Pienso en viajes y pienso en personas concretas y en personas posibles.
Pienso, entonces, en mí con diferentes marcos.
Imagino construcciones nuevas para mí, viejas para sus vecinos.
Pienso en esas casas,
con sus personas concretas,
con sus personas posibles,
y las imagino hogares para mí, para sus vecinos,
recién salvadas las distancias.
miércoles, 11 de septiembre de 2013
domingo, 8 de septiembre de 2013
PAISAJES EN LA BRUMA.
De tanto señalar las piedras que me obstino en ir tirando a mi tejado, vivo convencido de nuestra imposibilidad, pensando en que nuestras vidas, vistas en una mirada de conjunto, son el baile sinuoso de dos líneas independientes que se van cruzando. En esos puntos nunca se sabe cuándo es efectivo el encuentro ni en qué momento preciso se consuma la separación.
Podría yo aprender a saborear ese momento en que estás o el que te presiento, el de tu compañía, cuando te paras a mi lado. Podría yo aprenderme sereno mientras te alejas, aventurar estrategias para salvar nuestras distancias o inventar protocolos que precipiten nuestras coincidencias.
Pero no me abandona la incómoda sensación de que estando juntos tú y yo, siempre acabamos mirando algo más allá. Nos hablamos, sí, pero los cuerpos, las almas, se nos desdibujan. Encerrado cada uno en su estremecimiento, admitimos en silencio que nuestros corazones no se están tocando, y no hacemos más que mirarnos como dos rocas enfrentadas en el estrecho: pasan las barcas vacías, de la tarde a la noche, y vuelven cargadas de esperanzas, del amanecer a la mañana, pero nosotros no hemos hecho más que bulto, intuyendo nuestros paisajes en la bruma.
Con la sospecha de granito afilado de que tú tengas un rumbo y yo otro, no hago más que alimentar certezas de que no son posibles los tiempos de ternura entre dos seres que se viven desenfocados.
EN ESTUPIDEZ, GANO POR REINCIDENCIA.
Hay quien dice que de los errores se aprende pero, siendo sinceros, todos sabemos que no es así. Vemos la piedra y, no es que tropecemos, es que nos tiramos en plancha encima de ella, nos rasgamos la piel con sus esquinas y disfrutamos rebozándonos en el barro. Y cuando el universo, harto de nuestras desdichas, obra un milagro y le pone patas a esa piedra para que huya, corremos detrás, la perseguimos dejándonos la vida y el aliento en esa carrera estúpida, como estúpidos que somos.
Y al final, con tanta fijación por los tropiezos, empiezo a plantearme si no estaremos confundiendo la metáfora y sea el suelo el lugar perfecto para seguir avanzando. Que quizá el error sea pensar que la piedra es el error. Que quizá seamos nosotros los que hacemos tropezar a la piedra.
No lo sé.
Pero mientras sigamos dispuestos a cargar con ella, no podemos quejarnos y considerarla un obstáculo.
.
Realmente esto es real o es solo un juego para hacer nuestras vidas mas amenas y tener algo con lo que sostenernos hasta que venga algo mejor.
Porque no me encaja esto, hay piezas del puzzle que no están en la caja, o alguien las ha quitado a propósito.
Tu actitud me abruma no se que pensar en algunas ocasiones me confundes, o solo quieres caerles bien a todos (algo imposible)
Me siento especial al hablar contigo, pero, alomejor haces sentir especial a cualquiera que habla contigo.
Quiero saberlo ya, he desperdiciado mucho tiempo de mi vida y no quiero seguir haciendolo.
Porque no me encaja esto, hay piezas del puzzle que no están en la caja, o alguien las ha quitado a propósito.
Tu actitud me abruma no se que pensar en algunas ocasiones me confundes, o solo quieres caerles bien a todos (algo imposible)
Me siento especial al hablar contigo, pero, alomejor haces sentir especial a cualquiera que habla contigo.
Quiero saberlo ya, he desperdiciado mucho tiempo de mi vida y no quiero seguir haciendolo.
sábado, 7 de septiembre de 2013
Past, present, future...
Past:
A mis espaldas llevo una vida... Una "existencia" gris. El gris no es un mal color. No es ni negro ni blanco. Neutral. Muerto.
Llevo una existencia "muerta" en mi mochila.
Cierto que tiene matices más claros y oscuros, matices que me permiten adivinar ligeramente cómo sería vivir siempre en uno de esos colores.
Me encantaría tener una existencia blanca a mis espaldas, cortar por lo sano con mi vida y empezar de cero.
Pero, ¿y si me toca una vida negra? Tengo que elegir cual es el mal menor...
Y creo que me quedo con el gris.
Este gris con tonos blancos y negros, MI gris.
Present:
Cargo con una existencia vacía a mis espaldas.
