¿Qué ratones se empezaron a comer nuestra felicidad por las esquinas?
¿Fuiste tú? ¿Yo? ¿Ambos? ¿Ninguno?
Quizá no fue un alguien sino un qué.
¿Los celos? ¿El tiempo? ¿La desconfianza?
Sea como sea, para quitarnos el resquicio que nos queda tendrán que arrancarlo de mis dedos helados.
domingo, 16 de abril de 2017
Once again
Cierro los ojos y la imagen vuelve a repetirse indefinidamente.
La misma mirada traviesa, la misma sonrisa tentadora, la misma puñalada acompañada de tu aliento de caramelo.
El dulzor del placer mezclado con lo agrio del dolor, y el sabor metálico de la sangre acompañando el cóctel.
No tengo muy claro cuánto tardará en explotar el sueño.
No sé cuándo el placer dejará de anulará el dolor continuo.
Pienso demasiado.
Lo siento, cabeza, creo que te volverá a tocar cerrarle las heridas a este corazón idiota.
'-Voy a pasarlo mal.
-¿Lo ves? Ahí está tu problema. 'Vas a...'. ¿Qué hay de tu presente?
-Mi presente es una mierda insípida. Prefiero vivir en un futuro doloroso, porque eso querrá decir que en algún momento habré disfrutado'
La misma mirada traviesa, la misma sonrisa tentadora, la misma puñalada acompañada de tu aliento de caramelo.
El dulzor del placer mezclado con lo agrio del dolor, y el sabor metálico de la sangre acompañando el cóctel.
No tengo muy claro cuánto tardará en explotar el sueño.
No sé cuándo el placer dejará de anulará el dolor continuo.
Pienso demasiado.
Lo siento, cabeza, creo que te volverá a tocar cerrarle las heridas a este corazón idiota.
'-Voy a pasarlo mal.
-¿Lo ves? Ahí está tu problema. 'Vas a...'. ¿Qué hay de tu presente?
-Mi presente es una mierda insípida. Prefiero vivir en un futuro doloroso, porque eso querrá decir que en algún momento habré disfrutado'
A tres metros bajo el alma
A tres metros bajo el alma, escondido en un rincón, un retazo de alegría mal disimulado.
Todos se ríen. ¿Qué puede hacer una chispa tan pequeña para iluminar un corazón en tinieblas?
Y de pronto una gota de amor como acelerante y los tejidos empiezan a arder con la fuerza de un volcán desatado y, como lava, la felicidad fluye incinerando cualquier otro sentimiento que encuentra a su paso.
Todos se ríen. ¿Qué puede hacer una chispa tan pequeña para iluminar un corazón en tinieblas?
Y de pronto una gota de amor como acelerante y los tejidos empiezan a arder con la fuerza de un volcán desatado y, como lava, la felicidad fluye incinerando cualquier otro sentimiento que encuentra a su paso.
(Lástima que la tristeza sea como el fénix, que siempre resurge de sus cenizas)
domingo, 2 de abril de 2017
Black and White
-Estás solo. Otra vez.
A estas alturas ya deberías estar acostumbrado, pero yo, que vivo en lo más profundo de tu corazón, noto que te duele.
¿Por qué no me abres la puerta?
Sé que prometiste que nunca liberarías los candados que me mantienen encerrado, pero podrías tener un poco de orgullo. A ti no puedo hacerte nada, pero sabes que podría destruir a todos aquellos que hacen que tu corazón sangre.
Dame poder. Dame fuerza. Dame un cuerpo.
¿No me oyes golpeando la puerta? ¿No sientes el suelo vibrando? Acepta de una vez que me necesitas, ¡porque me necesitas! Necesitas que alguien luche por ti, porque tú tienes un aura demasiado pura para hacerlo por ti mismo.
Pero eres demasiado orgulloso, y niegas necesitar ayuda. Parece como si no comprendieras que en este mundo ya no se puede vivir siendo un santo. Y, sinceramente, echo de menos sentir el sol sobre mi piel.
