Allí se encontraba, sentado entre las sombras, embriagado por los dulces aromas del pasado.
En su mano, temblando peligrosamente, una copa de vino a medio acabar; en la otra, una pistola cargada.
Lenta, muy lentamente, levantó la mano y posó el cañón del arma en su sien derecha.
Y apretó el gatillo.
Ninguna bala salió, sin embargo, de aquella pistola. Sonrió, y dejó caer al suelo el vaso.
Frente a él, tumbada desnuda en la cama, cubierta solo por la fina seda de las sábanas, estaba ella, con el mismo rostro dulce, la misma sonrisa angelical y los mismos ojos amables, de un azul casi transparente, que tantas horas había utilizado en memorizar.
Con un gesto grácil, se levantó y se acercó al hombre, sensual, hipnótica, perfecta.
Se detuvo a escasos centímetros, agachándose hasta poner sus labios a la altura de los del otro, y sonrió.
-La siguiente vez sí que habrá bala...-susurró, con una voz que, aunque era exacta a la suya, no era la suya.
-Lo sé-respondió él, suspirando.
El horrible y desgarrador ruido de una bala rompiendo el aire fue lo último que se oyó antes de que la muerte, disfrazada de amor, le cubriera con su túnica.
domingo, 29 de noviembre de 2015
Presiento que las palabras se han enemistado conmigo, pero no sé por qué.
Noto que al sentarme frente pluma en mano, buscando algún resquicio de ilusión, un hilo de inspiración para tirar de él y crear una nueva entrada a mi mundo, este no aparece. Y digo que no aparece sabiendo que ni tan siquiera está.
Podría, una y otra vez, escribir sobre lo mismo cambiando las palabras para ocultar la similitud descaradamente; de hecho, durante mucho tiempo lo hice, creando así monstruos, engendros de la naturaleza sin el más mínimo significado y cuya única virtud resultó ser un exterior bello y dulce, perfecto para complacer. Pero sé que no debo.
Sin embargo, no es imaginación lo que me falta. Textos largos, eternos, narrativos en lugar de sentimentaloides... Para esos tengo palabras de sobra. Ahí son las ganas las que fallan.
Quizá es que me he consumido, que se me han acabado las ideas en pleno auge léxico, y quizá deba entonces retirarme para descansar de una vez y para siempre...
Noto que al sentarme frente pluma en mano, buscando algún resquicio de ilusión, un hilo de inspiración para tirar de él y crear una nueva entrada a mi mundo, este no aparece. Y digo que no aparece sabiendo que ni tan siquiera está.
Podría, una y otra vez, escribir sobre lo mismo cambiando las palabras para ocultar la similitud descaradamente; de hecho, durante mucho tiempo lo hice, creando así monstruos, engendros de la naturaleza sin el más mínimo significado y cuya única virtud resultó ser un exterior bello y dulce, perfecto para complacer. Pero sé que no debo.
Sin embargo, no es imaginación lo que me falta. Textos largos, eternos, narrativos en lugar de sentimentaloides... Para esos tengo palabras de sobra. Ahí son las ganas las que fallan.
Quizá es que me he consumido, que se me han acabado las ideas en pleno auge léxico, y quizá deba entonces retirarme para descansar de una vez y para siempre...
Como sentirse solo vol1
por ti fui capaz de de enterar mi orgullo y matar mis ilusiones
por ti cambie mi mirada a una de odio
por ti hice de mi alma un infierno
por ti hice que el mundo se arrodillara a tus pies
por ti fui al infierno y regrese por salvar tu alma
por ti luche contra la misma muerte para que no reclamara tu alma
por ti deje mi humanidad mi ser y me converti en un monstruo
por ti deje de ser muchas cosas
por ti cambie mi mirada a una de odio
por ti hice de mi alma un infierno
por ti hice que el mundo se arrodillara a tus pies
por ti fui al infierno y regrese por salvar tu alma
por ti luche contra la misma muerte para que no reclamara tu alma
por ti deje mi humanidad mi ser y me converti en un monstruo
por ti deje de ser muchas cosas
ahora comprendo que todo lo que hice no fue por que tu me lo pediste ....... simplemente fue un motivo para sacar a mi verdadero yo
ahora este monstruo lleno de heridas, cicatrices y sangre
es libre de ti ..... ahora amada mia dime......
estas lista para ver el infierno que tengo preparado para ti
lo he hecho solamente para ti......
solo tu mi bella bruja y solo yo tu amada bestia
en este infierno......
ahora este monstruo lleno de heridas, cicatrices y sangre
es libre de ti ..... ahora amada mia dime......
estas lista para ver el infierno que tengo preparado para ti
lo he hecho solamente para ti......
solo tu mi bella bruja y solo yo tu amada bestia
en este infierno......
sábado, 28 de noviembre de 2015
Las ilusiones vienen con fecha de caducidad
Ya no hay mariposas, ni quedan ilusiones, ni flotan en el aire dudas sin respuesta.
Ya no hay nada de aquellos planes de futuros construídos en pasado.
Y no puedo hacer nada más que sonreír tristemente y fingir que no duele saber que se ha acabado.
Creí... Dios, no sé qué creí, ni por qué empecé a creer, ni por qué no me vienen a la cabeza más verbos que "creer" cuando lo que hice fue "ser imbécil".
Odio tener que admitir que construir una vida a base de mentiras no es posible, y odio no saber fingir que no sé que estaba equivocado, y odio sentir odio porque implica que tampoco pude eliminar de mi corazón los sentimientos.
Y tengo la horrible sensación de que los pulmones no se me llenan de aire, sino de plomo, y siento que en vez de agua lo que baja por mi garganta es aceite hirviendo.
Tengo ganas de correr, de huir, y de sentir por una vez en la vida que soy libre y que puedo librarme de la presión que trata de aplastarme contra el suelo.
Tengo ganas de quitarme de la cara, y de dejar de ser de hielo.
Pero, una vez congelados, los tejidos no se reconstruyen con tanta facilidad.
Y si ya me cuesta afrontar este dolor constante, aún con morfina en mis venas en lugar de sangre, no sé cuánto tiempo me llevaría recuperarme del deshielo.
Ya no hay nada de aquellos planes de futuros construídos en pasado.
Y no puedo hacer nada más que sonreír tristemente y fingir que no duele saber que se ha acabado.
Creí... Dios, no sé qué creí, ni por qué empecé a creer, ni por qué no me vienen a la cabeza más verbos que "creer" cuando lo que hice fue "ser imbécil".
Odio tener que admitir que construir una vida a base de mentiras no es posible, y odio no saber fingir que no sé que estaba equivocado, y odio sentir odio porque implica que tampoco pude eliminar de mi corazón los sentimientos.
Y tengo la horrible sensación de que los pulmones no se me llenan de aire, sino de plomo, y siento que en vez de agua lo que baja por mi garganta es aceite hirviendo.
Tengo ganas de correr, de huir, y de sentir por una vez en la vida que soy libre y que puedo librarme de la presión que trata de aplastarme contra el suelo.
Tengo ganas de quitarme de la cara, y de dejar de ser de hielo.
Pero, una vez congelados, los tejidos no se reconstruyen con tanta facilidad.
Y si ya me cuesta afrontar este dolor constante, aún con morfina en mis venas en lugar de sangre, no sé cuánto tiempo me llevaría recuperarme del deshielo.
Normal...
...Así es como todos la ven. Vulgar, mediocre, completamente corriente.
Su pelo no brilla, sus pestañas no son largas, sus piernas no son perfectas.
Nadie le dedicaría un poema, nadie le entregaría tan siquiera una mirada. Es un elemento más del paisaje de hierro y cristales de esta gran ciudad.
Pasea por pasear, siempre guiada por el instinto de seguir caminando, y no creo haberla visto nunca dormir. Como un alma en pena, se mueve por este mundo que, a su lado, parece demasiado consistente.
Sin embargo, por la noche cambia.
