Allí se encontraba, sentado entre las sombras, embriagado por los dulces aromas del pasado.
En su mano, temblando peligrosamente, una copa de vino a medio acabar; en la otra, una pistola cargada.
Lenta, muy lentamente, levantó la mano y posó el cañón del arma en su sien derecha.
Y apretó el gatillo.
Ninguna bala salió, sin embargo, de aquella pistola. Sonrió, y dejó caer al suelo el vaso.
Frente a él, tumbada desnuda en la cama, cubierta solo por la fina seda de las sábanas, estaba ella, con el mismo rostro dulce, la misma sonrisa angelical y los mismos ojos amables, de un azul casi transparente, que tantas horas había utilizado en memorizar.
Con un gesto grácil, se levantó y se acercó al hombre, sensual, hipnótica, perfecta.
Se detuvo a escasos centímetros, agachándose hasta poner sus labios a la altura de los del otro, y sonrió.
-La siguiente vez sí que habrá bala...-susurró, con una voz que, aunque era exacta a la suya, no era la suya.
-Lo sé-respondió él, suspirando.
El horrible y desgarrador ruido de una bala rompiendo el aire fue lo último que se oyó antes de que la muerte, disfrazada de amor, le cubriera con su túnica.
domingo, 29 de noviembre de 2015
Presiento que las palabras se han enemistado conmigo, pero no sé por qué.
Noto que al sentarme frente pluma en mano, buscando algún resquicio de ilusión, un hilo de inspiración para tirar de él y crear una nueva entrada a mi mundo, este no aparece. Y digo que no aparece sabiendo que ni tan siquiera está.
Podría, una y otra vez, escribir sobre lo mismo cambiando las palabras para ocultar la similitud descaradamente; de hecho, durante mucho tiempo lo hice, creando así monstruos, engendros de la naturaleza sin el más mínimo significado y cuya única virtud resultó ser un exterior bello y dulce, perfecto para complacer. Pero sé que no debo.
Sin embargo, no es imaginación lo que me falta. Textos largos, eternos, narrativos en lugar de sentimentaloides... Para esos tengo palabras de sobra. Ahí son las ganas las que fallan.
Quizá es que me he consumido, que se me han acabado las ideas en pleno auge léxico, y quizá deba entonces retirarme para descansar de una vez y para siempre...
Noto que al sentarme frente pluma en mano, buscando algún resquicio de ilusión, un hilo de inspiración para tirar de él y crear una nueva entrada a mi mundo, este no aparece. Y digo que no aparece sabiendo que ni tan siquiera está.
Podría, una y otra vez, escribir sobre lo mismo cambiando las palabras para ocultar la similitud descaradamente; de hecho, durante mucho tiempo lo hice, creando así monstruos, engendros de la naturaleza sin el más mínimo significado y cuya única virtud resultó ser un exterior bello y dulce, perfecto para complacer. Pero sé que no debo.
Sin embargo, no es imaginación lo que me falta. Textos largos, eternos, narrativos en lugar de sentimentaloides... Para esos tengo palabras de sobra. Ahí son las ganas las que fallan.
Quizá es que me he consumido, que se me han acabado las ideas en pleno auge léxico, y quizá deba entonces retirarme para descansar de una vez y para siempre...
Como sentirse solo vol1
por ti fui capaz de de enterar mi orgullo y matar mis ilusiones
por ti cambie mi mirada a una de odio
por ti hice de mi alma un infierno
por ti hice que el mundo se arrodillara a tus pies
por ti fui al infierno y regrese por salvar tu alma
por ti luche contra la misma muerte para que no reclamara tu alma
por ti deje mi humanidad mi ser y me converti en un monstruo
por ti deje de ser muchas cosas
por ti cambie mi mirada a una de odio
por ti hice de mi alma un infierno
por ti hice que el mundo se arrodillara a tus pies
por ti fui al infierno y regrese por salvar tu alma
por ti luche contra la misma muerte para que no reclamara tu alma
por ti deje mi humanidad mi ser y me converti en un monstruo
por ti deje de ser muchas cosas
ahora comprendo que todo lo que hice no fue por que tu me lo pediste ....... simplemente fue un motivo para sacar a mi verdadero yo
ahora este monstruo lleno de heridas, cicatrices y sangre
es libre de ti ..... ahora amada mia dime......
