jueves, 30 de mayo de 2019
jueves, 16 de mayo de 2019
I Don´t trust myself
Quizá sea verdad.
Quizá, pretendiendo alejarme del mundo, me alejé de mi pasado y me construí uno nuevo.
Pensé que sería más fácil, y al principio fue así. Sí, mis ojos se apagaron y mis sonrisas dejaron de ser sinceras, pero al menos no me dolía al respirar ni me pesaban los sentimientos a la espalda.
Desde entonces, sin embargo, las cosas han dejado de ser divertidas progresivamente.
Ahora me cuesta hasta recordar un instante cualquiera de hace uno o dos años, no digamos ya de mi infancia. Los rostros de mi pasado se han deformado en mi memoria, y a veces me sorprendo mirando fotos durante horas, preguntándome quiénes serán los pequeños que aparecen en ellas.
La cabeza me juega malas pasadas, me mareo, me caigo, o me quedo embobado durante horas mirando al infinito, como buscando la respuesta a una pregunta que ni siquiera he formulado. Ya apenas puedo dormir, acosado por sueños vacíos de pasados moribundos que, definitivamente, no puedo considerar míos. Me revuelvo, envuelto en sábanas empalagosamente cálidas que huelen a nada, muriéndome de frío en lo más profundo del infierno. Salgo a la calle con sudadera en pleno julio, o en manga corta en diciembre, y mi cuerpo, estable, niega las temperaturas que el termómetro marca.
Se me escapan los segundos, los minutos y horas, el tiempo se pierde en una enorme vorágine oscura y me deja con la amarga sensación de que no podré recuperarlo nunca, sin importar cuán rápido camine, tratando de ahorrar algún precioso segundo que, al final, siempre acaba cayendo al agujero.
Quiero llorar y, literalmente, no puedo; deseo enamorarme, pero mi corazón consume el sentimiento; ansío volver a confiar, pero la realidad no deja de ser cruel y destructiva. Y ni siquiera puedo sentir envidia de aquellos que lo ven todo en rosa, pues pronto veo que, mientras ellos caminan con los ojos cerrados, caen una y otra vez.
Durante un instante, siento la imperiosa necesidad de sentir algo, pero el instante que le sigue proclama que el anterior nunca existió, y mi memoria, corrompida por las promesas de no cargar con recuerdos dolorosos proferidas por mi corazón de hielo, le cree.
No importa cuántos años me queden. No importa si vivo hasta los cincuenta, los cien o los tres mil. Si solo recuerdo un mes de mi vida, no se me quitará de encima la sensación de estar muriendo joven.
Quizá, pretendiendo alejarme del mundo, me alejé de mi pasado y me construí uno nuevo.
Pensé que sería más fácil, y al principio fue así. Sí, mis ojos se apagaron y mis sonrisas dejaron de ser sinceras, pero al menos no me dolía al respirar ni me pesaban los sentimientos a la espalda.
Desde entonces, sin embargo, las cosas han dejado de ser divertidas progresivamente.
Ahora me cuesta hasta recordar un instante cualquiera de hace uno o dos años, no digamos ya de mi infancia. Los rostros de mi pasado se han deformado en mi memoria, y a veces me sorprendo mirando fotos durante horas, preguntándome quiénes serán los pequeños que aparecen en ellas.
La cabeza me juega malas pasadas, me mareo, me caigo, o me quedo embobado durante horas mirando al infinito, como buscando la respuesta a una pregunta que ni siquiera he formulado. Ya apenas puedo dormir, acosado por sueños vacíos de pasados moribundos que, definitivamente, no puedo considerar míos. Me revuelvo, envuelto en sábanas empalagosamente cálidas que huelen a nada, muriéndome de frío en lo más profundo del infierno. Salgo a la calle con sudadera en pleno julio, o en manga corta en diciembre, y mi cuerpo, estable, niega las temperaturas que el termómetro marca.
Se me escapan los segundos, los minutos y horas, el tiempo se pierde en una enorme vorágine oscura y me deja con la amarga sensación de que no podré recuperarlo nunca, sin importar cuán rápido camine, tratando de ahorrar algún precioso segundo que, al final, siempre acaba cayendo al agujero.
Quiero llorar y, literalmente, no puedo; deseo enamorarme, pero mi corazón consume el sentimiento; ansío volver a confiar, pero la realidad no deja de ser cruel y destructiva. Y ni siquiera puedo sentir envidia de aquellos que lo ven todo en rosa, pues pronto veo que, mientras ellos caminan con los ojos cerrados, caen una y otra vez.
Durante un instante, siento la imperiosa necesidad de sentir algo, pero el instante que le sigue proclama que el anterior nunca existió, y mi memoria, corrompida por las promesas de no cargar con recuerdos dolorosos proferidas por mi corazón de hielo, le cree.