Con su piel pálida, con sus ojos negros, con su pelo castaño, se mueve bajo la luz fluorescente de las farolas, reflejándola como un prisma de cristal de valor incalculable. Iluminada por la luna y las estrellas, su alma parece recubrir su cuerpo, mostrando su esplendor a cualquiera que se cruza con ella.
Y así, con sus pasos silenciosos, camina entre divas con grandes zapatos de tacón que, a su lado, parecen ruidosas y despreciables.
Así, por las noches, toda ella es una estrella bajada a la tierra, hasta que cierra su libro de sueños y deja dentro el brillo de su alma, guardándolo para aquel que sepa encontrarlo pasando por alto la normalidad aparente.
Su pelo no brilla, sus pestañas no son largas, sus piernas no son perfectas.
Nadie le dedicaría un poema, nadie le entregaría tan siquiera una mirada. Es un elemento más del paisaje de hierro y cristales de esta gran ciudad.
Pasea por pasear, siempre guiada por el instinto de seguir caminando, y no creo haberla visto nunca dormir. Como un alma en pena, se mueve por este mundo que, a su lado, parece demasiado consistente.
Sin embargo, por la noche cambia.
Con su piel pálida, con sus ojos negros, con su pelo castaño, se mueve bajo la luz fluorescente de las farolas, reflejándola como un prisma de cristal de valor incalculable. Iluminada por la luna y las estrellas, su alma parece recubrir su cuerpo, mostrando su esplendor a cualquiera que se cruza con ella.
Y así, con sus pasos silenciosos, camina entre divas con grandes zapatos de tacón que, a su lado, parecen ruidosas y despreciables.
Así, por las noches, toda ella es una estrella bajada a la tierra, hasta que cierra su libro de sueños y deja dentro el brillo de su alma, guardándolo para aquel que sepa encontrarlo pasando por alto la normalidad aparente.
martes, 10 de noviembre de 2015
Shadow V
-¿Adónde vamos?-exigió saber Angela cruzándose de brazos-. Te advierto que no pienso huir por culpa de un imbécil que trata de usurpar mi puesto.
-No estamos huyendo, sino buscando ayuda para protegeros...
-De la mafia italiana, ya, ya...-interrumpió Ángel.
-De ellos puedo protegeros solo, lo que no sé es si podré aguantaros mucho más tiempo-replicó Vladimir poniendo los ojos en blanco-. Y vamos a España.
-¿A España? Nunca he oído hablar sobre ningún asesino importante que viva allí-comentó Angie tratando de recordar todos los asesinos que había conocido.
-Eso es porque solo la conocen aquellos que ella quiere que la conozcan-replicó Vladimir, atravesando las puertas del aeropuerto.
-¿Y cómo la encontraremos?-preguntó Ángel, siguiéndole.
-No lo haremos. Nos encontrará ella.
-¿Quién eres tú, pequeña?
-Miriam.
-Miriam, ¿eh? Yo soy Shadow. No deberías estar aquí. Podría pasarte algo malo, ¿sabes?
-¿No has pensado que quizás quiero hacer algo malo?
Nada más salir del aeropuerto arrastrando las maletas, una joven de apenas veinte años, pelo castaño largo y ojos marrones se les acercó con pasos largos.
-Buenas, Shadow-saludó ella sonriendo y dándole dos besos.
-Hola, Lynx-respondió él, apartándose un poco-. Estos son...
-La Emperatriz y su “Ángel”-interrumpió ella, dándoles la mano-, he oído hablar de ellos. Encantada, me llamo Miriam.
Angela la examinó de arriba a abajo, fijándose en las All-Stars negras desgastadas, la falda y el chaleco a medio abrochar negros y la camisa blanca. Sobre su cabeza, al igual que Vladimir, llevaba un sombrero negro, que ella había adornado con una cinta rosa.
-¿Y ella es la asesina a la que buscábamos?-preguntó dirigiéndose a Vladimir, escéptica.
Antes de que terminase la frase, ella apareció detrás de Ángel, retorciéndole el brazo y haciendo que un gesto de dolor se reflejase en su rostro. Aflojó enseguida la presión y dejó que se masajease el hombro dolorido.
-Siento haberte usado de ejemplo, pero no soporto que me traten como a una cría-se disculpó.
-No sé por qué, pero me recuerdas a alguien-replicó Ángel sonriendo-. Por cierto, me tienes que enseñar a hacer eso. Vladimir no ha querido enseñarme.
-Ah, es muy fácil. Verás, causas una distracción con un gesto de la mano izquierda y, durante ese segundo, avanzas un paso y tiras de su brazo así...
Otra vez volvía a estar detrás de Ángel, agarrándole el brazo.
-¡Wow! Tengo que aprender a hacerlo-exclamó Ángel sonriendo.
-Bien, aclarado el punto de que puedo ayudaros, aclaremos el punto de que podéis ayudarme-dijo Miriam, poniéndose seria.
-Por supuesto-afirmó Vladimir, también serio-. ¿Qué necesitas?
-Cierto imbécil por quien pagan una fortuna-explicó sonriendo-. El muy idiota se ha escondido y soy incapaz de localizarle.
-Encontrar gente se me da bien-comentó Angela-. Necesito que me digas su nombre, yo moveré mis hilos.
Lynx sonrió.
-Se llama Pablo Tablas, pero no creo que lo encuentres. Es muy rico y tiene muchos contactos.
Angela descolgó su teléfono y se apartó unos cuantos metros.
-¿Y qué tal te va la vida, Shadow? ¿Sigues igual de serio?-preguntó sonriendo.
-No, se le ha quitado-interrumpió Ángel sonriendo-. Últimamente le he visto sonreír tres veces por lo menos.
-¿Tres? Vaya, sorprendente, cono lo frío que es...
-Recordáis que estoy aquí, ¿verdad?-retorizó Vladimir, poniendo los ojos en blanco y sonriendo.
-¿Ves? Otra vez-comentó Ángel, riéndose los dos a la vez.
-¿Estará enamorado?-bromeó Miriam, riéndose más fuerte, mientras un ligero rubor asomaba en las mejillas de Vladimir.
-Bucabas a Pablo Tablas, ¿cierto?-preguntó Angela, dándole una hoja con una dirección.
-¿Cómo lo has hecho?-preguntó, leyendo el nombre de la calle.
-Yo también tengo mis trucos.
-No estamos huyendo, sino buscando ayuda para protegeros...
-De la mafia italiana, ya, ya...-interrumpió Ángel.
-De ellos puedo protegeros solo, lo que no sé es si podré aguantaros mucho más tiempo-replicó Vladimir poniendo los ojos en blanco-. Y vamos a España.
-¿A España? Nunca he oído hablar sobre ningún asesino importante que viva allí-comentó Angie tratando de recordar todos los asesinos que había conocido.
-Eso es porque solo la conocen aquellos que ella quiere que la conozcan-replicó Vladimir, atravesando las puertas del aeropuerto.
-¿Y cómo la encontraremos?-preguntó Ángel, siguiéndole.
-No lo haremos. Nos encontrará ella.
-¿Quién eres tú, pequeña?
-Miriam.
-Miriam, ¿eh? Yo soy Shadow. No deberías estar aquí. Podría pasarte algo malo, ¿sabes?
-¿No has pensado que quizás quiero hacer algo malo?
Nada más salir del aeropuerto arrastrando las maletas, una joven de apenas veinte años, pelo castaño largo y ojos marrones se les acercó con pasos largos.
-Buenas, Shadow-saludó ella sonriendo y dándole dos besos.
-Hola, Lynx-respondió él, apartándose un poco-. Estos son...
-La Emperatriz y su “Ángel”-interrumpió ella, dándoles la mano-, he oído hablar de ellos. Encantada, me llamo Miriam.
Angela la examinó de arriba a abajo, fijándose en las All-Stars negras desgastadas, la falda y el chaleco a medio abrochar negros y la camisa blanca. Sobre su cabeza, al igual que Vladimir, llevaba un sombrero negro, que ella había adornado con una cinta rosa.
-¿Y ella es la asesina a la que buscábamos?-preguntó dirigiéndose a Vladimir, escéptica.
