domingo, 11 de junio de 2017

Castillo de ilusiones

No sé por qué me hice ilusiones, la verdad.
Solo fue una sonrisa, nada más. No fue más que un instante, y yo construí un mundo alrededor de ese momento.
Mi imaginación volvió a jugarme una mala pasada, volví a instalar mi castillo de naipes en la ladera de la montaña donde están los parques eólicos, creyendo que en vez de cartas lo que portaba eran ladrillos (¿cómo imaginar que lo que pesaba tanto eran las ilusiones que ese momento mágico habían creado?).
Habría podido mantener aquel castillo. Habría pegado cada carta en su sitio, y me habría pasado la vida entera tapando agujeros.
Pero sin darte cuenta, llegaste y empezaste a soplar en la misma dirección que las demás turbinas eólicas, y con apenas un soplido conseguiste lo que no consiguieron ellos en años. Hundir mi castillo conmigo dentro.
Hay alguien en mi corazón, dijiste desde la distancia, feliz como una niña pequeña.
Solo eso, cinco palabras, una sola bocanada de aire, y mi castillo enteró cayó reducido a escombros.
Pero tú no lo viste, y con la misma sonrisa inocente me pediste cobijo. En tu corazón solo había sitio para él, y necesitabas un techo.
No es necesario decir que me quedé a la intemperie para que tú tuvieses un sitio donde pasar la noche...

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