estas lista para ver el infierno que tengo preparado para ti
lo he hecho solamente para ti......
solo tu mi bella bruja y solo yo tu amada bestia
en este infierno......
ahora este monstruo lleno de heridas, cicatrices y sangre
es libre de ti ..... ahora amada mia dime......
estas lista para ver el infierno que tengo preparado para ti
lo he hecho solamente para ti......
solo tu mi bella bruja y solo yo tu amada bestia
en este infierno......
sábado, 28 de noviembre de 2015
Las ilusiones vienen con fecha de caducidad
Ya no hay mariposas, ni quedan ilusiones, ni flotan en el aire dudas sin respuesta.
Ya no hay nada de aquellos planes de futuros construídos en pasado.
Y no puedo hacer nada más que sonreír tristemente y fingir que no duele saber que se ha acabado.
Creí... Dios, no sé qué creí, ni por qué empecé a creer, ni por qué no me vienen a la cabeza más verbos que "creer" cuando lo que hice fue "ser imbécil".
Odio tener que admitir que construir una vida a base de mentiras no es posible, y odio no saber fingir que no sé que estaba equivocado, y odio sentir odio porque implica que tampoco pude eliminar de mi corazón los sentimientos.
Y tengo la horrible sensación de que los pulmones no se me llenan de aire, sino de plomo, y siento que en vez de agua lo que baja por mi garganta es aceite hirviendo.
Tengo ganas de correr, de huir, y de sentir por una vez en la vida que soy libre y que puedo librarme de la presión que trata de aplastarme contra el suelo.
Tengo ganas de quitarme de la cara, y de dejar de ser de hielo.
Pero, una vez congelados, los tejidos no se reconstruyen con tanta facilidad.
Y si ya me cuesta afrontar este dolor constante, aún con morfina en mis venas en lugar de sangre, no sé cuánto tiempo me llevaría recuperarme del deshielo.
Ya no hay nada de aquellos planes de futuros construídos en pasado.
Y no puedo hacer nada más que sonreír tristemente y fingir que no duele saber que se ha acabado.
Creí... Dios, no sé qué creí, ni por qué empecé a creer, ni por qué no me vienen a la cabeza más verbos que "creer" cuando lo que hice fue "ser imbécil".
Odio tener que admitir que construir una vida a base de mentiras no es posible, y odio no saber fingir que no sé que estaba equivocado, y odio sentir odio porque implica que tampoco pude eliminar de mi corazón los sentimientos.
Y tengo la horrible sensación de que los pulmones no se me llenan de aire, sino de plomo, y siento que en vez de agua lo que baja por mi garganta es aceite hirviendo.
Tengo ganas de correr, de huir, y de sentir por una vez en la vida que soy libre y que puedo librarme de la presión que trata de aplastarme contra el suelo.
Tengo ganas de quitarme de la cara, y de dejar de ser de hielo.
Pero, una vez congelados, los tejidos no se reconstruyen con tanta facilidad.
Y si ya me cuesta afrontar este dolor constante, aún con morfina en mis venas en lugar de sangre, no sé cuánto tiempo me llevaría recuperarme del deshielo.
Normal...
...Así es como todos la ven. Vulgar, mediocre, completamente corriente.
Su pelo no brilla, sus pestañas no son largas, sus piernas no son perfectas.
Nadie le dedicaría un poema, nadie le entregaría tan siquiera una mirada. Es un elemento más del paisaje de hierro y cristales de esta gran ciudad.
Pasea por pasear, siempre guiada por el instinto de seguir caminando, y no creo haberla visto nunca dormir. Como un alma en pena, se mueve por este mundo que, a su lado, parece demasiado consistente.
Sin embargo, por la noche cambia.
Con su piel pálida, con sus ojos negros, con su pelo castaño, se mueve bajo la luz fluorescente de las farolas, reflejándola como un prisma de cristal de valor incalculable. Iluminada por la luna y las estrellas, su alma parece recubrir su cuerpo, mostrando su esplendor a cualquiera que se cruza con ella.