Antes de que terminase la frase, ella apareció detrás de Ángel, retorciéndole el brazo y haciendo que un gesto de dolor se reflejase en su rostro. Aflojó enseguida la presión y dejó que se masajease el hombro dolorido.
-Siento haberte usado de ejemplo, pero no soporto que me traten como a una cría-se disculpó.
-No sé por qué, pero me recuerdas a alguien-replicó Ángel sonriendo-. Por cierto, me tienes que enseñar a hacer eso. Vladimir no ha querido enseñarme.
-Ah, es muy fácil. Verás, causas una distracción con un gesto de la mano izquierda y, durante ese segundo, avanzas un paso y tiras de su brazo así...
Otra vez volvía a estar detrás de Ángel, agarrándole el brazo.
-¡Wow! Tengo que aprender a hacerlo-exclamó Ángel sonriendo.
-Bien, aclarado el punto de que puedo ayudaros, aclaremos el punto de que podéis ayudarme-dijo Miriam, poniéndose seria.
-Por supuesto-afirmó Vladimir, también serio-. ¿Qué necesitas?
-Cierto imbécil por quien pagan una fortuna-explicó sonriendo-. El muy idiota se ha escondido y soy incapaz de localizarle.
-Encontrar gente se me da bien-comentó Angela-. Necesito que me digas su nombre, yo moveré mis hilos.
Lynx sonrió.
-Se llama Pablo Tablas, pero no creo que lo encuentres. Es muy rico y tiene muchos contactos.
Angela descolgó su teléfono y se apartó unos cuantos metros.
-¿Y qué tal te va la vida, Shadow? ¿Sigues igual de serio?-preguntó sonriendo.
-No, se le ha quitado-interrumpió Ángel sonriendo-. Últimamente le he visto sonreír tres veces por lo menos.
-¿Tres? Vaya, sorprendente, cono lo frío que es...
-Recordáis que estoy aquí, ¿verdad?-retorizó Vladimir, poniendo los ojos en blanco y sonriendo.
-¿Ves? Otra vez-comentó Ángel, riéndose los dos a la vez.
-¿Estará enamorado?-bromeó Miriam, riéndose más fuerte, mientras un ligero rubor asomaba en las mejillas de Vladimir.
-Bucabas a Pablo Tablas, ¿cierto?-preguntó Angela, dándole una hoja con una dirección.
-¿Cómo lo has hecho?-preguntó, leyendo el nombre de la calle.
-Yo también tengo mis trucos.
Shadow IV
Por el rabillo del ojo, Angela observó la pistola que apuntaba directamente a su sien y que evitaba que hiciera uso de la suya para matar a aquel tipo cuya voz le resultaba tan familiar.
-Supongo que no me recuerdas, ¿verdad, Angie?-preguntó él, emitiendo una risa que más parecía un chirrido-. Date la vuelta.
Con lentitud, Angela obedeció y achicó los ojos tratando de distinguir la figura del hombre que la amenazaba, hundida en las sombras. Notando las dificultades que tenía la joven para reconocer su rostro, se movió ligeramente hacia la parte iluminada del callejón, dejando que la luz de la luna se posara sobre sus facciones.
Ante sí tenía a un hombre de treinta y tantos años, de pelo oscuro y ojos brillantes. Parecía que llevaba gafas, pero al notar que le faltaba parte del tabique y que carecía de orejas, se fijó más, distinguiendo las cicatrices en la piel que rodeaban sus ojos y ascendían hacia su sien y que causaban aquella primera impresión. Tenía el rostro enjuto y pálido, y unos labios finos y cortados por el frío, torcidos en una grotesca sonrisa malévola que mostraba sus dientes pequeños y afilados.
-Vamos, ¿en serio no me reconoces?-preguntó, produciendo otra vez su insoportable risa de hiena-. Hace mucho tiempo que no nos vemos, y por aquel entonces aún conservaba mi nariz y mis orejas. Intenta recordar, ¿te parece?
Angela se estrujaba los sesos tratando de recordar a quién le recordaba aquel hombre que la apuntaba con aquella pistola dorada.
Dorada, dorada...
Aquel detalle despertó sus recuerdos, asociando directamente aquel rostro horrible y demacrado a un nombre.
-Dimitri...-susurró entre dientes, conteniendo un escalofrío de miedo que ascendía por su espalda.
El hombre ensanchó su sonrisa y asintió con la cabeza.
-Exacto, Angie querida, soy Dimitri. El verdadero mejor asesino del mundo, como pronto todos sabrán-masculló apretando con fuerza la pistola.
Un segundo antes de que tuviera ocasión de apretar el gatillo, alguien a pocos metros de distancia apretó el suyo, haciendo que su bala impactase sobre el dedo índice del asesino y arrancándole un grito de dolor de lo más hondo de su ser.
La pistola dorada rodó por el suelo y Angela la alejó de una patada, apuntando ella también al engrendro sangrante en el que se había convertido Dimitri, que se acurrucaba en el suelo hecho un ovillo apretándose el dedo. Vladimir se colocó al lado de Angela en dos pasos, seguido de otra sombra de ojos blancos y pelo marrón que agarró la pistola dorada con la mano en la que llevaba un guante negro.
-¡Monstruo!-gritó Dimitri al reconocer a Shadow-. ¡Me has mutilado!
-Oh, no es tan horrible. Al fin y al cabo, ya lo hice antes, ¿no es cierto?-replicó Vladimir sin dejar de apuntarle.
La cara del asesino pretendía mostrar odio, pero el dolor que le causaba el hecho de que le faltaba un dedo y que el muñón sangraba abundantemente solo permitía que se le frunciera el ceño ligeramente.
En cierto momento en el que pareció recobrar su aplomo, se le escapó su risa de hiena, mientras les señalaba con la mano destrozada.
-Parecéis un chiste-gritó, riéndose solo-. ¿Hasta dónde pueden llegar un ex-cappo, su mano derecha y un asesino a sueldo perseguidos por la mafia italiana?
Vladimir se acercó lentamente y se agachó a su lado, sonriendo también.
-A ningún sitio-respondió-. Pero nosotros somos una ex-cappo, su mano derecha y el mejor asesino a sueldo perseguidos por la mafia italiana, y así podemos llegar a cualquier lugar.
Dimitri trató de escupirle a la cara, pero su saliva no tuvo duerza suficiente y cayó sobre su ojo derecho.
-¿Para quién trabajas esta vez, Dimitri?-preguntó Angela, acercándose.
-Que te follen, mocosa estú...
La bala atravesó su hombro izquierdo, produciendo una sonora fractura y el desgarro de la piel y el músculo y arrancándole otro grito sobrecogedor. El suelo se volvía cada vez más y más rojo.
-Repetiré la pregunta. ¿Para quién trabajas?
Dimitri no fue capaz de contestar, solo gimoteó y rodó dobre sí mismo, tratando de esquivar al dolor que tenía pegado a su cuerpo. Angela volvió a disparar, esta vez a su rodilla, y un trozo de la rótula salió despedido con el impacto. Dimitri gritó otra vez, deseando entrar en shock y desmayarse.
-Dos oportunidades más, Dimitri. ¿Para quién trabajas?
La masa sanguinolenta apretó los labios y cerró los ojos, preparándose para el impacto de la nueva bala, que atravesó su codo derecho.
Sabiendo que no respondería, Angela apuntó directamente a su boca deforme y manchada de sangre y, deleitándose un segundo con su sufrimiento, apretó el gatillo, haciendo que los dientes saltasen por lo aires entre las gotas de sangre. El cuerpo se retorció un poco más y, de pronto, se quedó paralizado.
-Supongo que no me recuerdas, ¿verdad, Angie?-preguntó él, emitiendo una risa que más parecía un chirrido-. Date la vuelta.
Con lentitud, Angela obedeció y achicó los ojos tratando de distinguir la figura del hombre que la amenazaba, hundida en las sombras. Notando las dificultades que tenía la joven para reconocer su rostro, se movió ligeramente hacia la parte iluminada del callejón, dejando que la luz de la luna se posara sobre sus facciones.
