domingo, 25 de agosto de 2013

ESE PUNTITO DE CONSTANCIA.

En algunos momentos, no sólo en los malos, me asalta la poderosa impresión de que estoy en cosas artísticas por cortito, y no por lo contrario. Lo de ser artista por ser un negado para la vida normal. Esa vida normal, a mí, no me ayuda a que haga otra lectura.

Cuando haces cosas artísticas, visto desde dentro, casi puede decirse que te dedicas a estar encerrado en ti mismo. Carl G. Jung decía que “el que mira afuera, sueña, y el que mira adentro, despierta”. Luego está lo del “conócete a ti mismo” y cosas por el estilo. En fin, muchas citas podría poner para justificar mis introversiones, pero la base es que cuando miro afuera, me siento un inepto. Cuando te acostumbras a estar más de la mitad del tiempo confrontándote y poniéndote obstáculos para saltártelos, acabas poniéndote quisquilloso con las cosas y contigo mismo. Te tiras así las horas y los años, saliendo a la calle a por una barra de pan o cosas así, paseando manchas perennes en pantalones de pana, en camisetas de propaganda y viendo siempre desde  lejos verdaderas bellezas inaccesibles para ti, para tu gusto o al menos para tu consuelo. Y te acabas creyendo el papel de pobre inepto para la elementalidad, para la vida en directo.

Hoy me he dado cuenta de que, si a pesar de todo esto y más, sigues aguantando el tirón y no das el brazo a torcer y sigues en esas trece, si sigues adelante incluso sospechando que todo esto te viene grande y en realidad no estás en tu sitio, que todo esto es fruto de que en plena pubertad te coincidió un momento raro de la hormona con un libro de Dostoievski, o Platero y él en la época del instituto, o Rothko o calendarios de Picasso o de algún otro, y te acabaste zambullendo, pobre de ti, en LA ELECCIÓN EQUIVOCADA, si sigues adelante a pesar de estar convencido de que a lo mejor no eres más que un caso concreto de la psicología no patológica –de entrada-, lo que queda de un pobre niñato que sólo quería un poco más de atención que la media de entre los que consiguen acabar la FP, si sigues insistiendo en el equívoco, a pesar de que la vida te vaya de culo la mayor parte del tiempo, y lo sepas, y ese saberlo y seguir adelante te adorne para siempre con un magnífico humor de mierda, porque sabes que intentar desandar el camino hasta convertirte en una PERSONA NORMAL, ya es cuando menos complicado, porque a estas alturas, presentas credenciales y sólo te toman en serio para ir a marear la perdiz, y ya no hay más remedio que insistir en el alambre, y a pesar de que el tiempo se te espesa enumerando las contras de tu vida, y sigues en lo tuyo, interesándote en todas esas cosas que te acaban encerrando en ti mismo, si sigues porque sabes que algo maravilloso e inalcanzable está en juego y escondido, y como un bobo despreocupado has ido pasando así de adolescente interesando a joven promesa, y de frustrado te diriges a vieja gloria otoñal sin haberte enterado de pasos intermedios que te hubieran permitido meter mano para enderezar la situación, si te has tragado todo cuando has visto cómo te adelantaban mediocres por la izquierda, ineptos por la derecha, ignorantes por arriba y oportunistas por abajo, y si a pesar de todo esto sigues intuyendo ese algo maravilloso en lo que haces, si además consigues pagar el alquiler y poco más, si a pesar de conocer todo esto de ti aún hay gente que te envía mensajes de amor o de aliento y muestras de interés por pasar tiempo contigo, hostia, al final, esto es tu vida ¿no?

Qué menos que intentar enardecer el corazón de la chica que te gusta, ¿no?

Memo

Cuanto más memo,
más cerca de la verdad sin adornos,
sin condiciones ni retórica.

Más cerca de la verdad, desnuda
en su independencia.

De la verdad que no necesita justificación,
explicación ni público.

Cuanto más memo, menos fingido,
más alegre, ligero e inocente,
más comprometido con lo simple.

Cuanto más memo, más seguro, más directo,
más exacto, puro e inconsciente.