Y así, con sus pasos silenciosos, camina entre divas con grandes zapatos de tacón que, a su lado, parecen ruidosas y despreciables.
Así, por las noches, toda ella es una estrella bajada a la tierra, hasta que cierra su libro de sueños y deja dentro el brillo de su alma, guardándolo para aquel que sepa encontrarlo pasando por alto la normalidad aparente.
Su pelo no brilla, sus pestañas no son largas, sus piernas no son perfectas.
Nadie le dedicaría un poema, nadie le entregaría tan siquiera una mirada. Es un elemento más del paisaje de hierro y cristales de esta gran ciudad.
Pasea por pasear, siempre guiada por el instinto de seguir caminando, y no creo haberla visto nunca dormir. Como un alma en pena, se mueve por este mundo que, a su lado, parece demasiado consistente.
Sin embargo, por la noche cambia.
Con su piel pálida, con sus ojos negros, con su pelo castaño, se mueve bajo la luz fluorescente de las farolas, reflejándola como un prisma de cristal de valor incalculable. Iluminada por la luna y las estrellas, su alma parece recubrir su cuerpo, mostrando su esplendor a cualquiera que se cruza con ella.
Y así, con sus pasos silenciosos, camina entre divas con grandes zapatos de tacón que, a su lado, parecen ruidosas y despreciables.
Así, por las noches, toda ella es una estrella bajada a la tierra, hasta que cierra su libro de sueños y deja dentro el brillo de su alma, guardándolo para aquel que sepa encontrarlo pasando por alto la normalidad aparente.
martes, 10 de noviembre de 2015
Shadow V
-¿Adónde vamos?-exigió saber Angela cruzándose de brazos-. Te advierto que no pienso huir por culpa de un imbécil que trata de usurpar mi puesto.
-No estamos huyendo, sino buscando ayuda para protegeros...
-De la mafia italiana, ya, ya...-interrumpió Ángel.
-De ellos puedo protegeros solo, lo que no sé es si podré aguantaros mucho más tiempo-replicó Vladimir poniendo los ojos en blanco-. Y vamos a España.
-¿A España? Nunca he oído hablar sobre ningún asesino importante que viva allí-comentó Angie tratando de recordar todos los asesinos que había conocido.
-Eso es porque solo la conocen aquellos que ella quiere que la conozcan-replicó Vladimir, atravesando las puertas del aeropuerto.
-¿Y cómo la encontraremos?-preguntó Ángel, siguiéndole.
-No lo haremos. Nos encontrará ella.
-¿Quién eres tú, pequeña?
-Miriam.
-Miriam, ¿eh? Yo soy Shadow. No deberías estar aquí. Podría pasarte algo malo, ¿sabes?
-¿No has pensado que quizás quiero hacer algo malo?
Nada más salir del aeropuerto arrastrando las maletas, una joven de apenas veinte años, pelo castaño largo y ojos marrones se les acercó con pasos largos.
-Buenas, Shadow-saludó ella sonriendo y dándole dos besos.
-Hola, Lynx-respondió él, apartándose un poco-. Estos son...
-La Emperatriz y su “Ángel”-interrumpió ella, dándoles la mano-, he oído hablar de ellos. Encantada, me llamo Miriam.
Angela la examinó de arriba a abajo, fijándose en las All-Stars negras desgastadas, la falda y el chaleco a medio abrochar negros y la camisa blanca. Sobre su cabeza, al igual que Vladimir, llevaba un sombrero negro, que ella había adornado con una cinta rosa.
-¿Y ella es la asesina a la que buscábamos?-preguntó dirigiéndose a Vladimir, escéptica.
Antes de que terminase la frase, ella apareció detrás de Ángel, retorciéndole el brazo y haciendo que un gesto de dolor se reflejase en su rostro. Aflojó enseguida la presión y dejó que se masajease el hombro dolorido.
-Siento haberte usado de ejemplo, pero no soporto que me traten como a una cría-se disculpó.
-No sé por qué, pero me recuerdas a alguien-replicó Ángel sonriendo-. Por cierto, me tienes que enseñar a hacer eso. Vladimir no ha querido enseñarme.
