Tengo miedo.
Miedo a quererte, a no quererte, a que me importes y a que me seas indiferente. Me da miedo que sepas sacar lo mejor y lo peor de mí, que seas capaz de llevarme de las nubes al infierno y viceversa en cuestión de instantes, que me aceleres el corazón y me lo pares con una sola palabra, una mirada o una sonrisa.
Me produce pánico que me quites la respiración sin intentarlo, y que tengas control sobre todas y cada una de mis emociones sin ser siquiera consciente. Me preocupa que mi día sea blanco o negro dependiendo de ti y no del imparcial sol.
Me da rabia sentirme débil, dependiente, y que tú me veas tan débil. Me molesta tenerte al lado y no ser capaz de extender la mano para sentirte, me deprime ver que te alejas y no saber cómo evitarlo.
Odio que me hagas sentirme especial con una sola mirada, y que me amargues cuando no puedo hacer nada para cambiar tu humor, que seas capaz de destruirme y reconstruirme desde cero cada mañana con solo verte.
Pero, en el fondo, disfruto montando en esta montaña rusa que es quererte.
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