domingo, 29 de diciembre de 2019
Me declaro, inocente.
Me declaro inocente,
de enredar mis dedos entre tu pelo.
Inocente,
de decirte palabras subidas de tono, no aptas para todos los oídos.
Inocente,
de acariciarte donde nadie más llega.
Inocente,
de recitarte versos inconexos mientras nuestras lenguas tartamudean entre besos.
Inocente,
de mojarte el alma entre susurros.
Inocente,
de devorarte como el mejor plato del mundo.
Inocente,
de sacar tu verdadero yo.
Me declaro inocente,
de desearte.
Me declaro inocente.
Ahora,
y,
siempre.
sábado, 7 de septiembre de 2019
Dead again.
Hoy he vuelto a morir.
Para la mayoría de personas morir es una experiencia única, un camino sin retorno, el punto final que termina con su vida. Para mí, por desgracia, es una realidad habitual, tan habitual que he llegado a acostumbrarme.
A veces es cuestión de apenas un segundo, un desasosiego abrumador que me nubla la mirada y me perfora el corazón, un instante de inexistencia absoluta. Otras veces puede durar horas, incluso días, durante las cuales dejo de ser yo y observo desde dentro de esta prisión viviente las acciones de un cuerpo que ya no controlo.
Lo peor es que no hay un aviso, ningún tipo de advertencia.
Puedo estar dando una vuelta o perdido en medio de un montón de gente y de pronto el recuerdo se escapa de lo más profundo de mi memoria y me golpea tan fuerte que la sangre se me congela en las venas y no consigo ni respirar.
Durante una milésima parte de lo que dura un suspiro la luz me absorbe, se me clava en las retinas y me apuñala el alma, y entonces me arroja a una negrura absoluta y espesa, viscosa como la brea, y solo puedo hundirme más y más profundo, dejando atrás cualquier atisbo de vida. Me descubro sumergiéndome en la oscuridad insondable antes lleno y que ahora se ha convertido en un agujero negro sin final, comprimiéndome hasta romperme los sentimientos y aplastarme las palabras contra mis labios.
Al principio intenté luchar. Las primeras veces intenté nadar, salir a flote y dar una bocanada de aire; intenté huir. Pronto aprendí que no puedes salir de las sombras si las sombras no quieren que salgas, así que empecé a dejarme arrastrar sin ofrecer resistencia hasta ese lugar donde los latidos de mi corazón no son más que un metrónomo lejano.
Odio este sitio, donde quiera que esté. Odio esta calma estática que parece zumbar, odio el aire lleno de un silencio inquebrantable, y odio las tinieblas de seda negra que te acarician las cicatrices. Odio cada centímetro cúbico de esta nada tan absoluta, tan infinita, y odio la belleza morbosa adherida a este lugar ajeno a la realidad que solo una mente enferma y corrupta como la mía lograría descifrar detrás de cada vacío abismal.
Y por encima de todo lo demás odio estar atado, encadenado a la melodía cadenciosa de los silencios que me estallan en los tímpanos mientras espero a que las sombras se disuelvan y una chispa, un reflejo imperfecto de la luz real levante el velo de esta noche sin estrellas y me libere. Odio saber que, sin importar cuántas veces la aurora venga a rescatarme, volveré a caer en las mismas tinieblas.
Daría lo que fuera por salir de aquí con la certeza de no tener que regresar, pero las cadenas de la muerte nunca se sueltan del todo, nunca abren sus fauces cuando han alcanzado una presa. Sé que me dejarán salir con la misma seguridad con la que sé que me volverán a arrastrar hasta su núcleo.
Así que, ¿por qué luchar? ¿Por qué resistirse?
Me he acostumbrado a morir de vez en cuando. Me dejé atraer por la promesa de bucear en las profundidades abisales.
Para la mayoría de personas morir es una experiencia única, un camino sin retorno, el punto final que termina con su vida. Para mí, por desgracia, es una realidad habitual, tan habitual que he llegado a acostumbrarme.
A veces es cuestión de apenas un segundo, un desasosiego abrumador que me nubla la mirada y me perfora el corazón, un instante de inexistencia absoluta. Otras veces puede durar horas, incluso días, durante las cuales dejo de ser yo y observo desde dentro de esta prisión viviente las acciones de un cuerpo que ya no controlo.
Lo peor es que no hay un aviso, ningún tipo de advertencia.
Puedo estar dando una vuelta o perdido en medio de un montón de gente y de pronto el recuerdo se escapa de lo más profundo de mi memoria y me golpea tan fuerte que la sangre se me congela en las venas y no consigo ni respirar.
Durante una milésima parte de lo que dura un suspiro la luz me absorbe, se me clava en las retinas y me apuñala el alma, y entonces me arroja a una negrura absoluta y espesa, viscosa como la brea, y solo puedo hundirme más y más profundo, dejando atrás cualquier atisbo de vida. Me descubro sumergiéndome en la oscuridad insondable antes lleno y que ahora se ha convertido en un agujero negro sin final, comprimiéndome hasta romperme los sentimientos y aplastarme las palabras contra mis labios.