Cuanto más memo, más limpio,
y de remontarnos a los orígenes de los principios,
diremos que
cuanto más memo, más humano.

lunes, 19 de agosto de 2013

¿que piensas?

Le pasó su brazo sobre los hombros, mientras ella escondía su cara entre su pecho. Ninguno dijo nada. Sólo escuchaban el sonido de sus respiraciones y el compás de los latidos del corazón.
-¿Qué piensas? -Preguntó él al cabo de un rato, oliéndole disimuladamente el pelo.
"Que no quiero que se termine nunca esta situación. Que quiero estar abrazada a ti para siempre, aunque no digamos nada, aunque no hagamos nada. Que me encanta el olor de tu ropa y tengo miedo de olvidarlo algún día. Que si en este momento me dijeras que me quieres, no podría describir mi felicidad. Que si fuera por mí, me pasaría en este banco, apoyada en tu pecho, toda la vida. Que cuando estás a mi lado, no necesito nada más. Y que si algún día me faltas, no sé qué sería de mí."
-¿Qué? En nada, no pensaba en nada. -Contestó al final.

domingo, 18 de agosto de 2013

Esperanzas

A veces me preguntó por qué esperamos algo que sabemos que jamás ocurrirá. Yo espero, más que nada en el mundo, que un día llamen a la puerta de mi casa y que, al abrir, te vea a ti, sonriéndome con esa sonrisa tuya que me encanta y diciendo "¡Sorpresa!" O si eso es mucho pedir, también espero que tarde o temprano me digas "No hagas planes para el fin de semana. Iré a verte por fin." Si los dos queremos, ¿por qué es tan difícil que nos veamos? Me conformo simplemente con poder mirarte a los ojos una única vez. Pero por muchos planes que hagamos, por muy bien que lo organicemos, ambos sabemos que al final ocurrirá algo que joderá todo. Y es lo que hay y ya lo tengo asumido, sólo que me intriga por qué sigo esperando como un imbécil que cualquiera de estas cosas sucedan. 

martes, 13 de agosto de 2013

Recuerdos

_No se que te pasa_ dijo ella poniéndose seria_.Bueno, si que lo se, por supuesto que lo sé.
Estás preocupado por ella, como llevas estándolo desde que te conocí. Estás triste, estás mal y no me dejas ayudarte. Intento por todos los medios subirte la moral, animarte, hacerte reir... y tú no te dejas...
Ella le miró a los ojos buscando respuestas en ellos, pero el hielo los había cubierto también volviéndolo completamente inaccesible.
Estaba sentado en el banco, mirando el mar sin verlo, con los pensamientos idos a muchos kilómetros de allí.
_¡Te estoy hablando!_ gritó entonces ella_. Podrías tener el detalle de escuchar.

Él pareció entonces volver en sí, y giró su cabeza hacia ella en un movimiento casual. De golpe sus sentimientos cubireron sus ojos y en ellos se agolpó todo el dolor que había guardado durante años.
_¿Para qué quiere saber qué me pasa?
_Sólo quiero que estés bien..._ susurró ella buscando su mano sin perder sus ojos.
_Eso es imposible para alguien como yo.
_No...
_¡Por supuesto que sí! ¡Todas las veces que he intentado ser feliz, la vida no ha hecho más que ponerme trabas!
_Pero hay que arriesgarse... hay que caerse para volver a levantarse.

Él la miró entonces y a ella le asustó lo que vió, le atemorizó todo el dolor que refelejaban aquellos ojos, toda la tristeza que había acumulada en ellos y en los que no parecía caber nada más.

_Ya estoy cansado.
_Pero yo no lo estoy_ replicó dejando que las lágrimas se adueñaran de ella sintiéndose incapaz de aguantar más.
Él no respondió, le acarició la mejilla con suavidad y se sumió de nuevo en sus pensamientos.






Él estaba ajeno al mundo, su mano estaba aferrada a la de una chica que estaba allí, junto a él, y que intentaba animarle, pero nada podía hacerle feliz, ya no. Estaba cansado de luchar por algo que jamás llegaría. Sus ojos volvían a ser de hielo y de nuevo parecía que nadie podía acercarse a él, pero una voz llegó a su oído derritiendo todo a su paso.
_Si te sirve de algo, aunque sea un poco, te quiero, te quiero más de lo que puedes imaginar.