-Ah, es muy fácil. Verás, causas una distracción con un gesto de la mano izquierda y, durante ese segundo, avanzas un paso y tiras de su brazo así...
Otra vez volvía a estar detrás de Ángel, agarrándole el brazo.
-¡Wow! Tengo que aprender a hacerlo-exclamó Ángel sonriendo.
-Bien, aclarado el punto de que puedo ayudaros, aclaremos el punto de que podéis ayudarme-dijo Miriam, poniéndose seria.
-Por supuesto-afirmó Vladimir, también serio-. ¿Qué necesitas?
-Cierto imbécil por quien pagan una fortuna-explicó sonriendo-. El muy idiota se ha escondido y soy incapaz de localizarle.
-Encontrar gente se me da bien-comentó Angela-. Necesito que me digas su nombre, yo moveré mis hilos.
Lynx sonrió.
-Se llama Pablo Tablas, pero no creo que lo encuentres. Es muy rico y tiene muchos contactos.
Angela descolgó su teléfono y se apartó unos cuantos metros.
-¿Y qué tal te va la vida, Shadow? ¿Sigues igual de serio?-preguntó sonriendo.
-No, se le ha quitado-interrumpió Ángel sonriendo-. Últimamente le he visto sonreír tres veces por lo menos.
-¿Tres? Vaya, sorprendente, cono lo frío que es...
-Recordáis que estoy aquí, ¿verdad?-retorizó Vladimir, poniendo los ojos en blanco y sonriendo.
-¿Ves? Otra vez-comentó Ángel, riéndose los dos a la vez.
-¿Estará enamorado?-bromeó Miriam, riéndose más fuerte, mientras un ligero rubor asomaba en las mejillas de Vladimir.
-Bucabas a Pablo Tablas, ¿cierto?-preguntó Angela, dándole una hoja con una dirección.
-¿Cómo lo has hecho?-preguntó, leyendo el nombre de la calle.
-Yo también tengo mis trucos.
-No estamos huyendo, sino buscando ayuda para protegeros...
-De la mafia italiana, ya, ya...-interrumpió Ángel.
-De ellos puedo protegeros solo, lo que no sé es si podré aguantaros mucho más tiempo-replicó Vladimir poniendo los ojos en blanco-. Y vamos a España.
-¿A España? Nunca he oído hablar sobre ningún asesino importante que viva allí-comentó Angie tratando de recordar todos los asesinos que había conocido.
-Eso es porque solo la conocen aquellos que ella quiere que la conozcan-replicó Vladimir, atravesando las puertas del aeropuerto.
-¿Y cómo la encontraremos?-preguntó Ángel, siguiéndole.
-No lo haremos. Nos encontrará ella.
-¿Quién eres tú, pequeña?
-Miriam.
-Miriam, ¿eh? Yo soy Shadow. No deberías estar aquí. Podría pasarte algo malo, ¿sabes?
-¿No has pensado que quizás quiero hacer algo malo?
Nada más salir del aeropuerto arrastrando las maletas, una joven de apenas veinte años, pelo castaño largo y ojos marrones se les acercó con pasos largos.
-Buenas, Shadow-saludó ella sonriendo y dándole dos besos.
-Hola, Lynx-respondió él, apartándose un poco-. Estos son...
-La Emperatriz y su “Ángel”-interrumpió ella, dándoles la mano-, he oído hablar de ellos. Encantada, me llamo Miriam.
Angela la examinó de arriba a abajo, fijándose en las All-Stars negras desgastadas, la falda y el chaleco a medio abrochar negros y la camisa blanca. Sobre su cabeza, al igual que Vladimir, llevaba un sombrero negro, que ella había adornado con una cinta rosa.
-¿Y ella es la asesina a la que buscábamos?-preguntó dirigiéndose a Vladimir, escéptica.
Antes de que terminase la frase, ella apareció detrás de Ángel, retorciéndole el brazo y haciendo que un gesto de dolor se reflejase en su rostro. Aflojó enseguida la presión y dejó que se masajease el hombro dolorido.
-Siento haberte usado de ejemplo, pero no soporto que me traten como a una cría-se disculpó.
