_No se que te pasa_ dijo ella poniéndose seria_.Bueno, si que lo se, por supuesto que lo sé.
Estás preocupado por ella, como llevas estándolo desde que te conocí. Estás triste, estás mal y no me dejas ayudarte. Intento por todos los medios subirte la moral, animarte, hacerte reir... y tú no te dejas...
Ella le miró a los ojos buscando respuestas en ellos, pero el hielo los había cubierto también volviéndolo completamente inaccesible.
Estaba sentado en el banco, mirando el mar sin verlo, con los pensamientos idos a muchos kilómetros de allí.
_¡Te estoy hablando!_ gritó entonces ella_. Podrías tener el detalle de escuchar.
Él pareció entonces volver en sí, y giró su cabeza hacia ella en un movimiento casual. De golpe sus sentimientos cubireron sus ojos y en ellos se agolpó todo el dolor que había guardado durante años.
_¿Para qué quiere saber qué me pasa?
_Sólo quiero que estés bien..._ susurró ella buscando su mano sin perder sus ojos.
_Eso es imposible para alguien como yo.
_No...
_¡Por supuesto que sí! ¡Todas las veces que he intentado ser feliz, la vida no ha hecho más que ponerme trabas!
_Pero hay que arriesgarse... hay que caerse para volver a levantarse.
Él la miró entonces y a ella le asustó lo que vió, le atemorizó todo el dolor que refelejaban aquellos ojos, toda la tristeza que había acumulada en ellos y en los que no parecía caber nada más.
_Ya estoy cansado.
_Pero yo no lo estoy_ replicó dejando que las lágrimas se adueñaran de ella sintiéndose incapaz de aguantar más.
Él no respondió, le acarició la mejilla con suavidad y se sumió de nuevo en sus pensamientos.
Él estaba ajeno al mundo, su mano estaba aferrada a la de una chica que estaba allí, junto a él, y que intentaba animarle, pero nada podía hacerle feliz, ya no. Estaba cansado de luchar por algo que jamás llegaría. Sus ojos volvían a ser de hielo y de nuevo parecía que nadie podía acercarse a él, pero una voz llegó a su oído derritiendo todo a su paso.
_Si te sirve de algo, aunque sea un poco, te quiero, te quiero más de lo que puedes imaginar.
Entonces se volvió y abrazó a la chica como si le fuera la vida en ello... tal vez él no se atrevía a ser feliz, pero ella parecía tener valor suficiente para serlo por los dos.
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