Solo te pido un instante. Eso es todo lo que necesitamos.
Después yo volveré a lo más profundo de tu corazón para pudrirme en soledad. Pero, por favor, déjame protegerte por última vez.
Por los viejos tiempos. Por ti. Por mí. Por nosotros...
+Estoy solo, como siempre.
Trato de convencerme de que es una parte más de mi vida, algo que no puedo cambiar. Pero me sigue doliendo el corazón cada vez que suspiro.
Pero no puedo dejarle salir.
No porque prometiera no hacerlo; muchas veces he roto mis promesas antes. Pero no puedo imaginar las consecuencias de dejarle libre. O quizá es que me las imagino demasiado bien.
Siento todo mi mundo temblando, amenazando con caerse. Esa puerta, esa pequeña puerta de siete candados, es lo único que mantiene mi vida en pie. Pero eso no me importa. Toda mi existencia es una enorme farsa, ¿qué pierdo si se rompe? Si hago esto... Si mantengo encerrada la oscuridad que antes me dominaba, no es por mí, sino por él.
Porque, a la luz del sol, las sombras multiplican su tamaño, y la débil cordura que le queda se perdería por siempre.
No debo vacilar, ni tan siquiera un instante. Porque eso es todo lo que necesita para terminar de lanzarse a lo más profundo del abismo.
Tuvimos buenos recuerdos, cuando yo no era tan brillante y él no era tan oscuro.
Por ellos. Por ti. Por mí. Por nosotros... has de quedarte donde estás.
A estas alturas ya deberías estar acostumbrado, pero yo, que vivo en lo más profundo de tu corazón, noto que te duele.
¿Por qué no me abres la puerta?
Sé que prometiste que nunca liberarías los candados que me mantienen encerrado, pero podrías tener un poco de orgullo. A ti no puedo hacerte nada, pero sabes que podría destruir a todos aquellos que hacen que tu corazón sangre.
Dame poder. Dame fuerza. Dame un cuerpo.
¿No me oyes golpeando la puerta? ¿No sientes el suelo vibrando? Acepta de una vez que me necesitas, ¡porque me necesitas! Necesitas que alguien luche por ti, porque tú tienes un aura demasiado pura para hacerlo por ti mismo.
Pero eres demasiado orgulloso, y niegas necesitar ayuda. Parece como si no comprendieras que en este mundo ya no se puede vivir siendo un santo. Y, sinceramente, echo de menos sentir el sol sobre mi piel.
Solo te pido un instante. Eso es todo lo que necesitamos.
Después yo volveré a lo más profundo de tu corazón para pudrirme en soledad. Pero, por favor, déjame protegerte por última vez.
Por los viejos tiempos. Por ti. Por mí. Por nosotros...
+Estoy solo, como siempre.
Trato de convencerme de que es una parte más de mi vida, algo que no puedo cambiar. Pero me sigue doliendo el corazón cada vez que suspiro.
Pero no puedo dejarle salir.
No porque prometiera no hacerlo; muchas veces he roto mis promesas antes. Pero no puedo imaginar las consecuencias de dejarle libre. O quizá es que me las imagino demasiado bien.
Siento todo mi mundo temblando, amenazando con caerse. Esa puerta, esa pequeña puerta de siete candados, es lo único que mantiene mi vida en pie. Pero eso no me importa. Toda mi existencia es una enorme farsa, ¿qué pierdo si se rompe? Si hago esto... Si mantengo encerrada la oscuridad que antes me dominaba, no es por mí, sino por él.
Porque, a la luz del sol, las sombras multiplican su tamaño, y la débil cordura que le queda se perdería por siempre.
No debo vacilar, ni tan siquiera un instante. Porque eso es todo lo que necesita para terminar de lanzarse a lo más profundo del abismo.
Tuvimos buenos recuerdos, cuando yo no era tan brillante y él no era tan oscuro.
Por ellos. Por ti. Por mí. Por nosotros... has de quedarte donde estás.