A veces me caigo al suelo, pero nunca dejo de levantarme.
Sigo dormido por el camino que se me ha dado, con la esperanza de que se haya guardado algo en él que me despierte. Mientras los momentos muertos se acumulan, sigo caminando, sin mirar abajo por miedo a ver algo que no quiero ver.
Con la venda sobre mis ojos y las manos libres, buscando mirar sin ver. Buscando los nombres y apellidos de mi vida, localizando verbos, conjunciones y sustantivos para que me hagan compañía y carguen con un poquito de mi dolor.
Cada respiración duele, cada vez que mi corazón late se me envenena el alma y se me cierran más los ojos. Cada vez estoy más dormido, y temo perder el equilibrio dentro de poco. Y temo no poder levantarme...
Future:
Cuando uno vive dormido, el futuro se ve claro. Al fin y al cabo, no será más que el reflejo de mi pasado. Continuar andando hasta caer. Seguir, sin descanso, buscando ese "algo" que me abra los ojos y que impida que el blanco me ciegue. Lucharé por seguir despierto, pero la compañía de mis amadas palabras se volverá insoportable.
Seré "uno más". Esas dos palabras, tan insignificantes, son las que más me aterran. Me da miedo ser "normal", siempre con prisas, sin tiempo y una sonrisa cargada de fría seudoalegría dibujada en mi cara.
Y al mismo tiempo, sé que nunca seré "uno más". Y eso tampoco es especialmente alentador. Ser siempre el que camina solo, el que no sonríe nunca, el que grita sin hablar, el que vive al lado.. el "otro", el que siempre "está", sin nigún adverbio que indique mi estado. Tengo miedo a que los demás se alejen y me quede solo, caminando sobre mi frágil cuerda, observando la felicidad ajena a través de un velo de aire más grueso que los muros de una caja fuerte.
No sé cómo será mi futuro, no lo sé todo sobre él y, por tanto, no puedo controlarlo. Y eso me da miedo.
Pero sí sé una cosa.
Siempre seguiré caminando...
A mis espaldas llevo una vida... Una "existencia" gris. El gris no es un mal color. No es ni negro ni blanco. Neutral. Muerto.
Llevo una existencia "muerta" en mi mochila.
Cierto que tiene matices más claros y oscuros, matices que me permiten adivinar ligeramente cómo sería vivir siempre en uno de esos colores.
Me encantaría tener una existencia blanca a mis espaldas, cortar por lo sano con mi vida y empezar de cero.
Pero, ¿y si me toca una vida negra? Tengo que elegir cual es el mal menor...
Y creo que me quedo con el gris.
Este gris con tonos blancos y negros, MI gris.
Present:
Cargo con una existencia vacía a mis espaldas.
A veces me caigo al suelo, pero nunca dejo de levantarme.
Sigo dormido por el camino que se me ha dado, con la esperanza de que se haya guardado algo en él que me despierte. Mientras los momentos muertos se acumulan, sigo caminando, sin mirar abajo por miedo a ver algo que no quiero ver.
Con la venda sobre mis ojos y las manos libres, buscando mirar sin ver. Buscando los nombres y apellidos de mi vida, localizando verbos, conjunciones y sustantivos para que me hagan compañía y carguen con un poquito de mi dolor.
Cada respiración duele, cada vez que mi corazón late se me envenena el alma y se me cierran más los ojos. Cada vez estoy más dormido, y temo perder el equilibrio dentro de poco. Y temo no poder levantarme...
Future:
Cuando uno vive dormido, el futuro se ve claro. Al fin y al cabo, no será más que el reflejo de mi pasado. Continuar andando hasta caer. Seguir, sin descanso, buscando ese "algo" que me abra los ojos y que impida que el blanco me ciegue. Lucharé por seguir despierto, pero la compañía de mis amadas palabras se volverá insoportable.
Seré "uno más". Esas dos palabras, tan insignificantes, son las que más me aterran. Me da miedo ser "normal", siempre con prisas, sin tiempo y una sonrisa cargada de fría seudoalegría dibujada en mi cara.
Y al mismo tiempo, sé que nunca seré "uno más". Y eso tampoco es especialmente alentador. Ser siempre el que camina solo, el que no sonríe nunca, el que grita sin hablar, el que vive al lado.. el "otro", el que siempre "está", sin nigún adverbio que indique mi estado. Tengo miedo a que los demás se alejen y me quede solo, caminando sobre mi frágil cuerda, observando la felicidad ajena a través de un velo de aire más grueso que los muros de una caja fuerte.
No sé cómo será mi futuro, no lo sé todo sobre él y, por tanto, no puedo controlarlo. Y eso me da miedo.
Pero sí sé una cosa.
Siempre seguiré caminando...
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