Entonces se volvió y abrazó a la chica como si le fuera la vida en ello... tal vez él no se atrevía a ser feliz, pero ella parecía tener valor suficiente para serlo por los dos.

lunes, 12 de agosto de 2013

Dama Plateada

Buenas noches amada mía. Te he extrañado durante el día, como de costumbre. Últimamente cuento hasta los minutos que pasan sin verte. ¿Tú me has echado de menos? Calla querida, no digas nada, no hace falta. Claro que me extrañabas, ¿no es cierto? Debes de echar en falta alguien con quien hablar estando siempre tan sola… Ah, mi amor, cada uno de nuestros encuentros es tan dulce como breve, si pudiera acariciarte una sola vez, una sola… Pero al menos te veo, te siento cerca, tan cerca que parece que puedo cogerte tan solo con alzar la mano… Pero, ¡oh cruel!, juegas conmigo haciéndome creer que te alcanzo, que consigo acercarme a ti…
Hoy estás especialmente hermosa, mi amada, con ese vestido de plata que parece brillar sobre tu piel tan pálida que roza la irrealidad… Te cubres del frío con esa larga capa negra de brillos tan extraños como toda tú… pero no hay noche en que no me parezcas bella, incluso cuando te escondes de mis palabras, mis versos, mis cantos… las noches en las que no puedo contemplarte y hablarte y acariciarte si no con mis manos, con mis palabras…
¿Qué es lo que piensas de mí? ¿Qué soy un loco? Sí, quizá tengas razón, quizá haya perdido la poca cordura que me quedaba desde que duermo de día para poder hablarte en las noches, desde que apenas como y camino como sonámbulo… ¿Locura? ¿Amor?
Ambas querida mía, porque cuando el amor no es locura no es amor, digan lo que digan. Yo seguiré viniendo aquí cada noche, con mi violín y mis palabras, tratando de acercarme a ti y de buscar ese amor que se que también me profesas. Sé que amas porque acudes a mí cada noche, porque escuchas atenta mis versos y mis canciones. ¡Oh, mi dama! ¡Qué loco parezco aquí, en lo alto de esta montaña, hablando para ti aunque hable solo para el resto del mundo!
¿Loco? No, loco no mi vida, no has de preocuparte. Enamorado. ¡Enamorado! ¡Sí, princesa! Enamorado de tu imagen y tu brillo que me persigue en mis sueños diurnos, enamorado de un contacto que nunca llega, de unas palabras invisibles que creo que de ti resuenan, de lo dulce que es el viento cuando tú estás cerca.
¡Ay de mí, querida! ¿Qué será de este pobre loco? ¿Qué será de mí si sigo cada noche pegado a tus faldas a la espera de que te sientes a mi lado  y me abraces y me ames como yo a ti? Algún día seré un viejo, mi amada. Perderé la alegría por la vida de esta mi juventud, seré un hombre bañado en arrugas con los ojos cansados de tanto mirarte pero fieles a tu imagen que es la única que quiero contemplar el resto de mi vida. ¡Si, niña mía! ¡Yo permaneceré aquí por el resto de mis días, hasta que los años caigan sobre mi cuerpo y no haya hueso que no me duela! Seguiré aquí contigo, pequeña princesa, contándote cuentos y tratando de darte el amor que un hombre sencillo como yo puede darte.
Podría delirarte los versos más hermosos esta noche, podría, como dijo el artista, gritarte que te quiero hasta perder la voz, que te llevaría más allá de los sueños. Que tu amor me hace libre. Que no se ni quien soy desde que apareciste en mi vida, desde ese momento en el que puse tu nombre a cada suspiro que se escapa de mi boca. Podría, mi amada, pasar contigo la vida entera como lo hice en las pasadas…
¿Ríes querida? ¿O ha sido el viento? ¡Ah, sabio misterio! ¿Ha sido tu dulce risa de ninfa la que ha llegado a mis oídos o habrá sido el viento cruel y maldito que quiere engañar a mis sentidos? Pregunta sin respuesta, ¿no es cierto? Pues ahora en este bosque sólo queda el silencio.
¿Quieres que grite? ¿Quieres que con mi voz rasgada tiña el cielo con tu nombre? Está bien, mi amor, lo haré si es tu deseo. Porque es mi fin complacerte y caer rendido a ti como un títere, un simple muñeco a merced de un ser que todo lo puede. Tú mi máximo exponente. Déjame susurrar a voces tu nombre, teñir el mundo con la más bella palabra que ha existido y existirá.
Ahora escucha, no digas nada, déjame gritar.