-No sé por qué, pero me recuerdas a alguien-replicó Ángel sonriendo-. Por cierto, me tienes que enseñar a hacer eso. Vladimir no ha querido enseñarme.
-Ah, es muy fácil. Verás, causas una distracción con un gesto de la mano izquierda y, durante ese segundo, avanzas un paso y tiras de su brazo así...
Otra vez volvía a estar detrás de Ángel, agarrándole el brazo.
-¡Wow! Tengo que aprender a hacerlo-exclamó Ángel sonriendo.
-Bien, aclarado el punto de que puedo ayudaros, aclaremos el punto de que podéis ayudarme-dijo Miriam, poniéndose seria.
-Por supuesto-afirmó Vladimir, también serio-. ¿Qué necesitas?
-Cierto imbécil por quien pagan una fortuna-explicó sonriendo-. El muy idiota se ha escondido y soy incapaz de localizarle.
-Encontrar gente se me da bien-comentó Angela-. Necesito que me digas su nombre, yo moveré mis hilos.
Lynx sonrió.
-Se llama Pablo Tablas, pero no creo que lo encuentres. Es muy rico y tiene muchos contactos.
Angela descolgó su teléfono y se apartó unos cuantos metros.
-¿Y qué tal te va la vida, Shadow? ¿Sigues igual de serio?-preguntó sonriendo.
-No, se le ha quitado-interrumpió Ángel sonriendo-. Últimamente le he visto sonreír tres veces por lo menos.
-¿Tres? Vaya, sorprendente, cono lo frío que es...
-Recordáis que estoy aquí, ¿verdad?-retorizó Vladimir, poniendo los ojos en blanco y sonriendo.
-¿Ves? Otra vez-comentó Ángel, riéndose los dos a la vez.
-¿Estará enamorado?-bromeó Miriam, riéndose más fuerte, mientras un ligero rubor asomaba en las mejillas de Vladimir.
-Bucabas a Pablo Tablas, ¿cierto?-preguntó Angela, dándole una hoja con una dirección.
-¿Cómo lo has hecho?-preguntó, leyendo el nombre de la calle.
-Yo también tengo mis trucos.
Shadow IV
Por el rabillo del ojo, Angela observó la pistola que apuntaba directamente a su sien y que evitaba que hiciera uso de la suya para matar a aquel tipo cuya voz le resultaba tan familiar.
-Supongo que no me recuerdas, ¿verdad, Angie?-preguntó él, emitiendo una risa que más parecía un chirrido-. Date la vuelta.
Con lentitud, Angela obedeció y achicó los ojos tratando de distinguir la figura del hombre que la amenazaba, hundida en las sombras. Notando las dificultades que tenía la joven para reconocer su rostro, se movió ligeramente hacia la parte iluminada del callejón, dejando que la luz de la luna se posara sobre sus facciones.
Ante sí tenía a un hombre de treinta y tantos años, de pelo oscuro y ojos brillantes. Parecía que llevaba gafas, pero al notar que le faltaba parte del tabique y que carecía de orejas, se fijó más, distinguiendo las cicatrices en la piel que rodeaban sus ojos y ascendían hacia su sien y que causaban aquella primera impresión. Tenía el rostro enjuto y pálido, y unos labios finos y cortados por el frío, torcidos en una grotesca sonrisa malévola que mostraba sus dientes pequeños y afilados.
-Vamos, ¿en serio no me reconoces?-preguntó, produciendo otra vez su insoportable risa de hiena-. Hace mucho tiempo que no nos vemos, y por aquel entonces aún conservaba mi nariz y mis orejas. Intenta recordar, ¿te parece?
Angela se estrujaba los sesos tratando de recordar a quién le recordaba aquel hombre que la apuntaba con aquella pistola dorada.
Dorada, dorada...
Aquel detalle despertó sus recuerdos, asociando directamente aquel rostro horrible y demacrado a un nombre.
-Dimitri...-susurró entre dientes, conteniendo un escalofrío de miedo que ascendía por su espalda.
El hombre ensanchó su sonrisa y asintió con la cabeza.
