo con todas mis fuerzas, ser un hombre honesto y de bien, ser sincero con la gente y aprender a conocer, por mis tiempos perdí cosas, por apurarme no supe disfrutar, cada instante de la vida es hoy sin dudar. Creo que la vida es en cada momento, cuando se cumplan los juramentos que nos hacemos en silencio, hoy se que no tengo nada que te pueda ofrecer, mereces mucho más de lo que hay hoy en mi vida, se que lo puedo conseguir, sólo debo dar el primer paso, confío en lo que hago y cada cosa en su momento, este es mi momento de ordenarme, es mi momento para construir, mi presente es el que promete lo tengo que aceptar.
Confío plenamente en que los sentimientos pueden cambiar, se que así va a suceder no se cuando ni porque, pero se que en ese momento, en que sea un hombre nuevo, con las cosas ordenadas en mi alma y corazón, creo que es posible que esos sentimientos vuelvan a cambiar en un momento y podamos disfrutar de la vida siempre atentos a cuidarnos al amar.

Te Lo Estás Perdiendo

Te Lo Estás Perdiendo
Hace frío de nuevo,
No sé qué hacer,
Necesito un amigo
Pero todo lo que quiero en realidad, es a ti
¿Dónde has estado?
No te he visto en mucho tiempo
Supongo que te fuiste
Realmente te fuiste
Hace mucho
Me dijiste que nunca lo dejarías
Pero sí sabes
Las cosas han cambiado tan de repente
Y aquí estoy
Estoy avanzando sin ti
Sin ti
Y ahora los años nos han pasado
Y no sé todavía porqué
Antes de intertarlo
Elegiste renunciar
Así, donde estuvieras esta noche
Podrías hacer todo bien
Pero en lugar de eso
Te lo estás perdiendo
Te lo estás perdiendo
Te lo estás perdiendo
Todas las cosas que he hecho
Te lo estás perdiendo
Todo en lo que me he convertido
Para decir adiós
Porque nunca lo tendrás de regreso
No, no puedes
En verdad no puedes
ahora los años nos han pasado
Y no sé todavía porqué
Antes de intertarlo
Elegiste renunciar
Así, donde estuvieras esta noche
Podrías hacer todo bien
Pero en lugar de eso
Te lo estás perdiendo
Te lo estás perdiendo
Habrá un día cuando desearás poder volver atrás
Cuando todos tus errores se pondrán al día con el lugar en donde estés
Antes de que te des cuenta
Todas tus oportunidades habrán desaparecido
Habrán desaparecido
Y ahora los años nos han pasado
Y no sé todavía porqué
Antes de intentarlo
Elegiste renunciar
Así, donde estuvieras esta noche
Podrías hacer todo bien
Pero en lugar de eso
Te lo estás perdiendo
Te lo estás perdiendo

sábado, 28 de diciembre de 2013

A N E L E

 No voy a observar desde la penumbra y ver tu vida pasar lamentándome por perder a la chica de mis sueños en mi burbuja, flajelándome todas los horas del reloj, porque ya lo he hecho y se que eso no arregla nada, ni voy a esperar a que el tiempo me cambie lo que siento por ti

Voy a estar el pie del cañón, hay para lo que necesitas,no voy a cometer mas errores, mas fallos, seré tu príncipe azul si así lo deseas.


Intentando convivir conmigo mismo por haber cometido ese fallo, como si estuviera congelado en el tiempo, viviendo en un mundo tan frío, consumiéndome poco a poco, viviendo en un cascarón sin alma, contando los días desde que te fuiste, soy muy joven para perder mi alma, soy demasiado joven para sentirme así, no quiero quedar en olvido.