jueves, 8 de agosto de 2013

Con los años y la experiencia uno aprende a expresar lo que siente con gestos y con palabras, y es bonito, porque opino que los sentimientos hay que expresarlos, decirlos…que si no se dicen … parece como si fuesen sólo humo.
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Cuando quiero a alguien, necesito decírselo, decirle “te quiero” , entonces el sentimiento parece que se hace más real al compartirlo.Decir un “te quiero” a la persona por la que tienes ese sentimiento es la máxima expresión de complicidad con ella.
Decir un “perdóname” o un “lo siento” cuando es necesario… me parece que es uno de los gestos más honestos que existen. Muchas veces uno se debe tragar el orgullo y pedir disculpas a esa persona a la que hemos hecho daño, seguramente sin maldad.

Con los años he aprendido el valor de las palabras y lo importante que es saber decirlas, encontrar el momento y las expresiones adecuadas.
Así mismo, como importantes son las palabras, también lo es el “silencio”.Encontrar el equilibrio entre lo que decir y lo que callar … Todo eso forma parte del mismo juego. Como decía Paulo Cohelo “Existe un lenguaje que va más allá de las palabras.”
No hace falta decir todo lo que uno piensa a borbotones, sin más… ¿para qué? (La palabra una vez hablada, vuela y no regresa)

Por supuesto hay cosas que una siempre se guarda sólo para sí, forma parte de nuestro “rinconcito” particular . Cosas que no queremos decir ni compartir con nadie… Y es justo que sea así, porque posiblemente no encontremos palabras con las que expresarlas o bien simplemente son nuestras solamente y así queremos que sigan siendo. Y es ahí donde empieza esa conversación con uno mismo .

Algún día

Algún día te escribiré un poema que no
mencione el aire ni la noche;
un poema que omita los nombres de las flores,
que no tenga jazmines o magnolias.

Algún día te escribiré un poema sin pájaros,
sin fuentes, un poema que eluda el mar
y que no mire a las estrellas.

Algún día te escribiré un poema que se limite
a pasar los dedos por tu piel
y que convierta en palabras tu mirada.
Sin comparaciones, sin metáforas;
algún día escribiré un poema que huela a ti,
un poema con el ritmo de tus pulsaciones,
con la intensidad estrujada de tu abrazo.
Algún día te escribiré un poema, el canto de mi dicha.

Grow up with me

Vamos a correr por los campos hasta sentir los dos el mismo miedo,
a caernos de los columpios, a prender fuego a nuestros objetos especiales
a jugar juntos bajo el mal tiempo.
Vamos a comer mal,
a mirar a los adultos beber vino y reírnos de su estupidez,
vamos a sentarnos en el asiento de atrás del coche
a mirar a los ojos a los extraños que pasan
e incomodarles
sin que nada nos importe, sin decir palabrotas, joder.
Vamos a reivindicar los superpoderes
que nos quitaron junto a los dientes de leche,
la habilidad para no temer a los problemas
ni sentir pánico al quedarnos encerrados en el sótano
aunque estemos seguros de que allí hay algo.
Y mientras cogemos de las almohadas cada pluma
vamos a alejarnos de los bordes de la cama
para estar más juntos.
Vamos a sentarnos en mitad de la calle con helado por la cara
sacándole la lengua a los transeúntes,
lloremos,
nademos,
hagamos de todo.
Vamos a reírnos si alguien se cae,
la música clásica es aburrida
y ni tú ni yo entendemos la poesía
porque ninguna palabra significa lo que es en realidad.
El teatro es largo, aburrido, triste y cansado...
en horas que podrían pasarse rodando por las colinas
y arañándonos las rodillas con el cemento.
Vamos a escuchar historias y a perder la inocencia,
a aprender cosas de los padres y el perdón,
la muerte y la moralidad,
la amabilidad y el arte,
y así perder nuestros corazones inocentes
pero al menos no hacerlo solos.
Crece conmigo.