-Exacto, Angie querida, soy Dimitri. El verdadero mejor asesino del mundo, como pronto todos sabrán-masculló apretando con fuerza la pistola.
Un segundo antes de que tuviera ocasión de apretar el gatillo, alguien a pocos metros de distancia apretó el suyo, haciendo que su bala impactase sobre el dedo índice del asesino y arrancándole un grito de dolor de lo más hondo de su ser.
La pistola dorada rodó por el suelo y Angela la alejó de una patada, apuntando ella también al engrendro sangrante en el que se había convertido Dimitri, que se acurrucaba en el suelo hecho un ovillo apretándose el dedo. Vladimir se colocó al lado de Angela en dos pasos, seguido de otra sombra de ojos blancos y pelo marrón que agarró la pistola dorada con la mano en la que llevaba un guante negro.
-¡Monstruo!-gritó Dimitri al reconocer a Shadow-. ¡Me has mutilado!
-Oh, no es tan horrible. Al fin y al cabo, ya lo hice antes, ¿no es cierto?-replicó Vladimir sin dejar de apuntarle.
La cara del asesino pretendía mostrar odio, pero el dolor que le causaba el hecho de que le faltaba un dedo y que el muñón sangraba abundantemente solo permitía que se le frunciera el ceño ligeramente.
En cierto momento en el que pareció recobrar su aplomo, se le escapó su risa de hiena, mientras les señalaba con la mano destrozada.
-Parecéis un chiste-gritó, riéndose solo-. ¿Hasta dónde pueden llegar un ex-cappo, su mano derecha y un asesino a sueldo perseguidos por la mafia italiana?
Vladimir se acercó lentamente y se agachó a su lado, sonriendo también.
-A ningún sitio-respondió-. Pero nosotros somos una ex-cappo, su mano derecha y el mejor asesino a sueldo perseguidos por la mafia italiana, y así podemos llegar a cualquier lugar.
Dimitri trató de escupirle a la cara, pero su saliva no tuvo duerza suficiente y cayó sobre su ojo derecho.
-¿Para quién trabajas esta vez, Dimitri?-preguntó Angela, acercándose.
-Que te follen, mocosa estú...
La bala atravesó su hombro izquierdo, produciendo una sonora fractura y el desgarro de la piel y el músculo y arrancándole otro grito sobrecogedor. El suelo se volvía cada vez más y más rojo.
-Repetiré la pregunta. ¿Para quién trabajas?
Dimitri no fue capaz de contestar, solo gimoteó y rodó dobre sí mismo, tratando de esquivar al dolor que tenía pegado a su cuerpo. Angela volvió a disparar, esta vez a su rodilla, y un trozo de la rótula salió despedido con el impacto. Dimitri gritó otra vez, deseando entrar en shock y desmayarse.
-Dos oportunidades más, Dimitri. ¿Para quién trabajas?
La masa sanguinolenta apretó los labios y cerró los ojos, preparándose para el impacto de la nueva bala, que atravesó su codo derecho.
Sabiendo que no respondería, Angela apuntó directamente a su boca deforme y manchada de sangre y, deleitándose un segundo con su sufrimiento, apretó el gatillo, haciendo que los dientes saltasen por lo aires entre las gotas de sangre. El cuerpo se retorció un poco más y, de pronto, se quedó paralizado.
-Supongo que no me recuerdas, ¿verdad, Angie?-preguntó él, emitiendo una risa que más parecía un chirrido-. Date la vuelta.
Con lentitud, Angela obedeció y achicó los ojos tratando de distinguir la figura del hombre que la amenazaba, hundida en las sombras. Notando las dificultades que tenía la joven para reconocer su rostro, se movió ligeramente hacia la parte iluminada del callejón, dejando que la luz de la luna se posara sobre sus facciones.
Ante sí tenía a un hombre de treinta y tantos años, de pelo oscuro y ojos brillantes. Parecía que llevaba gafas, pero al notar que le faltaba parte del tabique y que carecía de orejas, se fijó más, distinguiendo las cicatrices en la piel que rodeaban sus ojos y ascendían hacia su sien y que causaban aquella primera impresión. Tenía el rostro enjuto y pálido, y unos labios finos y cortados por el frío, torcidos en una grotesca sonrisa malévola que mostraba sus dientes pequeños y afilados.