Ante sí tenía a un hombre de treinta y tantos años, de pelo oscuro y ojos brillantes. Parecía que llevaba gafas, pero al notar que le faltaba parte del tabique y que carecía de orejas, se fijó más, distinguiendo las cicatrices en la piel que rodeaban sus ojos y ascendían hacia su sien y que causaban aquella primera impresión. Tenía el rostro enjuto y pálido, y unos labios finos y cortados por el frío, torcidos en una grotesca sonrisa malévola que mostraba sus dientes pequeños y afilados.
-Vamos, ¿en serio no me reconoces?-preguntó, produciendo otra vez su insoportable risa de hiena-. Hace mucho tiempo que no nos vemos, y por aquel entonces aún conservaba mi nariz y mis orejas. Intenta recordar, ¿te parece?
Angela se estrujaba los sesos tratando de recordar a quién le recordaba aquel hombre que la apuntaba con aquella pistola dorada.
Dorada, dorada...
Aquel detalle despertó sus recuerdos, asociando directamente aquel rostro horrible y demacrado a un nombre.
-Dimitri...-susurró entre dientes, conteniendo un escalofrío de miedo que ascendía por su espalda.
El hombre ensanchó su sonrisa y asintió con la cabeza.
-Exacto, Angie querida, soy Dimitri. El verdadero mejor asesino del mundo, como pronto todos sabrán-masculló apretando con fuerza la pistola.
Un segundo antes de que tuviera ocasión de apretar el gatillo, alguien a pocos metros de distancia apretó el suyo, haciendo que su bala impactase sobre el dedo índice del asesino y arrancándole un grito de dolor de lo más hondo de su ser.
La pistola dorada rodó por el suelo y Angela la alejó de una patada, apuntando ella también al engrendro sangrante en el que se había convertido Dimitri, que se acurrucaba en el suelo hecho un ovillo apretándose el dedo. Vladimir se colocó al lado de Angela en dos pasos, seguido de otra sombra de ojos blancos y pelo marrón que agarró la pistola dorada con la mano en la que llevaba un guante negro.
-¡Monstruo!-gritó Dimitri al reconocer a Shadow-. ¡Me has mutilado!
-Oh, no es tan horrible. Al fin y al cabo, ya lo hice antes, ¿no es cierto?-replicó Vladimir sin dejar de apuntarle.
La cara del asesino pretendía mostrar odio, pero el dolor que le causaba el hecho de que le faltaba un dedo y que el muñón sangraba abundantemente solo permitía que se le frunciera el ceño ligeramente.
En cierto momento en el que pareció recobrar su aplomo, se le escapó su risa de hiena, mientras les señalaba con la mano destrozada.
-Parecéis un chiste-gritó, riéndose solo-. ¿Hasta dónde pueden llegar un ex-cappo, su mano derecha y un asesino a sueldo perseguidos por la mafia italiana?
Vladimir se acercó lentamente y se agachó a su lado, sonriendo también.
-A ningún sitio-respondió-. Pero nosotros somos una ex-cappo, su mano derecha y el mejor asesino a sueldo perseguidos por la mafia italiana, y así podemos llegar a cualquier lugar.
Dimitri trató de escupirle a la cara, pero su saliva no tuvo duerza suficiente y cayó sobre su ojo derecho.
-¿Para quién trabajas esta vez, Dimitri?-preguntó Angela, acercándose.
-Que te follen, mocosa estú...
La bala atravesó su hombro izquierdo, produciendo una sonora fractura y el desgarro de la piel y el músculo y arrancándole otro grito sobrecogedor. El suelo se volvía cada vez más y más rojo.
-Repetiré la pregunta. ¿Para quién trabajas?
Dimitri no fue capaz de contestar, solo gimoteó y rodó dobre sí mismo, tratando de esquivar al dolor que tenía pegado a su cuerpo. Angela volvió a disparar, esta vez a su rodilla, y un trozo de la rótula salió despedido con el impacto. Dimitri gritó otra vez, deseando entrar en shock y desmayarse.
-Dos oportunidades más, Dimitri. ¿Para quién trabajas?
La masa sanguinolenta apretó los labios y cerró los ojos, preparándose para el impacto de la nueva bala, que atravesó su codo derecho.
Sabiendo que no respondería, Angela apuntó directamente a su boca deforme y manchada de sangre y, deleitándose un segundo con su sufrimiento, apretó el gatillo, haciendo que los dientes saltasen por lo aires entre las gotas de sangre. El cuerpo se retorció un poco más y, de pronto, se quedó paralizado.
Shadow III
Vladimir caminaba incómodo entre la gente, sintiendo cómo su revolver se apretaba contra su cadera, dejando marcado el grabado de su culata en forma de serpiente sobre su piel. Hacía demasiados años que no sacaba el esmoquin del armario, y el tiempo se había encargado de fosilizarlo.
-Ángel, acércate un poco más a mí-indicó Ángela mirándole un momento.
Acelerando el paso, Vladimir se recolocó las lentillas y las extensiones marrones disimuladamente.
Angela llevaba un vestido rojo pasión ajustado, de escote palabra de honor que realzaba sus formas perfectas y combinaba con sus bailarinas, también rojas.
Aparte de un pequeño lunar sobre el labio pintado con lápiz de ojos, no llevaba maquillaje, y como único complemento llevaba un chal de gasa que ondeaba alrededor de sus brazos con sensualidad.
Su pelo, castaño como el de su hermano, estaba peinado hacia atrás y caía en cascada sobre sus hombros desnudos, haciendo ligeras ondas a la altura de sus orejas.
Aunque en un principio ella no debía saber nada, Ángel insistió en que se enteraría de cualquier forma, así que lo mejor era informarla y que colaborase. Y ella había aceptado.
Como Vladimir confirmó, había rumores de que iban a intentar traicionar a Angela en aquella fiesta, pero nadie sabía exactamente quién lo estaba organizando, y eso le preocupaba, porque quería decir que quien estaba detrás de todo aquello era alguien muy bueno.
Con un gesto elegante, retiró la silla de Angela y la invitó a sentarse, arrimando luego la silla a la mesa y quedándose detrás de ella, de pie, como hacían todos los brazos derechos. Las botellas de champagne fueron descorchadas y cada copa fue servida, preparadas para el brindis. Angela se levantó con la suya en la mano, a la altura del pecho, y carraspeó dulcemente para acallar los murmullos que habían comenzado a surgir.
-Como ya sabéis, estamos aquí para celebrar que ahora mismo, todos juntos, somos los...
Su discurso fue interrumpido al caer al suelo, arrastrada por Vladimir. El vaso de cristal se redujo a pedazos antes de caer, atravesado por una bala. El personal de seguridad de Angela se agachó también, protegidos por la mesa, y Vladimir sacó su revólver, sujetándolo casi con cariño. Agarrando a Angela con la mano derecha, se levantó de un salto y comenzó a correr hacia la salida al callejón, disimulada en la pared, disparando a aquellos que notaban su movimiento y trataban de apuntarles.
La Emperatriz trataba de correr detrás de él, pero Vladimir la arrastraba casi en volandas por los adoquines de Nápoles, caminando hacia los suburbios. A pesar del peso que cargaba, los pasos de Vladimir apenas se distinguían del resto de ruidos nocturnos, mientras que los pocos que daba Angela resonaban claramente.
Cuando Shadow notó que la pobre chica empezaba a estar cansada, a pesar de que trataba de aparentar fortaleza, entró en uno de los callejones poco iluminados y le indicó que se sentase en uno de los cajones de madera que había al fondo, mientras él seguía apuntando con su pistola a la parte del cielo estrellado que la boca del callejón dejaba ver. En cuanto estuvieron quietos notó que el olor a sangre flotaba en el callejón y se giró a contemplar a Angela.
En su brazo derecho tenía una herida, pero parecía superficial y solo sangraba ligeramente, tiñendo el chal de gasa de un tono más oscuro del que debería. Sin embargo, parecía que no se daba cuenta, manteniendo su imagen de estatua de hielo.