martes, 6 de agosto de 2013

Paciencia

Lo primero es definir la paciencia. Cuando hablo de paciencia no me refiero a la resignación ni a la pasividad, sino a una manera de enfrentarse a los deseos y pruebas de la vida. Es una actitud de serenidad, perseverancia y fortaleza que aplicadas a todas las facetas de la vida nos hará ser más felices y efectivos.


Una persona madura es aquella que puede retardar su necesidad de satisfacer algo inmediatamente, que sabe que las cosas requieren su tiempo y que las cosas que no dependen de él tienen su propio ritmo. No se trata de sentarnos a esperar que las cosas pasen sin más sino tener una espera activa, de crear circunstancias que promuevan lo que buscamos, trabajando para estar preparados para cuando llegue la ocasión y disfrutando del momento.

O si quieres que pase algo en tu vida que no ha llegado todavía, no desesperes. En lugar de centrarte en aquello que no tienes, recuerda todo aquello que SI tienes y como eso que tienes puede acercarte a lo que estás buscando. Te hará ver la situación desde otra perspectiva y te ayudará a buscar circunstancias que te acerquen a lo que quieres. Disfruta de la espera, las grandes cosas requieren su tiempo.

Porque recuerda… la clave de la paciencia es hacer algo mientras esperas.

domingo, 4 de agosto de 2013

A TU DISPOSICIÓN.

Pienso en tus cosas, y aunque sé que de forma autónoma estarás viviendo tu vida, a mí no deja de agarrárseme en algún sitio indeterminado un grado mínimo de indemostrable certeza por nuestro contacto. Me encuentro sólido, a pesar de todo. No encontré pisadas en la maleza, ni señales en los astros, no encontré afirmaciones terrenas ni pistas en los cielos de que vaya a ser yo quien va a procurar tu acomodo. Contado suena banal, sentido suena torpe y afirmado suena impertinente, pero tormentas peores se descargaron en risa, y con solidez evanescente, veo mis alientos asentados en tu vida.

Pues sólo con estar cerca, enviando un mensaje, interesándome, apareciendo de vez en cuando como para hacer bulto, preguntando en voz alta por tus cosas, relacionando en público las tuyas y las mías, llamándote en mitad de la noche para darte la imprescindible referencia de un pintor, escritor, filósofo, saltimbanqui, educador, cantante, erudito, cocinero, gañán de la escena pública, héroe de la idea, malabarista de la consciencia del saber o personaje famoso por la exquisita belleza de su pellejo interior, por su ruindad, capacidad para la reflexión lúcida, para la polémica pertinente, señalado por la talla del enfoque de su saber o por su simple y atronadora zafiedad, sólo con estar al quite, siempre que pueda, a darte la respuesta que tenga, sólo con estar despierto cerca tuya, por si necesitas un apoyo visual, una mirada cómplice, un gesto de consuelo, un guiño de comprensión, sólo con mantenerme ocupado en mis cosas, pero con un ojo puesto en tu mundo, cuidando de no convertirme en un estorbo, pero manteniéndome a la vista, aunque sea de refilón y desenfocado, sólo con mantenerme contigo en mí, ya sé que estoy poniendo algún tipo de sabor o reflejo coloreado o aroma o bonanza o extrañeza o rara atmósfera o nueva claridad o sombra acogedora en tu paisaje, a tu disposición, sólo con ser YO, con lo que tenga en ese momento, sólo con aparecer y seguir empeñándome en ponerme en tu trayecto, sólo poniéndote delante alguna de mis formas, sé que estoy aportando algo al sabor que vas teniendo en la boca, a la temperatura de la cara, al relajo o la crispación de las manos. Yo lo sé. Y eso me empuja a seguir adelante.