Al principio intenté luchar. Las primeras veces intenté nadar, salir a flote y dar una bocanada de aire; intenté huir. Pronto aprendí que no puedes salir de las sombras si las sombras no quieren que salgas, así que empecé a dejarme arrastrar sin ofrecer resistencia hasta ese lugar donde los latidos de mi corazón no son más que un metrónomo lejano.
Odio este sitio, donde quiera que esté. Odio esta calma estática que parece zumbar, odio el aire lleno de un silencio inquebrantable, y odio las tinieblas de seda negra que te acarician las cicatrices. Odio cada centímetro cúbico de esta nada tan absoluta, tan infinita, y odio la belleza morbosa adherida a este lugar ajeno a la realidad que solo una mente enferma y corrupta como la mía lograría descifrar detrás de cada vacío abismal.
Y por encima de todo lo demás odio estar atado, encadenado a la melodía cadenciosa de los silencios que me estallan en los tímpanos mientras espero a que las sombras se disuelvan y una chispa, un reflejo imperfecto de la luz real levante el velo de esta noche sin estrellas y me libere. Odio saber que, sin importar cuántas veces la aurora venga a rescatarme, volveré a caer en las mismas tinieblas.
Daría lo que fuera por salir de aquí con la certeza de no tener que regresar, pero las cadenas de la muerte nunca se sueltan del todo, nunca abren sus fauces cuando han alcanzado una presa. Sé que me dejarán salir con la misma seguridad con la que sé que me volverán a arrastrar hasta su núcleo.
Así que, ¿por qué luchar? ¿Por qué resistirse?
Me he acostumbrado a morir de vez en cuando. Me dejé atraer por la promesa de bucear en las profundidades abisales.
Creo que he perdido la cuenta de las veces que he deseado desaparecer, si lees bien , desaparecer , irme, dejar, perder,olvidar,ser olvidado.
Supongo que para la gente que se queda no sería dificil hacer como si nada sin mi, he pensando eso millones de veces y se que tengo la razón.
Precisamente hoy es uno de esos días en los que me he despertado y no he encontrado sentido a nada, he abierto los ojos y desde el primer momento he pensando que me tenía que haber quedado ahí , dormido, donde los problemas no parecen existir o si mas no, desaparecen durante un rato.
Parece que hoy me he despertado para meter la pata constantemente y para que nada me salga bien y ese sentimiento de impotencia de no poder hacer nada puede conmigo.
¿No os a pasado nunca en los que solo hay días que necesitáis llorar?
Dias en los que sabes que a la mínima que te digan algo vas a notar que los ojos te brillan mas que nunca por esas ganas tontas de llorar, lo peor de todo no es llorar, lo peor es no tener a nadie que te diga que dejes de hacerlo, no tener a nadie que te diga "limpiate la cara y demuestra que puedes con todo" aunque sea mentira
Supongo que para la gente que se queda no sería dificil hacer como si nada sin mi, he pensando eso millones de veces y se que tengo la razón.
Precisamente hoy es uno de esos días en los que me he despertado y no he encontrado sentido a nada, he abierto los ojos y desde el primer momento he pensando que me tenía que haber quedado ahí , dormido, donde los problemas no parecen existir o si mas no, desaparecen durante un rato.
Parece que hoy me he despertado para meter la pata constantemente y para que nada me salga bien y ese sentimiento de impotencia de no poder hacer nada puede conmigo.
¿No os a pasado nunca en los que solo hay días que necesitáis llorar?
Dias en los que sabes que a la mínima que te digan algo vas a notar que los ojos te brillan mas que nunca por esas ganas tontas de llorar, lo peor de todo no es llorar, lo peor es no tener a nadie que te diga que dejes de hacerlo, no tener a nadie que te diga "limpiate la cara y demuestra que puedes con todo" aunque sea mentira
martes, 9 de julio de 2019
viernes, 5 de julio de 2019
Souvenir de Nueva York.
Algunas personas son como las grandes ciudades, algo así como nueva york.
Están llenas de rascacielos enormes, de parques, de sitios increíbles donde sacarse un millón de fotos y presumir de ello...
hay turistas que incluso sueñan con poder ir, recorrer la distancia que haga falta, dejarse el dinero necesario con tal
de estar allí.
Tienen tanta ilusión por ir y visitarla que si fuera por ellos se quedarían para siempre, es como que hasta lo prometen.
¡No me iré jamás! no hay ningún sitio como tú... y así durante el tiempo que haga falta hasta que surge la oportunidad de ir
El primer día es sencillamente magico, no para de fluir la ilusión entre ellos 2, la ciudad por creer que esa persona se quedará
por siempre creyendo lo que dijo, y ese turista por haber visitado esa ciudad que tanto le encanta sin ni siquiera haberla visto
antes, mas que por unas fotos y 4 comentarios. Se sienten tan unidos que hasta se ilusionan.
Pasan los días y algo ha cambiado, ya no hay tanta magia entre ellos 2, la ciudad no tiene nada mas que ofrecer,
puede que a las 7 de la tarde no ocurra nada en la quinta avenida, puede que a las 7 y 1 minuto empiece la historia de amor
mas bonita que jamas habra, y puede que a las 7 y 2 minutos haya algun atraco en cualquier tienda, pero al fin y al cabo
siempre tiene las mismas calles, las mismas zonas, los mismos sitios a los que ir..
