viernes, 26 de julio de 2013

Hago cosas

que me salvan la vida y al mismo tiempo me sumergen en un estado de completo nerviosismo.

Me salvan la vida porque veo que, a pesar de que están desconectadas de las resoluciones que hay que tomar para llevar a buen término la mecánica cotidiana (ingresos, éxito personal/social, etc;) esas cosas que hago, aunque sean extrañas a los demás, me ayudan a definir mi papel, lo sitúan en el momento y el lugar que ocupo, esto es, me ubican en el mundo y dignifican mi vida.

Las cosas que hago me sumergen en un estado de completo nerviosismo porque, aparte de que raramente ayudan a mantener satisfactoriamente las cuestiones relacionadas con la cotidianidad, aparte de eso, me exigen una cuota de concentración en mí mismo, aunque sea para observar activa y profundamente la realidad que todos vivimos. Demasiadas veces, creo, la conciencia se alimenta de soledad.

El mundo está lleno de cosas que yo no sé y todo el mundo sabe. Los días buenos me siento curioso, los días malos me veo ignorante y segregado.

El mundo está lleno de cosas que yo sé y que nadie sabe. Los días buenos me veo campeón del amor por todo cuanto ofrezco, los días malos me siento un imbécil arrogante, que de puerta en puerta, disfraza su ineptitud para la normalidad regalando tesoros incomprensibles que abarrotan los trasteros de la gente.

jueves, 25 de julio de 2013

Intuiciones.

¿Hasta dónde debo seguir las intuiciones que me acercan a ti?

¿Hasta cuándo debo ignorar las que me alejan?

¿Cuál es tu paso siguiente?

¿Cual es tu paso siguiente? ¿Cual el mío? ¿Somos un puente hacia otro lugar en la vida? ¿Cual es el escalón o río obstáculo que cada uno ha de salvar? ¿Soy buena compañía o interruptor o traductor o espectador enfermero paracaídas defensor propiciador de tu próximo paso?

¿Te hago falta? ¿Te doy vida? ¿Estás en mi paso siguiente?

Alguien tiene que amarte. Es urgente. O se escapará tu corazón dorado, que es un papelito que se va volando con el viento envenenado, aunque huele bien. Alguien tiene que amarte. No sirve un paso acompañado ni un abrazo presuroso antes de un beso en el cuello. No sirve demorarlo todo. No sirven los templos antiguos. No sirven las canciones de antes ni las canciones de después. No sirven los arreglos, no valen los efectos, las cortas ni las largas distancias. No valen las palabras, los dibujos que se dicen ni los alientos que se exhalan con las últimas quejas de la voluntad. No valen los dioses conocidos. No sirve la Ley Natural.

Amarte, alguien tiene que amarte desde el puesto de vigía.

lunes, 15 de julio de 2013

Polos de aire

A veces has soñado con una mujer preciosa, a la que apenas conoces, y la vida se comporta como un esquivo caramelo amargo. Me refiero, claro, a la vida de cuando ya has despertado, que no se da por aludida y permanece indiferente a que, en el sueño, la besabas en la espalda, tiernamente, mientras su voz suave articulaba algo limpio que te confortó y que no recuerdas, una vez despierto. Compruebas dolido que a la vida le da igual si en el sueño esa mujer te estaba mirando de frente y sonriendo, mientras manejabas la impresión borrosa de que ella te miraba desde dentro de ella misma, que encontraba sin esfuerzo un lugar o un momento para acabar asomándose a ti, como si fueras un campo que por allí pasaba, soltándole sus besos, como si fueras un río donde ella se agacha a llenar su cuenquito.