Y está bien que mantenga la atención concentrada en tus lugares más inverosímiles. No sólo porque cada noche al acostarme quiero dormir con la impresión de que he hecho lo posible para que mi bien suceda, no sólo por eso. También porque tus maneras viven presas de una divina y turbadora estadística. Debo mantenerme pendiente de todas tus formas, de todos tus disfraces.

Cuando consigues creer que el amor está en tu cuenquito, de pronto se evapora, se mezcla con las nubes, y se va a llover a otra parte.

Adónde va todo esto no lo sé. Alguno recogerá las semillas que levanté de la tierra, las que regué con mi sudor. Para comer no me queda otra que confiar en la grandeza del campo. Y no puedo planificar nada con respecto a lo que realmente me importa. Bastante tengo con manejar esa ensalada de impulsos momentáneos que tengo que callarme para que esto –y yo mismo- no nos salgamos de madre. Bastante tengo con intentar saber si hay conciencia en tu reacción cuando estábamos allí. Bastante tengo con escrutar tus palabras o pensamientos callados ahora que estás allí y yo aquí, pensando que somos entes diferentes, cuerpos distantes y discursos tangentes. Aunque a veces yo ponga mis fuerzas en estar, de alguna manera, en tu paisaje.

sábado, 3 de agosto de 2013

La atención extraviada

Hay un tiempo, que es la reunión de muchos tiempos, que podríamos llamarlo nuestro tiempo despreocupado.

Nos pasa casi completamente desapercibido, aunque a poco que te fijes, ahí está, delante tuyo. Un buen día coge cuerpo, y se te hace tan presente, que a lo mejor te sientes culpable de no haberle echado cuenta, y te preguntas pero en qué estaba yo pensando entonces. Te preguntas si estabas en Babia o en standby, si andabas entusiasmándote por algo que a día de hoy no recuerdas, o si por el contrario estabas ahogándote con las cosas normales, con las fortuitas, las maravillosas carambolas o las desastrosas casualidades que cada día te absorben la atención.

El caso es que estás viendo que ese tiempo despreocupado, que acabó por pasarte desapercibido, también era parte de tu vida, y ya pasó, y este pequeño detalle, el de percibir de improviso un tiempo tuyo que no volverá, según tus circunstancias actuales, tu estado de ánimo, situación económico/laboral, sentimental, según tu prestancia psíquico emocional, y por qué no decirlo, tu estado de salud, tu edad, etc; pues este pequeño detalle, te hará vivir ese precioso tiempo perdido como una simple curiosidad, como una anécdota o como una insalvable tragedia.

Creo que raramente vas a quedar indiferente cuando veas ante ti mismo, en el momento presente, cuánto hiciste de más y cuánto hiciste de menos en ese tiempo que te pasó y que no viviste. Puede ser que tu despreocupación, o tu falta de atención, estuvieran basadas simplemente en que tu espíritu no levantaba un palmo del suelo. Esto hacía que tu vida fuese más sencilla, pues hoy, con la distancia, ves que en aquel entonces la gente te dejaba en paz. Te das cuenta de que, en realidad, la vida sólo opuso exigencias a las que tú ponías, y ves que, remontando el río más arriba de los rápidos, cuando todo es fresco, inmediato, puro y ruidoso, cuando no tenías noticias de la profundidad, tú eras, a fin de cuentas, apenas una mínima preocupación o una pequeña esperanza para tus padres. Eras apenas una parte atomizada del trabajo de tus maestros. Hacías tus cosas, hoy lo ves, sin percibir que nadie estuviese analizando tus potencialidades, ni dirigiendo tus valores, ni desnudando tus ambiciones.

Hoy ves la fuerza de aquella candidez, hoy ves que sólo de su mano podías, aunque sin saberlo, sentirte libre. Echas de menos esa libertad que no sabías ver.

En vez de lamentarte, o encogerte de hombros, sorprenderte o acariciar ese tiempo despreocupado que hoy se te presentó, a lo mejor hoy podrías arremangarte un poco más para concienciarte de lo que hoy mismo tienes entre manos. A lo mejor, hoy podrías hacer lo posible, a conciencia, para que tu vida sea más plena o más digna. Una vida de ojos abiertos y corazón dispuesto.