-Véndate la herida con el chal-susurró Vladimir.
Tratando de mantenerse silenciosa, aceptando que en aquella situación lo mejor que podía hacer era obedecer sin plantear quejas, se quitó el chal y se lo ató alrededor del brazo con fuerza, tratando de cortar la hemorragia.
Unos pasos muy bien disimulados llegaron a los oídos de Vladimir, que se puso alerta al instante y adoptó una postura felina, mezclándose con las sombras. Luego, acordándose de Angela, la cogió suavemente y la pegó a la pared, teniendo cuidado de que quedase lo más oculta posible.
-Coge tu pistola y dispara a cualquiera al que oigas llegar, ¿de acuerdo?-le susurró.
-¿Y si eres tú?-preguntó ella, dejando entrever su preocupación.
-Si fuera yo, no me oirías llegar-respondió Vladimir exhibiendo su sonrisa.
Sus voz se desvaneció al mismo tiempo que se mezclaba entre las sombras. Ella contuvo la respiración mientras los pasos del desonocido se acercaban, y agudizó el oído tratando de distinguir algún tipo de sonido de pelea, gritos, o algún tiro, pero no oyó nada.
Y aquel silencio, en lugar de calmar su ansiedad, solo conseguía ponerla más nerviosa, y a cada segundo su máscara sin sentimientos se derretía.
-No des un solo tiro-murmuró una voz parecida a un cuchillo de acero clavándose en su oído-, o te mato.
-Ángel, acércate un poco más a mí-indicó Ángela mirándole un momento.
Acelerando el paso, Vladimir se recolocó las lentillas y las extensiones marrones disimuladamente.
Angela llevaba un vestido rojo pasión ajustado, de escote palabra de honor que realzaba sus formas perfectas y combinaba con sus bailarinas, también rojas.
Aparte de un pequeño lunar sobre el labio pintado con lápiz de ojos, no llevaba maquillaje, y como único complemento llevaba un chal de gasa que ondeaba alrededor de sus brazos con sensualidad.
Su pelo, castaño como el de su hermano, estaba peinado hacia atrás y caía en cascada sobre sus hombros desnudos, haciendo ligeras ondas a la altura de sus orejas.
Aunque en un principio ella no debía saber nada, Ángel insistió en que se enteraría de cualquier forma, así que lo mejor era informarla y que colaborase. Y ella había aceptado.
Como Vladimir confirmó, había rumores de que iban a intentar traicionar a Angela en aquella fiesta, pero nadie sabía exactamente quién lo estaba organizando, y eso le preocupaba, porque quería decir que quien estaba detrás de todo aquello era alguien muy bueno.
Con un gesto elegante, retiró la silla de Angela y la invitó a sentarse, arrimando luego la silla a la mesa y quedándose detrás de ella, de pie, como hacían todos los brazos derechos. Las botellas de champagne fueron descorchadas y cada copa fue servida, preparadas para el brindis. Angela se levantó con la suya en la mano, a la altura del pecho, y carraspeó dulcemente para acallar los murmullos que habían comenzado a surgir.
-Como ya sabéis, estamos aquí para celebrar que ahora mismo, todos juntos, somos los...
Su discurso fue interrumpido al caer al suelo, arrastrada por Vladimir. El vaso de cristal se redujo a pedazos antes de caer, atravesado por una bala. El personal de seguridad de Angela se agachó también, protegidos por la mesa, y Vladimir sacó su revólver, sujetándolo casi con cariño. Agarrando a Angela con la mano derecha, se levantó de un salto y comenzó a correr hacia la salida al callejón, disimulada en la pared, disparando a aquellos que notaban su movimiento y trataban de apuntarles.
La Emperatriz trataba de correr detrás de él, pero Vladimir la arrastraba casi en volandas por los adoquines de Nápoles, caminando hacia los suburbios. A pesar del peso que cargaba, los pasos de Vladimir apenas se distinguían del resto de ruidos nocturnos, mientras que los pocos que daba Angela resonaban claramente.
Cuando Shadow notó que la pobre chica empezaba a estar cansada, a pesar de que trataba de aparentar fortaleza, entró en uno de los callejones poco iluminados y le indicó que se sentase en uno de los cajones de madera que había al fondo, mientras él seguía apuntando con su pistola a la parte del cielo estrellado que la boca del callejón dejaba ver. En cuanto estuvieron quietos notó que el olor a sangre flotaba en el callejón y se giró a contemplar a Angela.
En su brazo derecho tenía una herida, pero parecía superficial y solo sangraba ligeramente, tiñendo el chal de gasa de un tono más oscuro del que debería. Sin embargo, parecía que no se daba cuenta, manteniendo su imagen de estatua de hielo.
-Véndate la herida con el chal-susurró Vladimir.
Tratando de mantenerse silenciosa, aceptando que en aquella situación lo mejor que podía hacer era obedecer sin plantear quejas, se quitó el chal y se lo ató alrededor del brazo con fuerza, tratando de cortar la hemorragia.
Unos pasos muy bien disimulados llegaron a los oídos de Vladimir, que se puso alerta al instante y adoptó una postura felina, mezclándose con las sombras. Luego, acordándose de Angela, la cogió suavemente y la pegó a la pared, teniendo cuidado de que quedase lo más oculta posible.
-Coge tu pistola y dispara a cualquiera al que oigas llegar, ¿de acuerdo?-le susurró.
-¿Y si eres tú?-preguntó ella, dejando entrever su preocupación.
-Si fuera yo, no me oirías llegar-respondió Vladimir exhibiendo su sonrisa.
Sus voz se desvaneció al mismo tiempo que se mezclaba entre las sombras. Ella contuvo la respiración mientras los pasos del desonocido se acercaban, y agudizó el oído tratando de distinguir algún tipo de sonido de pelea, gritos, o algún tiro, pero no oyó nada.
Y aquel silencio, en lugar de calmar su ansiedad, solo conseguía ponerla más nerviosa, y a cada segundo su máscara sin sentimientos se derretía.
-No des un solo tiro-murmuró una voz parecida a un cuchillo de acero clavándose en su oído-, o te mato.
Shadow II
Poco tiempo después saldrían dos o tres chicos más a comprobar por qué el nuevo miembro no había transmitido la situación mediante el walkie-talkie, de modo que lo arrastró hacia una verja y lo tapó con las hojas caídas y después, de un salto, se encaramó a un árbol, agarrando con suavidad su viejo revólver en la diestra y la vieja daga que había adquirido en un viaje a Arabia en la siniestra.
Tal y como esperaba, quince minutos después un grupo de hombres salió del edificio agarrando sus fusiles de largo alcance, pero no eran dos o tres, sino seis.
-Parece que alguien está nervioso por aquí-susurró para sí, sonriéndose.
Apuntó con la pistola a la cabeza de uno de ellos y, antes de que se dieran cuenta de que los sesos de su compañero eran lo que manchaba sus trajes, otros dos cayeron muertos. Los tres pobres diablos que aún estaban en pie respondieron disparando al azar hacia las alturas.
-Ilusos...-masculló, saltando del árbol y mezclándose entre las sombras.
Nunca se había manchado de sangre, ni con la suya ni con la de sus víctimas, y aquellos pobres inexpertos no conseguirían rozarle con sus balas. Fallarían, como habían fallado otros tantos mejores que ellos.
Con pasos rápidos y silenciosos, rodeó al grupo entre las sombras y asaltó al primero que encontró a su pasó con su cuchillo, destrozando su garganta y convirtiendo un grito de terror en un gorgoteo de sangre caliente. Su compañero se dio cuenta demasiado tarde y la daga atravesó su costado izquierdo, introduciéndose en su corazón en apenas un segundo. Después volvió a sumirse en las sombras y se colocó detrás del árbol, contando.
Treintaicinco.
Treintaiséis.
Treintaisiete.
Treintaiocho.
Trentainueve.
Cuarenta.