Da igual, te has visto despierto y ninguneado, pues la vida, ese animal caprichoso, sigue a su aire, salvaje, libertina. Te has quedado solo, y permanece en ti ese beso que le diste a la mujer en la espalda. Has despertado y aún mantienes como un tesoro indescriptible el sabor imaginado, aún conservas el olor, el calor latente de la mujer inspirada en tu abrazo. Sigues, al levantarte de la cama, sabiendo que ella, con su corazón indescifrado, te está mirando, y en su mirada tranquila, a su manera, te abraza. Y están de más los certificados que definan si su mirada es tangente, secante, o concéntrica. Su mirada va contigo y tu beso va con ella, de forma irremediable. Permanecerá, seguramente, ajena a lo que sueñas, seguirá con su vida normal, cruzando semáforos en la ciudad y zarzales en la campiña. Ella va a seguir con sus sueños propios, con su olor, con su sabor, y presumiblemente sobrevivirá sin tener que echarte cuenta, pero tú sabes que el mundo ha cambiado. Tus razones se han llenado de pálpitos, porque ahora hay un perfume nuevo, una carne que no comprendes, una más, y te tensa una desazón abstracta, basada en ciencias que no están escritas ni comprobadas, pues ella es una mujer real, allá donde se encuentre, y tú te has quedado saboreando besos que has soñado. Como polos de aire, como bosques esbozados que nadie intuye.

Ella reinará en sus cosas importantes, y tú mascarás algo indescifrable, y la vida seguirá adelante. No sabrás en qué parte pondrás tu trocito de amor instantáneo. ¿Lo podrás en espera? ¿Lo transformarás en algo? El amor, se supone, tiene otros criterios acerca de lo productivo. Ignorarás qué hacer y sólo sabrás que es fatalmente tarde, que es demasiado temprano para improvisar protocolos con que regar las flores de tus jardines abstractos.

De lo que ella sonríe, de lo que ella te mira, en la vida real, la que admites delante de la gente, también en el momento soñado, de eso que queriendo o sin querer te brinda, tú sabes que lo que imaginas tú mismo, tú mismo lo estás creando. Lo que piensas a su alrededor puede resultar fútil, engañoso o descerebrado, pues tales son los hijos de una conversación, cuando no llega a celebrarse. Sientes su beso brumoso, y te sorprendes creyendo en algo.

Su presencia se mantiene, y lo soñado pugna por mantener tus hilos de contacto con esas cosas necesarias que te faltaron al nacer, tantas cosas imprescindibles que te echaron a los caminos del mundo, voraz y alelado, como un lobo que se pierde en la sierra, venteando el precioso aroma de una verdad, que aunque pequeña y esquiva, te mantiene aferrado al hambre de vivir.

sábado, 22 de junio de 2013

Inquebrantable

inquebrantable aun en noches como esta, donde aplico sobre mi un inmerecido auto-castigo que arranca un pétalo mas, tal vez esperando a que todo acabe con el te quiero mas insurgente,Pero acabo mordiendo el tallo conforme el amanecer se acerca y mis aullidos se desvanecen con los primeros rayos del sol, para volver a dimitir como humano y contemplar los inmensas cordilleras de basura que eclipsan mi ser.

tal vez no halla mañana y esta insana nana deje de dormirme, tengo un contrato correspondencia-impotencia que ya firmé, olvidando seguir firme,
Seguiré recordando que olvidar noches como esas es como creer que el cielo se abrirá para nosotros absorbiendo todos los atardeceres rotos,
el universo prosigue en su caótico orden y la galaxia que no colisiona y yo preguntando hasta cuando, que jamas llegue el día que las esperanzas estorben y ardan para siempre los sueños que nos están quemando 
y anhelar la felicidad no es delito es un derecho vital que no puedo evitar,cuando quiero me resucito, pero a la muerte nunca le da por avisar 

Inquebrantable y frágil como lagrimas de resistencia entre agujeros negros buscando la estrella que perdí, vuelvo a romper la flor del destino mientras vislumbro jardines a lo lejos, que espero no tener que deshojar, vuelvo a quemar otro poema donde escribí mi redención, arde como el olvido al mínimo contacto con las palabras que no te dije, ahora es aire, tal vez lo respires y se te dilate las pupilas para darte cuenta de todo y yo dejando que el dolor baile, pisándole los pies a mis noches intranquilas, cuantos segundos les robo, en el ultimo escribo este poema, esta vez, ignífugo.

domingo, 16 de junio de 2013

Nada



Nunca llegaremos a ser nada.
Y no sé si echarle la culpa al orgullo, a la cobardía o a las circunstancias, pero duele. Duele mucho.
Duele despertar solo, envuelto en unas sábanas muertas de frío que me susurran tu nombre y me recuerdan que juntos podríamos ahuyentar al miedo.
Duele que mi corazón ruja de hambre cada vez que nos cruzamos  y tener que alimentarlo con las lágrimas de frustración que no me permito llorar.
Duele clavar las uñas en el hormigón hasta sangrar para que no me levantes por los aires con una mirada, solo porque me aterra que luego me dejes caer.
¿Cómo puede ser que algo que empezó como un cuento de hadas vaya a acabar tan mal?
Y lo peor es que ni siquiera intentamos evitarlo.
Aun sabiendo que se nos acaba el tiempo,  ya no nos volveremos a ver y que la distancia acabará por rompernos, seguimos paralizados, esperando a que el otro de el primer paso. A que el otro se trague el miedo y tenga el valor de saltar al vacío.
Pero ninguno lo hará; ninguno correrá el riesgo.
Joder, qué patéticos somos.
Y nos quedaremos atrapados en este ciclo de saludos, miradas y despedidas que no llevan a ninguna parte, de conversaciones triviales cargadas de indirectas demasiado sutiles, demasiado ambiguas, hasta que un día todo esto pierda el poco sentido que tiene y dejemos de buscarnos. Hasta que solo nos queden el arrepentimiento y las palabras que callamos para hacernos compañía.
Qué triste.
Pensar que llegará el día en que tu mirada, capaz de romper el tiempo en pedacitos, ya no signifique nada para mí... El estómago se me encoge solo de pensarlo, y las dudas, que me tienen rodeado, me apuñalan con sus lanzas de papel.
¿Dónde cultivaré mis sueños, si no es en la miel de tus labios?
¿Quién ocupará el enorme vacío que dejarás cuando te vayas?
¿En qué pensaré hasta dormirme cuando el tequila no venza al insomnio?
Y de verdad que odio sentirme así, tan impotente, tan masoquista. Odio dejar que el miedo a lo que pueda pasar me paralice y me haga sentir tan pequeño, y odio pensar que el mañana no logrará imitar lo que el hoy me hace sentir, aunque la experiencia me diga que lo hará.
Pero no sé cambiarlo. No me atrevo a cambiarlo, en realidad. Y tú tampoco lo harás.
Así que esta será nuestra historia, si es que se puede llamar así. Una mala novela de diálogos intrascendentes, de sonrisas que duelen por dentro, de labios llenos de heridas de tanto mordérnoslos para callar lo que queremos decir. De distancias kilométricas comprimidas en apenas un par de metros. De esperas que no se acaban, hasta que se nos acaben las esperas.
¿Y el final? Lo desconozco. Pero no será un final feliz, créeme, porque no nos lo merecemos.
Porque somos cobardes, y orgullosos, y nos sometemos a las circunstancias.
Porque aceptamos el dolor sin confiar en que luego venga algo mejor.
Porque sabemos que podríamos serlo todo
y, en vez de intentarlo,


nos contentamos con no ser nada.

viernes, 7 de junio de 2013

Las mil caras del diablo

Es curioso cómo a veces se busca la calma bailando con el demonio, jugando con el dolor. Quizá sea la tranquilidad del mal conocido, la rutina de una historia de soledad ya conocida.
Y sin embargo, el tiempo se convierte a veces en el peor enemigo, por haber robado la seguridad que daba esa capacidad de destrucción en el momento elegido por culpa de –o gracias a– ese elemento recurrente que ahora a duras penas logra evocar el pasado. Por haber robado esa sensación de saberte, de algún modo, causa de la tormenta y dueña de la catástrofe.

Y, ahora, esa música retumbando en tu cerebro se ha convertido en cenizas. Incluso en vida, tal vez.

¿Y cómo se llama a Lucifer cuando ha cambiado de nombre sin transformar sus iniciales?
¿Cómo se lidera a todo un ejército de ángeles caídos?

Tal vez sucumbiendo a la tentación. Bailando, jugando  y retando al mismo diablo.