Así que no quiero, no voy a quedarme apático como antaño haría, voy a luchar hasta mi ultimo suspiro y si por un casual no lo consigo sabré que habré echo todo lo que estuvo en mi mano para consegirlo
Te quiero demasiado como para permitir que esto ocurra.
Elena

Ella y el mar E


A mis pies el mar se deshilacha en una maraña de olas enredadas con olor a salitre, arañándome la carne con sus devaneos de arena, mientras la luna, enorme y brillante, se deshace sobre su superficie, inmolándose en un vertido constante hilos de plata que se disuelven en el agua.
En el aire flotan jirones de niebla salada que se parecen desmenuzarse entre los dedos de una mano invisible, vestigio de una deidad arcaica enterrada bajo el peso de los siglos y el olvido, y lo cubren todo con un velo grisáceo que parece desdibujar un ejército de fantasmas al rebotar en cada risco de la costa.
Y al fondo, contra el eterno tapiz azul celeste cuajado de luciérnagas albinas, se recorta la silueta de un velero solitario que se deja mecer al son de un suave murmullo marino, un espumoso canto de sirena que se derrite en mis oídos y me arrastra a otras realidades.
El tiempo se detiene, deja de desmigajarse en horas, minutos y segundos perdidos, y solo queda el espacio, una entidad inabarcable y absoluta que todo lo llena. Ya no existen el ahora, el ayer o el mañana, pues todo se funde en una vorágine anárquica donde la barrera del tiempo se resquebraja.
Fue aquí donde la conocí, bella y radiante, como una diosa escapada de las tinieblas insondables de la noche, una muñeca de porcelana inmaculada abandonada en la playa. En la arena se difuminaban sus pasos, las huellas de unos pies desnudos lamidas por el oleaje cadencioso de aquella noche de otoño, mientras ella seguía avanzando, hundiendo en el mar los volantes de su vestido tornasolado. Sus ojos, apenas delineados por el plomizo resplandor que se desprendía de una luna que se sugería fantasmal tras las nubes, eran dos enormes esmeraldas: hermosos, cristalinos, inolvidables... pero fríos y apagados.
Tan dolorosamente hermosos, y al mismo tiempo tan muertos...
Ella seguía caminando, sumergiéndose cada vez más, y el agua ya acariciaba su cintura. Temblaba, puede que de miedo, o de frío, o un poco de ambas, pero no se dejaba detener por un mar que luchaba por empujarla fuera de sí, como queriendo salvarla de sus oscuridades abismales.
No sé por qué tardé tanto en reaccionar.
Tal vez fuera el cansancio acumulado, o ese aire de irrealidad que lo inundaba todo haciéndolo parecer volátil e ilusorio; o quizás fuera esa tristeza tan honda, tan transcendente que se desbordaba de cada uno de sus gestos.
Aquella melancolía... Dudo que jamás alcance a describirla en su totalidad.
Era una tristeza que se componía de muchas tristezas más pequeñas, imbuida de resignación, de nostalgia, de pesimismo, una tristeza que se deshacía en oleadas. Una tristeza que te mordía el corazón y te arañaba el alma, que era inmensa y, sin embargo, cabía en un cuerpo tan pequeño y frágil como el de aquella muñequita inocente. Era una tristeza silenciosa, de las que te horadan por dentro con sigilo dejando el exterior intacto, que se alimentan de palabras calladas y lágrimas contenidas y te consumen a dentelladas.
Aquella tristeza que desprendía por cada poro de su blanca piel, en definitiva, tenía tantos matices que quizá sea más oportuno decir simplemente que era tan tangible como una puñalada de terciopelo, letal y acariciadora, un dolor volátil y agridulce capaz de destilar la más pura melancolía del cuerpo inanimado de la roca más dura, y dejar que cada cual imagine, arranque de esta descripción sombría, indigna e incompleta, sus propias deducciones. Baste decir que aquella melancolía me quitó el aliento y me detuvo el corazón, y que me ató manos y pies, y que por eso me resultó tan difícil empezar a correr.
Correr...
Recuerdo con tanta nitidez aquella carrera trepidante, aquella lucha entre mi corazón, la arena húmeda que devoraba mis pasos y la noche crepitante, aquella contrarreloj por arrancarla de las garras de la muerte, que 