Con pasos relajados salió de detrás del tronco y clavó sus ojos negros en los del hombre que le apuntaba con el rifle, que de pronto parecía horriblemente asustado. Apretó el gatillo con todas sus fuerzas, pero ninguna bala salió, como Vladimir sabía. El joven soltó su arma y retrocedió un par de pasos, señalándole con la mano.
-Sei... Sei un fantasma!-gritó antes de dar media vuelta y correr de vuelta a la base.
Vladimir sonrió para sí, halagado, y giró tranquilamente sobre sus talones.
-¿Y tú, Vladimir? ¿Qué quieres ser tú de mayor?
-¿Qué quiero ser...? Pues... No sé.
-Hombre, tendrás que saberlo. De algo tendrás que vivir, ¿no?
-¿Y si no quiero vivir?
-Si, buenos días, quería comprobar el saldo de mi cuenta bancaria-dijo Vladimir.
-De acuerdo, veamos... Ha recibido un ingreso de seiscientos mil euros-respondió la banquera, con un mal disimulado tono de sorpresa en la voz-. ¿Hay algún error?
-No, qué va. Pero quiero que transfiera cien mil de esos euros a esta cuenta, ¿de acuerdo?-pidió, pasándole un papel con un número de cuenta bancaria apuntado y dirigiéndole una de sus sonrisas glaciales-. Gracias.
Su traje negro contrastaba contra el blanco brillante del exterior mientras cruzaba la puerta.
Vladimir se colocó las grandes gafas de sol negras sobre los ojos y miró a su alrededor, buscando tiradores, más por costumbre que por miedo. No vio a nadie en las azoteas, ni sintió el ligerísimo calor del punto rojo en su nuca, pero sí se dio cuenta de que había alguien observándole.
Empezó a caminar fingiendo no haberlo notado y, un par de manzanas mas abajo, se metió en un callejón y esperó a que el joven entrase para asaltarle y pegarlo a la pared con las manos agarradas a la espalda.
-Vale, vale, me rindo... otra vez-masculló el chico.
Vladimir le retorció un poco más el brazo y le soltó enseguida.
-Nunca más vuelvas a seguirme, ¿entendido?-ordenó con un tono que habría podido congelar una hoguera.
-Sabes que volveré a hacerlo, es parte de mi encanto-replicó el otro, sonriendo.
A pesar de su aspecto infantil, sus ojos blanquecinos parecían los de alguien con mucha experiencia. Era un chico agraciado, con largos cabellos castaños muy lisos, unos labios finos y una piel bronceada protegiendo un cuerpo bien trabajado durante años.
-¿Cómo lo haces para pillarme siempre?-preguntó masajeándose el brazo.
-No te sientas mal, he descubierto a asesinos mejores que tú-respondió saliendo del callejón, dando por zanjada la conversación.
-¿No me preguntas que cómo estoy y esas cosas?
-¿En serio crees que me importa?
-Soy la mano derecha de tu jefa, deberías...
Vladimir le agarró por la chaqueta y volvió a pegarle al muro, levantándole en volandas.
-Como diría tu hermana, “yo no tengo jefes, cielo”-le interrumpió.
Luego le dejó caer al suelo y siguió andando.
-A veces eres un borde, ¿lo sabías?
-¿Solo a veces?-preguntó mientras sonreía.
-Cielos, parece que es verdad que últimamente sonríes mucho. ¿Te estarás volviendo blando con los años?
-Solo tengo veintisiete, Ángel-replicó-. ¿Tan viejo se me ve?
-Humm... Hombre, sin el sombrero y la gabardina, no tanto.
-Hum... ¿Gracias? Querías que te preguntara qué tal estás, ¿no?
-Pues sí, y te diré que estoy genial. A este paso, dentro de poco empezaremos a “trabajar” en Francia-respondió alegremente.
-Me alegro por vosotros.
-No seas modesto, tu trabajo de ayer ha conseguido que los pocos que no colaboraban con nosotros piensen que tenemos un “fantasma” entre nosotros-rió Ángel.
-Sin embargo, supongo que si estás aquí no es por el placer de mi conversación. ¿Me equivoco?
-Desgraciadamente, tienes razón. Tengo un nuevo trabajo, y no es precisamente fácil...
Tal y como esperaba, quince minutos después un grupo de hombres salió del edificio agarrando sus fusiles de largo alcance, pero no eran dos o tres, sino seis.
-Parece que alguien está nervioso por aquí-susurró para sí, sonriéndose.
Apuntó con la pistola a la cabeza de uno de ellos y, antes de que se dieran cuenta de que los sesos de su compañero eran lo que manchaba sus trajes, otros dos cayeron muertos. Los tres pobres diablos que aún estaban en pie respondieron disparando al azar hacia las alturas.
-Ilusos...-masculló, saltando del árbol y mezclándose entre las sombras.
Nunca se había manchado de sangre, ni con la suya ni con la de sus víctimas, y aquellos pobres inexpertos no conseguirían rozarle con sus balas. Fallarían, como habían fallado otros tantos mejores que ellos.
Con pasos rápidos y silenciosos, rodeó al grupo entre las sombras y asaltó al primero que encontró a su pasó con su cuchillo, destrozando su garganta y convirtiendo un grito de terror en un gorgoteo de sangre caliente. Su compañero se dio cuenta demasiado tarde y la daga atravesó su costado izquierdo, introduciéndose en su corazón en apenas un segundo. Después volvió a sumirse en las sombras y se colocó detrás del árbol, contando.
Treintaicinco.
Treintaiséis.
Treintaisiete.
Treintaiocho.
Trentainueve.
Cuarenta.
Con pasos relajados salió de detrás del tronco y clavó sus ojos negros en los del hombre que le apuntaba con el rifle, que de pronto parecía horriblemente asustado. Apretó el gatillo con todas sus fuerzas, pero ninguna bala salió, como Vladimir sabía. El joven soltó su arma y retrocedió un par de pasos, señalándole con la mano.
-Sei... Sei un fantasma!-gritó antes de dar media vuelta y correr de vuelta a la base.
Vladimir sonrió para sí, halagado, y giró tranquilamente sobre sus talones.
-¿Y tú, Vladimir? ¿Qué quieres ser tú de mayor?
-¿Qué quiero ser...? Pues... No sé.
-Hombre, tendrás que saberlo. De algo tendrás que vivir, ¿no?
-¿Y si no quiero vivir?
-Si, buenos días, quería comprobar el saldo de mi cuenta bancaria-dijo Vladimir.
-De acuerdo, veamos... Ha recibido un ingreso de seiscientos mil euros-respondió la banquera, con un mal disimulado tono de sorpresa en la voz-. ¿Hay algún error?
-No, qué va. Pero quiero que transfiera cien mil de esos euros a esta cuenta, ¿de acuerdo?-pidió, pasándole un papel con un número de cuenta bancaria apuntado y dirigiéndole una de sus sonrisas glaciales-. Gracias.
Su traje negro contrastaba contra el blanco brillante del exterior mientras cruzaba la puerta.
Vladimir se colocó las grandes gafas de sol negras sobre los ojos y miró a su alrededor, buscando tiradores, más por costumbre que por miedo. No vio a nadie en las azoteas, ni sintió el ligerísimo calor del punto rojo en su nuca, pero sí se dio cuenta de que había alguien observándole.
Empezó a caminar fingiendo no haberlo notado y, un par de manzanas mas abajo, se metió en un callejón y esperó a que el joven entrase para asaltarle y pegarlo a la pared con las manos agarradas a la espalda.
-Vale, vale, me rindo... otra vez-masculló el chico.
Vladimir le retorció un poco más el brazo y le soltó enseguida.
-Nunca más vuelvas a seguirme, ¿entendido?-ordenó con un tono que habría podido congelar una hoguera.
-Sabes que volveré a hacerlo, es parte de mi encanto-replicó el otro, sonriendo.
A pesar de su aspecto infantil, sus ojos blanquecinos parecían los de alguien con mucha experiencia. Era un chico agraciado, con largos cabellos castaños muy lisos, unos labios finos y una piel bronceada protegiendo un cuerpo bien trabajado durante años.