No importa cuántos años me queden. No importa si vivo hasta los cincuenta, los cien o los tres mil. Si solo recuerdo un mes de mi vida, no se me quitará de encima la sensación de estar muriendo joven.
martes, 26 de marzo de 2019
Agujeros negros que se disfrazan de pupilas
Por las veces que lo tuve y lo disfruté como quien no sabe que se va a marchar… aunque lo acabe haciendo de la noche a la mañana. Todo lo bonito tiene la puta manía de acabarse… y yo de escribir un Desaparece en el vaho que dejo en los cristales cuando lo hace. No sé para quién van dirigidos, pero siempre soy yo el que les acaba haciendo caso porque el recuerdo sigue visitandome.
Empiezo a pensar que esto de desaparecer es la única forma eficaz que tengo de aprender, siempre hacia un lugar que ni yo mismo sepa que exista, sin avisos para evitar seguirme. Y me guardo entre sábanas esperando no estropearme mientras esté fuera aunque dentro de ellas crea que no puedo estar más roto. Siempre que vuelvo noto que soy alguien completamente distinto. Como si una parte de mi supiese lo que necesitaba y hubiese salido corriendo en su búsqueda. A veces solo traigo algún adiós, porque una cosa es ser bueno y otra idiota.
Desde que aprendí a hacerlo me he dado cuenta de que el mundo da miedo, pero los paisajes son preciosos…y viéndolos aprendí que el trazo más mínimo puede joder un lienzo entero. Y ya que me voy a equivocar, al menos intento que quede bonito.
Así que eso hago. Todo va bien y fluye hasta que de repente no. Lo sufro, deja de afectarme, lo olvido, y vuelvo a enfrentarme a ello durante mil horas más hasta que quede bonito en forma de canción.
Y es que si algo da escribir es una de las tristezas más cara jamás creadas y estoy aprendiendo a disfrutarla. Pido 2 minutos de silencio a cambio de hablar de ella… sólo hablar de ella. Con lo que cuesta callar al idiota. Con lo que cuesta encontrar a alguien que tenga tanto tiempo.
Amo la intriga y temo la incertidumbre, pero no voy a seguir dándole mérito al destino por cada acto que cometo, porque sé que lo que perdemos siempre regresa, pero suele tener un apellido nuevo, y me alegro, porque hay personas que no saben dar besos… pero más por no saber dar que por no saber besar.
Que las señales sólo son las casualidades que necesitábamos encontrar y la suerte es simplemente la actitud con la que afrontes cada golpe.
Somos muy de poner nombres bonitos, pero defíneme lo que significa amor y libertad porque te quiero, sabemos gritarlo todos.
Si es verdad eso de que los ojos son el reflejo del alma… creo aún más en que soy un agujero negro y que de mí no sale ni la luz que absorbo, supongo que por eso me brillan tanto… dicen, así que disfrútalo, porque últimamente sólo me da por mirar mapas y nubes. Pocas personas me han interesado tanto como para mirarlas durante horas creyendo poder absorberlas para que formen parte de mí y asi no poder librarme de ellas ni siquiera en un millón de años.
Nunca se me dieron bien las palabras… así que mirarte como un tonto es lo más bonito que te voy a saber decir.
Empiezo a pensar que esto de desaparecer es la única forma eficaz que tengo de aprender, siempre hacia un lugar que ni yo mismo sepa que exista, sin avisos para evitar seguirme. Y me guardo entre sábanas esperando no estropearme mientras esté fuera aunque dentro de ellas crea que no puedo estar más roto. Siempre que vuelvo noto que soy alguien completamente distinto. Como si una parte de mi supiese lo que necesitaba y hubiese salido corriendo en su búsqueda. A veces solo traigo algún adiós, porque una cosa es ser bueno y otra idiota.
Desde que aprendí a hacerlo me he dado cuenta de que el mundo da miedo, pero los paisajes son preciosos…y viéndolos aprendí que el trazo más mínimo puede joder un lienzo entero. Y ya que me voy a equivocar, al menos intento que quede bonito.
Así que eso hago. Todo va bien y fluye hasta que de repente no. Lo sufro, deja de afectarme, lo olvido, y vuelvo a enfrentarme a ello durante mil horas más hasta que quede bonito en forma de canción.
Y es que si algo da escribir es una de las tristezas más cara jamás creadas y estoy aprendiendo a disfrutarla. Pido 2 minutos de silencio a cambio de hablar de ella… sólo hablar de ella. Con lo que cuesta callar al idiota. Con lo que cuesta encontrar a alguien que tenga tanto tiempo.
Amo la intriga y temo la incertidumbre, pero no voy a seguir dándole mérito al destino por cada acto que cometo, porque sé que lo que perdemos siempre regresa, pero suele tener un apellido nuevo, y me alegro, porque hay personas que no saben dar besos… pero más por no saber dar que por no saber besar.
Que las señales sólo son las casualidades que necesitábamos encontrar y la suerte es simplemente la actitud con la que afrontes cada golpe.
Somos muy de poner nombres bonitos, pero defíneme lo que significa amor y libertad porque te quiero, sabemos gritarlo todos.