casi parecían arrullarla con su mudo batir de olas... que aún se me acelera el pulso solo de pensarlo.
Fue como un estallido, una explosión, un “Sálvala” imperativo.
Corrí contra las olas, contra el viento, contra el mundo mismo para salvar a aquella muñeca de porcelana que se hundía, y cuando llegué a su lado y volvió hacia mí sus ojos su tristeza me golpeó con más intensidad si cabe. Pero debajo, oculta por aquel velo fluido de melancólica indiferencia, estaba la sorpresa, reflejada en sus labios carnosos abiertos en una mueca de extrañeza.
No renegó de mi abrazo, ni se negó a dejarse arrastrar hacia la orilla. Dócil, obediente como un cachorrillo indefenso, dejó que la sacase del mar y la posase sobre una roca sin emitir más ruido que el dulce compás de sus respiraciones, y entonces, mientras yo resollaba en busca del aliento perdido, se quedó mirándome con aquella sorpresa extrañada, casi contrariada de que alguien hubiera acudido en su rescate.
Sentada sobre la piedra, con el vestido ajustado a su cuerpo por el agua y sus rasgos tenuemente trazados por el resplandor neblinoso de la luna, parecía una auténtica ilusión, una quimera fantasmal evocada por mi imaginación. Fue entonces cuando deseé besarla por primera vez, y ella, como si leyera mis pensamientos, dibujó una sonrisa entre divertida y maliciosa, y sacó de la nada una mirada tan pacífica que terminó de atraparme.
No dijo una sola palabra, pero su cuerpo entero hablaba por ella, advirtiéndome de que, si bien en aquel momento la tenía, perderla era tan fácil como lo había sido ganarla.
Aquella noche la llevé a mi casa. Compartimos mi cama sin decir una sola palabra, sin dormir, solo mirándonos a los ojos. Yo me resistía a caer rendido por miedo a que se desvaneciera entre mis brazos, y ella... Ella parecía evaluarme, analizando si era merecedor de sus atenciones.
durante meses la tuve, siempre a mi lado. La llevé a la ópera, al teatro, a dar largos paseos junto a aquel mar que había amenazado con llevársela, a pasear por el parque... Busqué para ella mil razones para no querer separarse de mí. Primero con miedo, con ese temor reverencial a perderla a cualquier instante, tan fuerte que con solo sentirla desaparecida un instante mis ojos corrían a buscarla; y luego con una serenidad alegre, un placer calmado de saberla a mi lado como una extensión más de mi cuerpo.
¡Qué idiota fui!
Me confié, me dejé engañar. Creí que la tendría siempre conmigo, y, mientras, el interés se desvanecía en sus ojos, dejando paso de nuevo a esa misma tristeza bajo cuya sombra la conocí. Pero yo, ciego de orgullo por haberla hecho mía, por haberla atado a mí con un anillo de oro, cadena inútil sin eslabones, no supe verlo venir.
Y una noche, mientras yo dormía a su lado, acariciados los dos por la suave brisa que se colaba por la ventana abierta, ella desapareció como una bruma inestable que se evapora con el nuevo día sin ser notada.
Desperté y busqué su cuerpo, y al no hallarla la busqué fuera de la cama, en las habitaciones, en la calle, y finalmente en los periódicos, donde solo encontré su carcasa de carne y huesos hinchada de agua salada. Poco a poco asumí que aquel beneficio que me concedió, aquella oportunidad de hacerla feliz y compartir esa felicidad, se había perdido irremisiblemente por mi culpa, y que ella no volvería.
Después de aquello quise volver a enamorarme, buscar en otros cuerpos ese calor tan único que solo el suyo sabía desprender, esa complicidad, esa emoción tan infantil escondida tras aquellas esmeraldas de tristeza añeja.
Pero no lo encontré.
Nunca habrá para mí nadie como ella, y por eso hoy, en esta noche infinita, vengo a sellar nuestro destino.
El tiempo vuelve desperezarse, la vorágine de pasado, presente y futuro se desenreda, y las manecillas de mi reloj despiertan de su profundo sueño para que yo pueda empezar el mío.
Aquí la encontré, aquí se me escapó, y aquí he vuelto para buscarla entre las sedas de la muerte.
Y tal vez, si existe un Más Allá, puede que las olas de este mar me guíen hasta ella, y sea este escenario también el de nuestro reencuentro.