-¿Cómo lo haces para pillarme siempre?-preguntó masajeándose el brazo.
-No te sientas mal, he descubierto a asesinos mejores que tú-respondió saliendo del callejón, dando por zanjada la conversación.
-¿No me preguntas que cómo estoy y esas cosas?
-¿En serio crees que me importa?
-Soy la mano derecha de tu jefa, deberías...
Vladimir le agarró por la chaqueta y volvió a pegarle al muro, levantándole en volandas.
-Como diría tu hermana, “yo no tengo jefes, cielo”-le interrumpió.
Luego le dejó caer al suelo y siguió andando.
-A veces eres un borde, ¿lo sabías?
-¿Solo a veces?-preguntó mientras sonreía.
-Cielos, parece que es verdad que últimamente sonríes mucho. ¿Te estarás volviendo blando con los años?
-Solo tengo veintisiete, Ángel-replicó-. ¿Tan viejo se me ve?
-Humm... Hombre, sin el sombrero y la gabardina, no tanto.
-Hum... ¿Gracias? Querías que te preguntara qué tal estás, ¿no?
-Pues sí, y te diré que estoy genial. A este paso, dentro de poco empezaremos a “trabajar” en Francia-respondió alegremente.
-Me alegro por vosotros.
-No seas modesto, tu trabajo de ayer ha conseguido que los pocos que no colaboraban con nosotros piensen que tenemos un “fantasma” entre nosotros-rió Ángel.
-Sin embargo, supongo que si estás aquí no es por el placer de mi conversación. ¿Me equivoco?
-Desgraciadamente, tienes razón. Tengo un nuevo trabajo, y no es precisamente fácil...
Shadow
El aire estaba viciado por el olor a tabaco, colonia barata y alcohol, y las paredes, en su día blancas, se habían amarilleado con el tiempo, como la barra de madera, comida por las termitas y semipodrida por la humedad.
Los tipos que había allí dentro parecían parte del ambiente, vestidos con trajes de segunda o tercera mano y abrigos raídos por el tiempo y llenos de remiendos. Él era el único que llevaba sombrero, a pesar de que hacía años que parecían haber sido olvidados en los armarios de toda Italia, y la gabardina beis de Armani dejaba claro que él no debía estar allí.
Se sentó al fondo de la barra y agarró la jarra de cerveza rancia y carente de burbujas que el camarero le ofrecía, probablemente porque era la única bebida que ofrecía desde hacía años. Mientras esperaba le dio un trago y, como sospechaba, aquella bebida encajaba a la perfección en aquel sitio, con el mismo olor a podrido y un asqueroso sabor a orín.
Ella llegó cinco minutos después, envuelta en su chaleco de bisón y bañada en Channel nº 4. Montada sobre sus tacones plateados, caminó entre las miradas lascivas hacia él y se sentó a su lado, rechazando la cerveza con un gesto.
-¿Sigues usando sombrero, Vladimir?-preguntó sonriéndole amablemente-. Hace años que nadie los usa, aunque es una lástima. Son un complemento tan... No sé, me recuerdan a Casablanca, o El Padrino. Buenos tiempos, aquellos...
-En aquella época ni siquiera eras un proyecto en la mente de tus padres, ¿sabías?-la sonrisa se le borró en el acto. No soportaba que la gente la tratase como una cría-. ¿Por qué me has citado aquí? Llamas tanto la atención como un extraterrestre en la cola del paro.
-¿No pretenderás que nos reunamos en un restaurante de caviar y langosta? Hay oídos en todas partes, cielo-replicó recuperando su sonrisa-. ¿No me preguntas cómo estoy?
-Los tres guardaespaldas de ahí fuera se encargan de que lo estés, ¿no?-respondió Vladimir friamente, clavando su mirada en el fondo de su vaso-. ¿Cuál es el encargo esta vez?
-Bueno, si tanto insistes, te diré que estoy muy bien, los negocios me van de maravilla, excepto por un pequeño problemilla, ¿sabes?
Frunció el ceño e hizo pucheros, dándole un aspecto encantador de niña pequeña.
-Para solucionar esos pequeños problemillas estoy yo, ¿no es así?-comentó Vladimir dedicándole una sonrisa.
-¡Has sonreído! ¡Quién lo hubiera imaginado!-exclamó Angela aplaudiendo forzadamente-. Gracias por ofrecerte a ayudarme. Verás, hay unos pocos chicos malos...
-¿Cuántos son unos pocos?
-Ah, nada importante, treinta, cuarenta... Pero no te preocupes, no será un problema para ti-añadió quitándole importancia-. Al fin y al cabo, ¿no eres Vladimir “Shadow”?
Su sonrisa se transformó en un gesto de seriedad y clavó sus ojos grises en los de él, analizándolos en busca de algún atisbo de duda o de debilidad.
-¿Me deshago de todos o solo quieres que sea un pequeño escarmiento?-respondió él, aguantándole la mirada.
-Solo un escarmiento. Mira que no querer colaborar conmigo... En fin, espero no tener que volver a recurrir a ti en mucho tiempo, así que no sé cuándo volveremos a vernos.
Con un grácil salto se bajó de la silla, le dio dos besos y, moviendo sus caderas al son de sus pasos, salió del local dejando tras de sí un aura de limpieza que resultaba irónica para todo aquel que conociese bien a la Emperatriz.
Después de tragarse el resto de la cerveza de un trago salió del local al tiempo que su PDA le informaba de un mensaje, tal y como esperaba.
Fotos de los miembros, horarios de guardias, puntos flacos, localización de la sede... Los espías de la joven “dueña” de Italia eran los mejores del mundo, y se les pagaba como tales.
El cigarrillo se terminó de consumir y, con un rápido gesto, lo lanzó al suelo y lo aplastó, convirtiéndose en parte del entorno de colillas que le rodeaban. Según su reloj, el turno de guardia cambiaría un par de minutos después, y no había ni un segundo que perder.
Sigilosamente se deslizó entre los arbustos y se preparó para saltar sobre el joven que acababa de salir del edificio. Durante un segundo sintió lástima por el pobre chico de veinte años, pero, como siempre, no dudó al lanzarse sobre él y romperle el cuello con precisión y rapidez.
Inspiración: -2%
Las agujas del reloj tiemblan y se mueven a velocidad de vértigo, y él no consigue dos frases decentes.
Así que empieza a revolver su mundo, cajón a cajón, mirando en los armarios, buscando algún atisbo de inspiración o, al menos, el recuerdo de algo bello que contarle al mundo.
Pero aquella musa que había atado a la silla se ha ido, y se ha llevado con ella toda la inspiración que le había extraído.
Y está delante del papel, pluma en mano, jugueteando nerviosamente con ella, buscando en su tinta algún retazo de belleza que dejar caer en la hoja.
No debe desistir, debe escribir algo bello, debe escribir algo, aunque sean palabras creadas para complacer al mundo.
Ahora le basta con que sean bellas, da igual si están vacías.
Pero todo su léxico se queda dentro de su cuerpo, los verbos se niegan a aparecer y los adjetivos se muestran vagos e imprecisos. No hay sustantivos para designar lo que desea.
Maldito el momento en que decidió encadenarse a la mesa para no desistir.
Así que empieza a revolver su mundo, cajón a cajón, mirando en los armarios, buscando algún atisbo de inspiración o, al menos, el recuerdo de algo bello que contarle al mundo.
Pero aquella musa que había atado a la silla se ha ido, y se ha llevado con ella toda la inspiración que le había extraído.
Y está delante del papel, pluma en mano, jugueteando nerviosamente con ella, buscando en su tinta algún retazo de belleza que dejar caer en la hoja.
No debe desistir, debe escribir algo bello, debe escribir algo, aunque sean palabras creadas para complacer al mundo.
Ahora le basta con que sean bellas, da igual si están vacías.