-¿Por qué te marchaste? ¡Explícamelo!
-Estabas gritándome, pensé que era mejor dejarte sola...-susurra él, en la puerta, aún con las llaves en la mano.
-Si tan solo me escuchases mientras gritaba, sabrías que lo que intentaba echarte en cara era precisamente que me estabas dejando sola-replica Laura.
Lenta, muy lentamente, Juan extiende la mano, tratando de acariciarla, pero ella se aparta y le mira fríamente.
-No, ya es tarde para eso...-dice con un hilo de voz-. Necesitaba que te quedaras, que me abrazases muy fuerte y me dejaras llorar en tu hombro. Pero te fuiste, abriste la puerta y me dejaste sola con mis miedos.
-Te he dicho que no escuches esas voces, solo te hacen daño-susurra Juan, con los ojos llorosos.
-Sí, pero a veces el dolor es la única forma de aprender. Lo siento... Tus maletas están en nues... mi cuarto, deja ahí las llaves mientras te las traigo.
'-He tenido un sueño precioso...
-¿Y de qué iba?
-Da igual... A fin de cuentas era solo un sueño...'
-Estabas gritándome, pensé que era mejor dejarte sola...-susurra él, en la puerta, aún con las llaves en la mano.
-Si tan solo me escuchases mientras gritaba, sabrías que lo que intentaba echarte en cara era precisamente que me estabas dejando sola-replica Laura.
Lenta, muy lentamente, Juan extiende la mano, tratando de acariciarla, pero ella se aparta y le mira fríamente.
-No, ya es tarde para eso...-dice con un hilo de voz-. Necesitaba que te quedaras, que me abrazases muy fuerte y me dejaras llorar en tu hombro. Pero te fuiste, abriste la puerta y me dejaste sola con mis miedos.
-Te he dicho que no escuches esas voces, solo te hacen daño-susurra Juan, con los ojos llorosos.
-Sí, pero a veces el dolor es la única forma de aprender. Lo siento... Tus maletas están en nues... mi cuarto, deja ahí las llaves mientras te las traigo.
'-He tenido un sueño precioso...
-¿Y de qué iba?
-Da igual... A fin de cuentas era solo un sueño...'
viernes, 31 de marzo de 2017
Un millón de nadas
Hoy no soy yo.
No, no soy yo, porque hoy no soy nada ni nadie.
Hoy soy una sombra, una tormenta de tinta negra, el primer rayo de sol de un amanecer violeta. Soy un secreto susurrado a media voz, una mentira andante, soy el grito agónico de las hojas marrones arrastradas por el dios que vive en el viento. Soy una idea, un sueño, el reflejo de una vela moribunda en un espejo empañado. Soy el frío que trepa por tus piernas y te muerde la piel, y el viento que se enreda en tu pelo, y el esbozo de una ilusión. Soy las tres primeras notas de una canción de amor.
Curioso, ¿verdad? Que siendo nada, sea tantas cosas.
Parece incongruente, una incoherencia sin sentido de una mente delirante. Pero no lo es. La nada no es menos nada por no ser absoluta, y si hoy no soy nada es porque soy un millón de vacíos pequeñitos, ausencias en miniatura, que se juntan englobadas en una nada mayor y más profunda. Soy, pues, el silencio de las palabras no dichas, la silueta de una caricia nunca dada y el crujido lastimero de una casa abandonada que sabe que se muere, el último escalón que desaparece cuando lo posas, y también la vida que no llega a empezar. Soy todas las cosas que pudieron ser, pero no fueron. Lo innecesario, lo superfluo, lo prescindible.
No me gusta no ser nada. No, no me gusta, porque no ser nada es estar lleno de vacíos sin fondo, y los vacíos saben a lágrimas amargas, a soledad y a miedo, y a caricias apagadas, y a las miradas frías de unos ojos muertos, y al tic-tac de un reloj cansado. No ser nada es la cosa más agotadora y triste del mundo, porque nadie piensa en lo que no es salvo los poetas y los locos, que son gente triste. Y los poetas locos, que lo son más.