Nose que pensar no quiero pensar, quiero desconectar y dejar de pensar en que estas haciendo, déjame de atormentarme puto cerebro.
Chupítos y cigarros con los amigos para dejar de pensar.

viernes, 27 de diciembre de 2013

Dime que sí y así me harás nacer, dime sí a mi amor, dime sí a mis sueños ... dime sí a hacerme feliz. 

No hacen falta preguntas, ni siquiera respuestas, basta una mirada seguida de un beso que significa sí, sí al amor y sí a mil sentimientos. 

Yo también te digo que sí, a respetarnos, a confiarnos, a sentirnos, a escucharnos, a comprendernos, a esperarnos, a hablarnos.. a amarnos. 

Con un alma como regalo y el mundo como testigo te pido un sí, y me arrodillo ante ti, con mi escuchar pendiente de ti, con mis sentidos entregados a tu voluntad, con mi vida en tus manos, escucho tu sí. 

Y no sabes que diciéndome que sí me haces feliz, si lo supieras me lo dirías, porque no hay nada más que tu amor, no hay más que tu sí al amor. 

Dime que sí, escucha mis ruegos, mis promesas, mis verdades, mi entrega ... mi vida. 

¿Me amas? ... dime que sí
 
Cuando me pedías besos
y desconocía la magnitud de mi felicidad
flotaba igualmente
me miraste como nunca nadie me ha mirado
y tengo tus ojos clavados en mi memoria
tus aires de tortuga veloz
tu bienvenida en el recibidor
tus ganas de verme...
ojalá me hubieras conocido en otra época
la magia de tu corazón abierto en canal para mí;
me hechizó de por vida
quisiera cogerte de la mano y olvidar todo lo malo
enterrar mis errores para siempre
devolverle los insultos a la ciudad con sonrisas
hacerte sonreír y volver a ser patrimonio de tus ojos tiernos
pero a un abismo del paso estás
añoro nuestras charlas intermitentes
y seguir viéndote, aunque no lo creyeras
la más guapa del mundo
recuerdo cuando hacíamos el amor 
y luego nos quedábamos dormidos
acurrucados y rebosantes de paz
después de que me recitaras
sin saberlo
el mejor poema que jamás haya escuchado

jueves, 26 de diciembre de 2013

Time to frustation

Necesitas pensar, espacio? bueno pues lo tendrás esperare a que tu vengas , a que empiezes a echar de menos mis buenas noches y mis buenos días y mis palabras de afecto y de calor.

y te darás cuenta entonces de todo....

Paciencia

Se que vale la pena esperar por ti, por esa respuesta que llegará antes o después , la necesito.
Y esperaré y haré todo lo que este en mi mano por ti.

Porque aun te quiero y yo se que tu en el fondo me sigues queriendo con menos o más ganas , pero lo haces ,solo es necesario un empujón para que sueltes lo que sientes, se que lo tienes oprimido en el pecho pero te da miedo, confía en mi, no te voy a decepcionar.

