Ella pensaba que era amor, pero se equivocaba. Todo el tiempo que gastó pensando en él, queriendo su atención... Estaba convencida de que era amor verdadero. Él era el protagonista de cada sueño que soñó, y ella era siempre la princesa esperando en la torre. Pero antes de poder besarla, ella solía romper su corazón. Su amor era imposible, sin importar la situación: solos en el mundo, juntos en la multitud... La respuesta siempre era "No".
Y un día, de pronto, se dio cuenta de que ella no quería querer. Su única obsesión era ser querida. No le importó por qué quería eso, pero lo quería. Ansiaba romper su corazón, romper el corazón de todos.
Él salió de sus sueños, pero no se sintió sola. Empezó a soñar sobre un mundo donde cada palabra que decía era importa, donde todo el mundo la amaba, donde ella era la única y verdadera diosa. Sus dueños se volvieron reales mientras dormía, pero cuando el sol aparecía todo se rompía.
Así que simplemente eligió dormir para siempre y, sonriente, dejó este mundo y se ahogó en el otro.
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