miércoles, 7 de septiembre de 2016

La costurera

¡Oh, pequeño...! Ven aquí, deja que te vea.
Acércate, no tengas miedo. Solo es una vela, un poco de luz para verte, y prometo no contarle a nadie lo que encuentre. Si lo hiciese, ¿de qué viviría esta pobre vieja?
Shhh, no digas nada. Con este corazón no sé ni como puedes caminar. ¿Qué le han hecho a mi pequeño? ¡Qué roto está, y qué afilados son los bordes! Es un trabajo difícil, sin duda. Esto no es una ruptura, ni un desamor cualquiera... ¿Murió, querido? Veo que lloras. No, no tengas miedo, no lo escondas. Una vieja como yo ha visto llorar a muchos hombres y te puede decir que no es un signo de debilidad.
¡Ay!, qué amargas y frías son tus lágrimas, pequeño. ¿Cuánto tiempo has estado guardándolas? Parecen lágrimas de toda una vida...
Puedo ayudarte. Me alegro, porque te juro que me duele rechazar a aquellos a los que no puedo ayudar. Ya sabes, a esos que se destruyen el corazón ellos solos. A esos nadie puede ayudarlos, y cuando se lo tengo que decir... No hablemos más de eso, ¿vale? A ti si puedo ayudarte. Pero antes debes conocer el precio, claro; a lo mejor no estás dispuesto a pagarlo.
¡No digas tonterías!, yo no robo almas, eso son solo rumores. No podría quedármelas aunque quisiera, son demasiado frágiles y etéreas. ¿Dónde las guardaría? ¿Y de qué me servirían?
Pero me sorprendes, pequeño. Pensabas que te quitaría el alma y, aun así, has venido hasta aquí. Bueno, chico, pues te confieso que soy cara, pero no tanto. Vendo mis dedos por mucho menos de lo que valen en realidad. Para un trabajo como el tuyo necesitaría... No sé, ¿qué te parece algo de amor?
¡Claro que no! Una caricia, un beso, una noche de placer no son amor. Verás, cuando te recomponga el corazón, antes de poner la última pieza, cogeré un poco de amor, apenas un puñado, y me lo quedaré. Te prometo que no será nada, ni siquiera te darás cuenta. Si te vuelves a enamorar será un poco... menos poderoso, pero nada más. Solo será un poquito, te lo prometo. Y además, los corazones pierden sentimientos sin querer con el paso de los años, no puede arreglarse. Por eso el primer amor -el de verdad, no esos caprichos de juventud- es el más fuerte, el que nunca se olvida, y los demás ya no valen tanto.
Entonces, ¿trato hecho?
Me alegro. Siéntate, aquí, cerca de la vela. Madre santa, qué estropicio. Ahora que lo veo bien... Has estado tocándotelo, ¿no es cierto? Intentaste arreglarlo. ¡Qué temeridad! Semejantes destrozos son difíciles hasta para mí, una anciana de dedos ágiles que se gana la vida con esto. En fin, da igual, me he comprometido a ayudarte. ¡No! No mires. Es un proceso muy feo, empeora mucho antes de arreglarse. Mastica un poco de sueño si ves que duele, pero ten cuidado con la cantidad: si te pasas puede que nunca despiertes.
Y, dime, ¿cómo era ella? Seguro que era hermosa, la más hermosa de todas. Con el pelo largo, fino y sedoso, labios carnosos, una naricita muy graciosa y unos ojos brillantes. ¿Que si soy adivina? No te ofendas, chico, pero todos los enamorados sois iguales, y ya llevo muchos años en este negocio como para no reconocer el perfil. Pero pareces muy joven, ¿estabais casados o...? ¿No? Ya veo. Está bien, yo ya no tengo reparos con esas cosas. Un papel firmado y sellado no significa nada, yo sé cuánto se quiere a alguien por el estado del corazón cuando me lo traen, y es obvio que la querías mucho. Pobrecito, tan joven y tan solo. Conozco a alguien, una chica que me llegó con el corazón tan roto como el tuyo. Quizá podría hablar con el Destino y hacer que os encontraseis.
No digas que no tan pronto, hijo mío. Dentro de un par de días tus heridas habrán cerrado y querrás enamorarte de nuevo, y te aseguro que ella te encantaría.
Claro, si no quieres no lo haré, no te preocupes. Solo te ofrecía un regalo, una compensación. El Destino ha sido cruel contigo, pero veo que tampoco quieres favores. Puede que al final sí seas de los que se destruyen el corazón...
Ya casi hemos terminado, así que suelta ese sueño, que ya has tomado muchos. Si sigo siendo tan generosa con todos los que venís esto va a dejar de serme rentable, pequeño.
Bien, última pieza. Ahora voy a coger el amor. No te preocupes, te prometo que no sentirás nada, en serio. Bien, veamos... ¡Aquí está! Pásame ese frasco de allí, ¡rápido!
Gracias. Vaya, es un amor muy bonito, ¿sabes? Puro, cálido y muy brillante. De los mejores que he visto nunca, chico. Podrías poner una tienda, tus sentimientos son de calidad y estoy segura de que te pagarían bien por ellos.
Sí, vale, ya termino. Solo intentaba ayudarte, no te ofendas tanto. Vamos a coser este último trozo, con mucho cuidado. Una punzadita más y esto estará terminado... ¡Listo! Observa el resultado. ¿No te parece precioso? Como nuevo. He tenido cuidado para que las cicatrices sean muy finas cuando cierren las heridas, nadie notará la diferencia.
Pero no te quedes ahí plantado, bobo. Pruébalo. Deja que esta pobre vieja vea esa preciosa máquina tuya de nuevo en funcionamiento. ¿Ves? Ni un punto se ha saltado, está perfecto. Cada pieza en su lugar, y bien cosida, sin agujeros ni fugas. Uno de mis mejores trabajos.
Y ahora, pequeño, vuelve por donde has venido. Si te quedas mucho tiempo aquí con ese corazón tan bonito alguien querrá robártelo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario