martes, 10 de noviembre de 2015

Inspiración: -2%

Las agujas del reloj tiemblan y se mueven a velocidad de vértigo, y él no consigue dos frases decentes.
Así que empieza a revolver su mundo, cajón a cajón, mirando en los armarios, buscando algún atisbo de inspiración o, al menos, el recuerdo de algo bello que contarle al mundo.
Pero aquella musa que había atado a la silla se ha ido, y se ha llevado con ella toda la inspiración que le había extraído.
Y está delante del papel, pluma en mano, jugueteando nerviosamente con ella, buscando en su tinta algún retazo de belleza que dejar caer en la hoja.
No debe desistir, debe escribir algo bello, debe escribir algo, aunque sean palabras creadas para complacer al mundo.
Ahora le basta con que sean bellas, da igual si están vacías.
Pero todo su léxico se queda dentro de su cuerpo, los verbos se niegan a aparecer y los adjetivos se muestran vagos e imprecisos. No hay sustantivos para designar lo que desea.
Maldito el momento en que decidió encadenarse a la mesa para no desistir.

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