-Vamos, ¿en serio no me reconoces?-preguntó, produciendo otra vez su insoportable risa de hiena-. Hace mucho tiempo que no nos vemos, y por aquel entonces aún conservaba mi nariz y mis orejas. Intenta recordar, ¿te parece?
Angela se estrujaba los sesos tratando de recordar a quién le recordaba aquel hombre que la apuntaba con aquella pistola dorada.
Dorada, dorada...
Aquel detalle despertó sus recuerdos, asociando directamente aquel rostro horrible y demacrado a un nombre.
-Dimitri...-susurró entre dientes, conteniendo un escalofrío de miedo que ascendía por su espalda.
El hombre ensanchó su sonrisa y asintió con la cabeza.
-Exacto, Angie querida, soy Dimitri. El verdadero mejor asesino del mundo, como pronto todos sabrán-masculló apretando con fuerza la pistola.
Un segundo antes de que tuviera ocasión de apretar el gatillo, alguien a pocos metros de distancia apretó el suyo, haciendo que su bala impactase sobre el dedo índice del asesino y arrancándole un grito de dolor de lo más hondo de su ser.
La pistola dorada rodó por el suelo y Angela la alejó de una patada, apuntando ella también al engrendro sangrante en el que se había convertido Dimitri, que se acurrucaba en el suelo hecho un ovillo apretándose el dedo. Vladimir se colocó al lado de Angela en dos pasos, seguido de otra sombra de ojos blancos y pelo marrón que agarró la pistola dorada con la mano en la que llevaba un guante negro.
-¡Monstruo!-gritó Dimitri al reconocer a Shadow-. ¡Me has mutilado!
-Oh, no es tan horrible. Al fin y al cabo, ya lo hice antes, ¿no es cierto?-replicó Vladimir sin dejar de apuntarle.
La cara del asesino pretendía mostrar odio, pero el dolor que le causaba el hecho de que le faltaba un dedo y que el muñón sangraba abundantemente solo permitía que se le frunciera el ceño ligeramente.
En cierto momento en el que pareció recobrar su aplomo, se le escapó su risa de hiena, mientras les señalaba con la mano destrozada.
-Parecéis un chiste-gritó, riéndose solo-. ¿Hasta dónde pueden llegar un ex-cappo, su mano derecha y un asesino a sueldo perseguidos por la mafia italiana?
Vladimir se acercó lentamente y se agachó a su lado, sonriendo también.
-A ningún sitio-respondió-. Pero nosotros somos una ex-cappo, su mano derecha y el mejor asesino a sueldo perseguidos por la mafia italiana, y así podemos llegar a cualquier lugar.
Dimitri trató de escupirle a la cara, pero su saliva no tuvo duerza suficiente y cayó sobre su ojo derecho.
-¿Para quién trabajas esta vez, Dimitri?-preguntó Angela, acercándose.
-Que te follen, mocosa estú...
La bala atravesó su hombro izquierdo, produciendo una sonora fractura y el desgarro de la piel y el músculo y arrancándole otro grito sobrecogedor. El suelo se volvía cada vez más y más rojo.
-Repetiré la pregunta. ¿Para quién trabajas?
Dimitri no fue capaz de contestar, solo gimoteó y rodó dobre sí mismo, tratando de esquivar al dolor que tenía pegado a su cuerpo. Angela volvió a disparar, esta vez a su rodilla, y un trozo de la rótula salió despedido con el impacto. Dimitri gritó otra vez, deseando entrar en shock y desmayarse.
-Dos oportunidades más, Dimitri. ¿Para quién trabajas?
La masa sanguinolenta apretó los labios y cerró los ojos, preparándose para el impacto de la nueva bala, que atravesó su codo derecho.
Sabiendo que no respondería, Angela apuntó directamente a su boca deforme y manchada de sangre y, deleitándose un segundo con su sufrimiento, apretó el gatillo, haciendo que los dientes saltasen por lo aires entre las gotas de sangre. El cuerpo se retorció un poco más y, de pronto, se quedó paralizado.
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