El turista se da cuenta de que lo que realmente buscaba era desconectar de otro pueblo, que lo de allí sólo era para pasar
unos días, se da cuenta de que solo le interesaba visitar central park, el empire state, y times square... lo demas le daba igual.
Y seguramente hasta se agobiara por tanto trafico, tantas personas, tanto ruido...
yo, se podria decir que estoy buscando a la turista que encuentre el encanto suficiente entre mis calles y avenidas..
saber como funcionan, como tratarlas, saber de las zonas que le pegan mil vueltas a esos sitios que viene a visitar todo el mundo, pero que nadie sabe que existen.
Pienso que el amor es algo así, el turista se va y la ciudad no puede hacer nada mas que quedarse quieta y esperar que en uno de esos cientos de aviones que llegan todos los días, esté el turista de su vida, alguien deseando perderse en tí.
Mientras tanto...., mientras tanto solo queda aguantar...., aguantar y no derrumbarse
porque cuando llegue ese persona, ese turista
¿Nos tiene que ver bonitos no?.
Pienso que el amor es algo así, el turista se va y la ciudad no puede hacer nada mas que quedarse quieta y esperar que en uno de esos cientos de aviones que llegan todos los días, esté el turista de su vida, alguien deseando perderse en tí.
Mientras tanto...., mientras tanto solo queda aguantar...., aguantar y no derrumbarse
porque cuando llegue ese persona, ese turista
¿Nos tiene que ver bonitos no?.
Brújulas sin norte que sólo saben de codesordenadas
Hay sitios increíbles en cada ciudad, sitios que parecen esconderse de todo el mundo hasta el punto en el que se piensa que ni existen, incluso para las personas que viven a unos minutos de ellos.
Soy de esas personas que adoran descubrir caminos nuevos, pero que siempre acaban yendo por el mismo hasta el punto de preguntarse por qué no cambian las vistas… y creen que la solución debe ser continuar hacia delante.
Pasé por el lado de uno de esos sitios durante años sin darme cuenta… resulta que la solución a querer encontrar algo nuevo estaba en el camino que recorría siempre, pero no sabía que estaba ahí.
Quizá todo esté lleno de soluciones… pero primero tenemos que aprender a mirarlas.
Eso me hace pensar que los trenes no pasan solo una vez, sino que se esperan a que estés preparado, a que te subas, y ya habra tiempo de partir.
Un día me atreví a explorar, con el miedo a perderme entre tanto camino secundario sin señalizar, sin saber muy bien dónde me estaba metiendo, que podría pasarme cualquier cosa en un sitio donde no había más personas…
Me encontré con mil ramas bloqueando el paso, mil insectos, mil baches… todo tipo de molestias que sólo animaban a dar media vuelta e irse porque no parecía estar yendo a ningún sitio, aquello no tenía final... Pero lo aguanté y seguí.
Lo peor es que había llovido aunque hiciera sol… el camino se había vuelto más peligroso al llenarse de barro y charcos con los que no paraba de resbalar, sudar y mancharme de tierra. Acabé hecho un desastre… y todo por un sitio que no sabía si me iba a gustar, ni si existia.
Al final llegué al centro de aquel lugar… completamente vacío, pero increíblemente bonito. Nada que ver con el caos que encontré para tener que llegar hasta el.
Por un momento dejé de tener miedo a aquella soledad, y es más, me encantaba ser el unico con valor suficiente para enfrentarme a ella.
Empezaba a sentir que no pintaba nada allí, yo estaba completamente sucio y no tenía mucho más que la sed de aventura como equipaje… pero creo que ese tipo de lugares valoran más a alguien dispuesto a acabar así, que a una cara bonita y sin despeinar. Al menos los que no están podridos por dentro.
Terminé queriendome ir… y aunque siempre lo recuerde como un sitio precioso, no estaba hecho para quedarme alli por siempre.
Tomé otro camino distinto al anterior, ya que no estaba dispuesto a pasar por lo de antes… el de salida parecía ser más sencillo, sin complicaciones y en línea recta… de nuevo con la incertidumbre de saber donde me acabaría llevando… le eché valor y seguí pese al cansancio y las heridas... Acabe donde siempre, donde antes de empezar esta aventura.
Creo que deberíamos perderle miedo a entrar en caminos que no conocemos, por muy horribles que sean y por muy vacios que esten… eso no significa nada, pueden llevar a lugares que parecian no existir desde cualquier ventana de la ciudad.
Estoy seguro de que los lugares mas bonitos no tienen caminos fáciles, sólo necesitamos caminar. Caminar por cualquier parte del mundo hasta encontrar una sola solucion… al fin y al cabo todos los caminos llevan a roma.
Mi libro favorito dice que se sobrevive a todo, a todo menos a lo último… asi que no hay mucho que temer.
Quien diga que perderse a proposito es cosa de locos no tiene ni idea sobre el amor… por cierto, llevo casi 4 minutos hablando de corazones.
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