¿De qué sirve escalar, si en la cima no te espera nadie?
Puedes estar en lo más alto, puedes estar a la altura de los mismísimos dioses, pequeño, y, a pesar de todo, seguirás ahogándote en lágrimas.
Da igual cuánto corras, cuán lejos vayas tratando de huir del mundo; lo que te atormenta surge de lo más profundo de ti, y nunca podrás quitártelo de encima.
Porque aquello a lo que más temes,pequeño, eso que te paraliza cuando llega la noche y te destruye el alma, eso eres tú.
Es tu verdadero yo: esa oscuridad que los espejos no saben reflejar, esa sombra de sonrisa pérfida que solo tú puedes ver, eso eres tú. Pequeño, no importa cuánto intentes negarlo, no importa si no lo aceptas, esa maldad innata no se va solo con fingir no verla. Pero claro que la ves, ¿verdad? Cada vez que bajas las defensas, ahí está, agazapada, susurrándote al oído, recordándote que no puedes echarla de ti. Por eso te ocultas, y levantas muros a tu alrededor, pretendiendo que nadie más que tú la vea.
Pero yo la veo, pequeño. Yo soy consciente en todo momento de esa oscuridad que podría destruirte en cualquier momento. Porque yo te conozco mejor que nadie. Yo te conozco mejor que tú mismo.
Mas, por favor, tiembla de miedo, pequeño, pues yo soy esa oscuridad y estoy aquí para conquistarte. Y ya deberías saber que yo nunca fallo cuando me propongo algo.
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