No, no me gusta no ser nada. No me gusta ser el espectro de esas palabras que no me atreví a decirte, ni esa lucha feroz de tus labios contra los míos que nunca llegó a suceder, ni los cadáveres de mil cartas de amor que jamás decidí escribir. No me gusta ser el nosotros que nunca fuimos. Y no me gusta porque duele, y duele mucho, como un millón de suspiros estallándome en el corazón.
Quiero volver a ser algo, aunque ese algo sea yo.
Pero hoy no me será concedido mi deseo.
Hoy seguiré siendo el resplandor de las estrellas que nunca lograron nacer, el amor que asfixié bajo la almohada y el monstruo que no vivía debajo de mi cama. Seguiré siendo un millón de vacíos pequeñitos absorbidos por un vacío mayor que es mi alma. Y lo seguiré siendo mucho tiempo, atrapado en este momento efímero con aspiraciones a ser eterno en cuya infinitud no deja de rebotar una pregunta apenas susurrada que me rompe los oídos y me quema el alma: ¿quién soy yo?
No, no soy yo, porque hoy no soy nada ni nadie.
Hoy soy una sombra, una tormenta de tinta negra, el primer rayo de sol de un amanecer violeta. Soy un secreto susurrado a media voz, una mentira andante, soy el grito agónico de las hojas marrones arrastradas por el dios que vive en el viento. Soy una idea, un sueño, el reflejo de una vela moribunda en un espejo empañado. Soy el frío que trepa por tus piernas y te muerde la piel, y el viento que se enreda en tu pelo, y el esbozo de una ilusión. Soy las tres primeras notas de una canción de amor.
Curioso, ¿verdad? Que siendo nada, sea tantas cosas.
Parece incongruente, una incoherencia sin sentido de una mente delirante. Pero no lo es. La nada no es menos nada por no ser absoluta, y si hoy no soy nada es porque soy un millón de vacíos pequeñitos, ausencias en miniatura, que se juntan englobadas en una nada mayor y más profunda. Soy, pues, el silencio de las palabras no dichas, la silueta de una caricia nunca dada y el crujido lastimero de una casa abandonada que sabe que se muere, el último escalón que desaparece cuando lo posas, y también la vida que no llega a empezar. Soy todas las cosas que pudieron ser, pero no fueron. Lo innecesario, lo superfluo, lo prescindible.
No me gusta no ser nada. No, no me gusta, porque no ser nada es estar lleno de vacíos sin fondo, y los vacíos saben a lágrimas amargas, a soledad y a miedo, y a caricias apagadas, y a las miradas frías de unos ojos muertos, y al tic-tac de un reloj cansado. No ser nada es la cosa más agotadora y triste del mundo, porque nadie piensa en lo que no es salvo los poetas y los locos, que son gente triste. Y los poetas locos, que lo son más.
No, no me gusta no ser nada. No me gusta ser el espectro de esas palabras que no me atreví a decirte, ni esa lucha feroz de tus labios contra los míos que nunca llegó a suceder, ni los cadáveres de mil cartas de amor que jamás decidí escribir. No me gusta ser el nosotros que nunca fuimos. Y no me gusta porque duele, y duele mucho, como un millón de suspiros estallándome en el corazón.
Quiero volver a ser algo, aunque ese algo sea yo.
Pero hoy no me será concedido mi deseo.
Hoy seguiré siendo el resplandor de las estrellas que nunca lograron nacer, el amor que asfixié bajo la almohada y el monstruo que no vivía debajo de mi cama. Seguiré siendo un millón de vacíos pequeñitos absorbidos por un vacío mayor que es mi alma. Y lo seguiré siendo mucho tiempo, atrapado en este momento efímero con aspiraciones a ser eterno en cuya infinitud no deja de rebotar una pregunta apenas susurrada que me rompe los oídos y me quema el alma: ¿quién soy yo?
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