domingo, 29 de noviembre de 2015

Presiento que las palabras se han enemistado conmigo, pero no sé por qué.
Noto que al sentarme frente pluma en mano, buscando algún resquicio de ilusión, un hilo de inspiración para tirar de él y crear una nueva entrada a mi mundo, este no aparece. Y digo que no aparece sabiendo que ni tan siquiera está.
Podría, una y otra vez, escribir sobre lo mismo cambiando las palabras para ocultar la similitud descaradamente; de hecho, durante mucho tiempo lo hice, creando así monstruos, engendros de la naturaleza sin el más mínimo significado y cuya única virtud resultó ser un exterior bello y dulce, perfecto para complacer. Pero sé que no debo.
Sin embargo, no es imaginación lo que me falta. Textos largos, eternos, narrativos en lugar de sentimentaloides... Para esos tengo palabras de sobra. Ahí son las ganas las que fallan.
Quizá es que me he consumido, que se me han acabado las ideas en pleno auge léxico, y quizá deba entonces retirarme para descansar de una vez y para siempre...

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