A lo mejor, también, hoy podrías intentar desconocerte del todo de ti mismo, relajarte de todo y entregarte a un lento, constante e indolente fluir del tiempo que vives hoy y pasará. A lo mejor, viendo hoy la cata puntual de lo que tus sueños y aspiraciones, tus amores, esfuerzos y anhelos han venido a resultar, a lo mejor decides que lo mejor es abrir enteramente los ojos a la despreocupación, y dejar que tu tiempo de hoy avance por sí solo, alegre o arrastrado, hasta que se le acaben las ganas, las distancias, el sentido de sus propios ímpetus.

Deseo

Cada cierto tiempo, cuando sobre una capa de mugre consigo extender un delgado revestimiento inmaculado de buenas intenciones, cuando me veo, para mi sorpresa, alimentando nuevas ilusiones, con el risueño pudor del que aparece sin haber sido invitado, acaba viniendo el deseo.

En ese momento, sólo en ese momento, veo con claridad que antes de su llegada todo lo que atañía a mi vida estaba instalado en una especie de centro. La impresión primera de esa situación que ya ha pasado es de pausa, incluso de aburrimiento, aunque cuando miras esa pausa desde esa nueva perspectiva deseante, descubres que era necesaria en su momento. Apareciendo el deseo, en ese instante fatal, veo cómo se pierde ese punto sereno que no sabía ver en mí, mientras lo tenía. Ese que hace que puedas elegir, relajado, dedicarte a las cosas que te interesan, hacer lo posible por el culto de tu espíritu, alimentar pacientemente la frialdad que pone en marcha la maquinaria de tantas cosas excitantes.

Cuando aparece el deseo, se acaba todo eso. La vida se torna una carrera de fondo en pos de lo deseado. Y todo se ve condicionado. Lo que necesitas y lo que no. Lo que esperas de todo cuanto te rodea, también lo que esperas de tí mismo con respecto a lo deseado. Y sin saberlo conscientemente, estás solo, enmedio de la calle, buscando inútilmente tu magnitud personal y humana. Tu crecimiento y evolución. Lo que amas verdaderamente y lo que languidece sin tu atención. La apreciación de lo que te aman y lo que te deben. Y piensas adónde irán a parar mis cultivos. Dónde guardaré mis esperanzas. Dónde quedó la percepción de lo que tengo y lo que me falta.

Todo. Todo pasa a verse a través de la óptica de lo deseado. El horizonte real se desdibuja hasta desaparecer, o mejor dicho, el objeto de deseo se le solapa, se interpone ese nuevo sol que ilumina con sus propios colores tu mundo, absorbiendo toda la fuerza, la gana y la atención de que dispones, de manera que ni se ve ni importa demasiado lo que antes de empezar a desear, considerabas real.

jueves, 1 de agosto de 2013

Estúpido

Siento algo amargo reptando ansiosamente por la tráquea, una mano nacida de algún lugar oscuro y profundo de mi ser, recorriendome por dentro arrastrándose por las entrañas. Como una calavérica reminiscencia, lo tantea todo asquerosamente y mi estómago se revuelve y mi alma tiene una arcada hasta acabar vomitando melancolía. El aire falta,el oxigeno desaparece.Sería un buen momento para dejar de existir. Siempre ha sido buen momento. Todo me parece ajeno y quiero salir , salir de todo.El pánico me consume, me da vértigo, tengo calor y me palpitan los sonidos profundamente en las orejas, Huir , correr hasta sentir hormiguear los pulmones y morir el aliento, llegar a ese extremo en el que sientes que mueres. Pero no puedo, y me consume, como siempre ese deseo utópico, me recorren las imágenes, todas las ilusiones, brillantes como estrellas inmaculadas en un cielo perfectamente oscurecido. Queman los sueños incumplidos, quema la falta en el pecho abierto, el pecho roto, chirriando estropeado,  No hay lagrimas, solo esa falta , una gran falta de todo, que me hace doblarme en dos, tan cerca, tan lejos. Distancia, niebla corrupta, Estúpido, tan solo sé decirme eso, Estúpido.

Me gusta estar solo..