miércoles, 25 de diciembre de 2013

Exiliado

Hoy te necesito junto a mí.
Necesito tus mentiras, y tu capacidad para hacerme creer que todo saldrá bien. Necesito que me dejes dormirme a tu lado, mientras me abrazas y me susurras palabras dulces al oído, y necesito que me convenzas de que, mientras estés aquí, nada ni nadie podrá hacerme daño.
Pero nunca admitiría algo así en voz alta.
Mis vísceras están llenas de orgullo, un orgullo autodestructivo, voraz e insaciable que asciende por mi garganta cual sierpe de acero y me asfixia, impidiéndome pedir ayuda mientras me devora, comprime y destroza por dentro, dejando el exterior intacto, obligándome a mantener una sonrisa cordial mientras el dolor se agolpa contra cada célula de mi cuerpo, pugnando por salir a la superficie, ganándome terreno a pasos agigantados.
Mi mundo, mi precioso mundo, reducto de belleza y tranquilidad, mi escondite puntual cuando el universo era cruel e injusto, empieza ahora a ser como una jaula de oro, una torre de marfil rodeada de rosas negras con espinas venenosas, sin puertas ni ventanas, cuya gravedad me atrae con un influjo imposible que cada vez me hace más difícil escapar. Temo que pronto llegue el día en el que se convierta en mi única morada, y que al mirarme en el espejo cada mañana no sea capaz de reconocer a ese extraño que, con sus huecos ojos negros de profundidad abismal, me devuelve la mirada. Temo separarme de mi cuerpo, de mi alma y de mi vida, temo dejar de ser yo y abandonar un títere de sonrisa amable tras de mí mientras yo me encierro, huyendo del dolor, del miedo, del mundo, sumergiéndome en el recuerdo de tus opiáceas palabras con sabor a sal mientras mi corazón late indiferente, marcando el avance de esas enredaderas de espino que, regadas con mi sangre, crecen, reptan y se retuercen en torno a esta onírica prisión engarzada de piedras preciosas que encierran fragmentos de mentiras y memorias indiferenciables, absorbiéndola sin atreverse a destruirla.
Y saber que solo necesito dos palabras, las impronunciables, las siempre calladas, encerradas tras mis dientes, enormes barrotes de blanco esmalte, para liberarme de las cadenas de este castigo y no poder decirlas, ni tan siquiera pensarlas, sin que el orgullo me aguijonee con su látigo, solo aprieta un poco más estos grilletes incendiados que, arrastrados por caballos de furia, me llevan al exilio de una vida plagada de los manjares más suculentos del recuerdo y la ilusión, infectados con el sabor dulce de la fruta corrompida.


Sí, todo estaría bien si estuvieses junto a mí. Pero eso no es posible, ¿no?

martes, 24 de diciembre de 2013

Human being

El ser humano tiende a ser crédulo y prepotente.
Crédulos, porque creemos en cosas que no podemos ver o comprobar: los átomos, las leyes de la ciencia, Dios, e incluso la misma historia. Creemos en lo que nos dicen que debemos creer, lo que es “obvio, evidente e indudable”, y no dudamos. No dudamos, porque es más cómodo así. Porque dudar de una cosa nos obligaría a dudar de todo.
Prepotentes, porque creemos creer en lo correcto. Creemos que la Tierra es redonda, que el Universo es infinito y que procedemos del mono con la misma vehemencia con que antes creían en Dios o en el modelo geocéntrico. Nos fiamos y nos sentimos superiores, pensando que sabemos mucho más que cualquier otro antes, apoyándonos en una ciencia que, a lo largo de la historia, no ha hecho otra cosa que ser rebatida y reenunciada. O en una religión en el nombre de la cual se han cometido verdaderas atrocidades.
Y así seguimos, generación tras generación, despreciando a todos los que no crean en lo mismo que nosotros.
Si todos creemos que algo es verde, el que lo ve azul es el enfermo; no existe la posibilidad de que sea el único acertado. Los siglos pasan y se sigue imponiendo la ley de la mayoría, y seguimos equivocándonos y teniendo que rectificar.
Ahora podría ser que Einstein no tuviera razón, que haya un tipo de materia más rápida que la misma luz, y entonces, ¿qué pasará con toda nuestra física? Si se confirma, si nos equivocamos en algo que vemos tan obvio, ¿cómo seguir creyendo sin replantearnos todo lo demás?
¿Cómo sabes que no puedes volar, si no te arriesgas a saltar al vacío?

The show must go on

Sí, las cosas salieron mal.
Tu corazón se rompió, tu sonrisa huyó y tus esperanzas murieron. Solo un segundo y todo quedó reducido a pedazos.
Pero el espectáculo debe continuar, ¿no?
Sí, duele, pero no tienes otra oportunidad: caminar o morir.
Estás solo. Triste. Desesperado. ¿Y qué? Alguien ya encontró la solución: fingir.
Convence a todo el mundo de que estás bien: sonrie, ríe, miente. Cualquier cosa para convencerles de que eres mejor, de que puedes soportar la presión. Consigue su atención, su interés, su amor. Hazles creer que eres DIOS.
Y entonces... bueno, de esta forma no serás feliz, pero por lo menos las heridas no te dolerán más. Y sé que eso para ti es suficiente ahora mismo.