Si es verdad eso de que los ojos son el reflejo del alma… creo aún más en que soy un agujero negro y que de mí no sale ni la luz que absorbo, supongo que por eso me brillan tanto… dicen, así que disfrútalo, porque últimamente sólo me da por mirar mapas y nubes. Pocas personas me han interesado tanto como para mirarlas durante horas creyendo poder absorberlas para que formen parte de mí y asi no poder librarme de ellas ni siquiera en un millón de años.
Nunca se me dieron bien las palabras… así que mirarte como un tonto es lo más bonito que te voy a saber decir.
sábado, 23 de marzo de 2019
Hay quien dice que de los errores se aprende pero, siendo sinceros, todos sabemos que no es así. Vemos la piedra y, no es que tropecemos, es que nos tiramos en plancha encima de ella, nos rasgamos la piel con sus esquinas y disfrutamos rebozándonos en el barro. Y cuando el universo, harto de nuestras desdichas, obra un milagro y le pone patas a esa piedra para que huya, corremos detrás, la perseguimos dejándonos la vida y el aliento en esa carrera estúpida, como estúpidos que somos.
Y al final, con tanta fijación por los tropiezos, empiezo a plantearme si no estaremos confundiendo la metáfora y sea el suelo el lugar perfecto para seguir avanzando. Que quizá el error sea pensar que la piedra es el error. Que quizá seamos nosotros los que hacemos tropezar a la piedra.
No lo sé.
Pero mientras sigamos dispuestos a cargar con ella, no podemos quejarnos y considerarla un obstáculo.
Mentiras de papel
¿No lo sabes? Los sentimientos que hacen latir más rápido el corazón están prohibidos aquí. ¿Que dices que no habías visto el cartel en la entrada?¿Qué has recorrido un largo camino para llegar aquí? Lo siento, pero es que no puedo dejarte pasar.[...] Sí, ya sé que a la tristeza la he dejado pasar y al dolor también, lo sé. Pero es que no puedo dejarte pasar, entiéndelo, perdería mi trabajo. Me pagan para que proteja a este corazón de sentimientos como ésos que están ahí sentados. Si realmente no pretendes irte deberías hacerles compañía.[...] Todos ellos dijeron lo mismo, pero al final, siempre se marchan, siempre.[...] Sé que tú no tienes intención de marcharte, pero entiende que este corazón sea escéptico, le han abandonado tantas veces esos sentimientos que ha decidido que ya no volverá a acogerlos.[...] Así que tú mantienes que eres para siempre ¿eh? No sé, no creo que consigas convencerme con esos argumentos. Fíjate bien, ¿ves quiénes están ahí sentados? La lujuria, la felicidad, el amor, el odio...[...] Sí, aun que te resulte extraño el odio también ha sido desterrado para siempre de éste corazón, pero es que hace que lata demasiado deprisa, y su dueño no quiere que nada perturbe esa paz que ha creado para él. Por cierto, aún no se tu nombre, así que dime, ¿cómo te llamas?
E N D L E S S
Mi cabeza en bucle
lo hice lo mejor que supe
1 año despues na le suple
no queda nadie ya que se preocupe o no duerma por mi
llegue hasta donde me propuse
aunque fuese a base de costumbre
la unica fuerza que impulse a avanzar
ser un automata
evitar pensar
buscar un problema y distraerse
dejarse llevar ya no suena tan mal
ahora que todo esta mal
curando la herida con sal
sudando o llorandote un mar
quisiera explotar y saber lo que pasa aqui dentro
tanto que contar que hasta yo me pregunto y me quedo en silencio, mirando el incendio
el futuro ya no es ni de lejos la sombra de lo que parecia que era hasta ayer
vi hacerse pequeño en un retrovisor el que quise y desaparecer
el resto es historia
tengo el dia tonto desde hace ni se ya
un silencio incapaz de callar
no deja siquiera que duerma
y mi reflejo metiendose en ojos que parecen espejos llenos de vaho
colores sin vida formando una imagen irreconocible
me siento invisible
la nada mas grande que existe
el hueco que dejas al irte a mi lao..
si hice algo malo esta mas que pagao..
teoría del caos
me cuesta seguir encontrando una excusa
y palabras que puedan expresar esto
en un rato la alarma sonara puntual
yo sigo despierto…
dicen que es temporal
tengo el pecho cubierto de lluvia y viento
el puto big bang latiendo
cada vez mas roto, mas lejos
cada vez mas dudas mas miedos
perdiéndome a mi, los días, las ganas, los nervios
domingo, 13 de enero de 2019
Me ha llamado para decirme que todo error comienza al despegar los labios.
He colgado el teléfono porque el error comienza al desplegar los párpados.
Menuda inconsciencia no haberse fijado en las salidas de emergencia. Es evidente que en esta vida, o borras tú o te roban hasta el nombre. Era absurdo no haber pensando en una alternativa. Nadie siente como tú. Pero cada uno lo ha hecho.
¿Ves las marcas del desgaste cuando te has quedado sin frenos? ¿Creías que iba a cambiar?
Hay cosas que nunca cambian.
Y otras, en cambio, siempre pierden.
Se fue.
Se fue mucho antes de que te dieras cuenta.
Sólo te queda decir adiós.
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