Pero todo su léxico se queda dentro de su cuerpo, los verbos se niegan a aparecer y los adjetivos se muestran vagos e imprecisos. No hay sustantivos para designar lo que desea.
Maldito el momento en que decidió encadenarse a la mesa para no desistir.
jueves, 5 de noviembre de 2015
Querida enemiga
Querida enemiga empezare con un me alegro
me alegro de que el tiempo te haya puesto en tu lugar
de que tu mundo rosa se haya vuelto negro
y en vez de ego tengas ganas de llorar
por dañar de esa manera a quien no se lo merecia
por engañar como una zorra al que caia
y se creia, que tus te quiero eran verdad
y conseguias que te dieran hasta lo que no tenian
he sido tu juguete como tantos tambien fueron
me pudre tanta rabia que te tengo
me alegro que estes sola y sola te mueras del asco
y vayas mendigando ayuda a los que te quisieron
que mires el cielo y ya no encuentres un perdon
que te pueda la ansiedad y acabes en cualquier rincon
y que lo unico que sientas sea el frio de ese suelo
que es casi tan frio como tu y tu corazon
que jamas emprendas vuelo porque el viento va de cara
y el huracan lo sientas dentro tu cabeza
que sientas como te apuñalan siempre por la espalda
aquellos que como tu prometieron sin dar nada
Me alegro que te vaya tan jodidamente mal
que no puedas dormir pensando lo poco que vales
por joderme la vida y arruinarme cada plan
por hacerme sentir como una mierda tantos meses
Por ilusionarme destrozandome por dentro
porque un hola tuyo envenenaba
he aprendido que el amor es una fiesta de disfraces
no gana el que mas quiere, gana el que mas finje hacerlo
Me alegro de que pueda verte siempre por la calle
haciendo la mongola con el movil en la mano
fingiendo que una amigo te abrio chat y habla contigo?
que pase por tu lado y el movil no este encendido
Solo sueño que te devuelvan el daño
que sufras de por vida y no lo cuentes
que levantes la vista algun segundo
y solo puedas encontrarte con 4 paredes
que vayas a comer y se te encoja el puto estomago
que vomites y vomites sin parar
que te mires al espejo y te des asco
traga esas palabras que decias para acomplejar
que te pudras igual que me pudri yo
llorando en una cama porque no te queda nada
rezando para que no suene ya el despertador
que llegue un puto cambio en esa vida que no llegara
Que le jodan al karma si te odio
si deseo que te pase lo peor
a tu puto amor de patio de colegio
y a cada tonteo que tu puta amiga se calló
los 2 sabemos bien en que me has convertido
los 2 sabemos de sobra como te va
y si me escuchas dios te pido dale fuerzas,
para que no se derrumbe y pueda continuar
que encuentres en tu vida la esperenza
algun motivo pa luchar y vivas engañada
que te haga quedarte aqui mucho mas tiempo
para que sepas lo que duele respirar... estando muerta por dentro
me alegro de que el tiempo te haya puesto en tu lugar
de que tu mundo rosa se haya vuelto negro
y en vez de ego tengas ganas de llorar
por dañar de esa manera a quien no se lo merecia
por engañar como una zorra al que caia
y se creia, que tus te quiero eran verdad
y conseguias que te dieran hasta lo que no tenian
he sido tu juguete como tantos tambien fueron
me pudre tanta rabia que te tengo
me alegro que estes sola y sola te mueras del asco
y vayas mendigando ayuda a los que te quisieron
que mires el cielo y ya no encuentres un perdon
que te pueda la ansiedad y acabes en cualquier rincon
y que lo unico que sientas sea el frio de ese suelo
que es casi tan frio como tu y tu corazon
que jamas emprendas vuelo porque el viento va de cara
y el huracan lo sientas dentro tu cabeza
que sientas como te apuñalan siempre por la espalda
aquellos que como tu prometieron sin dar nada
Me alegro que te vaya tan jodidamente mal
que no puedas dormir pensando lo poco que vales
por joderme la vida y arruinarme cada plan
por hacerme sentir como una mierda tantos meses
Por ilusionarme destrozandome por dentro
porque un hola tuyo envenenaba
he aprendido que el amor es una fiesta de disfraces
no gana el que mas quiere, gana el que mas finje hacerlo
Me alegro de que pueda verte siempre por la calle
haciendo la mongola con el movil en la mano
fingiendo que una amigo te abrio chat y habla contigo?
que pase por tu lado y el movil no este encendido
Solo sueño que te devuelvan el daño
que sufras de por vida y no lo cuentes
que levantes la vista algun segundo
y solo puedas encontrarte con 4 paredes
que vayas a comer y se te encoja el puto estomago
que vomites y vomites sin parar
que te mires al espejo y te des asco
traga esas palabras que decias para acomplejar
que te pudras igual que me pudri yo
llorando en una cama porque no te queda nada
rezando para que no suene ya el despertador
que llegue un puto cambio en esa vida que no llegara
Que le jodan al karma si te odio
si deseo que te pase lo peor
a tu puto amor de patio de colegio
y a cada tonteo que tu puta amiga se calló
los 2 sabemos bien en que me has convertido
los 2 sabemos de sobra como te va
y si me escuchas dios te pido dale fuerzas,
para que no se derrumbe y pueda continuar
que encuentres en tu vida la esperenza
algun motivo pa luchar y vivas engañada
que te haga quedarte aqui mucho mas tiempo
para que sepas lo que duele respirar... estando muerta por dentro
martes, 3 de noviembre de 2015
In the shadows
Pum pum.
El latido lejano de un corazón despierto.
Con los ojos entornados, escuadriñando la oscuridad, buscando al vivo que se atreve a adentrarse en tierra de muertos. ¿No sabe que, a este lado de la sala, los sentimientos están prohibidos?
Pum pum.
Demasiado cerca, y cada vez suena más claro.
Es un corazón vivo, muy vivo, y en su resonar se presienten las cicatrices que deben surcarlo. Pero las tinieblas protegen al desconocido que se atreve a entrar en esta zona, donde ninguno queremos ser felices para evitar sufrir luego.
Pum pum.
¿Quién podría querer entrar?
Aquí todos hemos caído por obligación. O por no tener ganas de estar vivos ni muertos del todo.
Pum(pum) pum(pum).
¿Qué ha sido ese eco? ¿Es, quizá, un corazón enfermo que viene aquí a morir?
Pum(pum) pum(pum)
Un escalofrío. Eso no es un eco; es otro corazón. Débil, pero vivo.
Que conste, desconocido, que es tu culpa el renacer de este corazón cansado.
'-Mentir no tiene sentido a estas alturas, así que dime de una vez si esto tuvo en algún momento una mínima relevancia para ti.
-Vale, mentir puede no tener sentido, pero, ¿hacerte daño a propósito sí lo tiene?'
El latido lejano de un corazón despierto.
Con los ojos entornados, escuadriñando la oscuridad, buscando al vivo que se atreve a adentrarse en tierra de muertos. ¿No sabe que, a este lado de la sala, los sentimientos están prohibidos?
Pum pum.
Demasiado cerca, y cada vez suena más claro.
Es un corazón vivo, muy vivo, y en su resonar se presienten las cicatrices que deben surcarlo. Pero las tinieblas protegen al desconocido que se atreve a entrar en esta zona, donde ninguno queremos ser felices para evitar sufrir luego.
Pum pum.
¿Quién podría querer entrar?
Aquí todos hemos caído por obligación. O por no tener ganas de estar vivos ni muertos del todo.
Pum(pum) pum(pum).
¿Qué ha sido ese eco? ¿Es, quizá, un corazón enfermo que viene aquí a morir?
Pum(pum) pum(pum)
Un escalofrío. Eso no es un eco; es otro corazón. Débil, pero vivo.
Que conste, desconocido, que es tu culpa el renacer de este corazón cansado.
'-Mentir no tiene sentido a estas alturas, así que dime de una vez si esto tuvo en algún momento una mínima relevancia para ti.
-Vale, mentir puede no tener sentido, pero, ¿hacerte daño a propósito sí lo tiene?'
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