Siempre hay que guardar la esperanza o la precaución, según el caso, de que lo imprevisto encuentre su momento y lugar. No esperarlo, pero sí saberlo y hacerle su sitio en la despensa y en el corazón.
Ocurrirá cuando al héroe se le presente todo de cara, ocurre cuando el villano se relame enmedio de su señorío del mal. En el primer caso, la historia iba demasiado melosa, en el segundo, todo iba abocado a una tragedia plana y sin finalidad. En ambos casos, el imprevisto tuerce o redirecciona la vida para que nada sea aburridamente bueno ni desesperadamente malo. En cualquier caso, ocurre lo que mejor le venía a la película: hay una guindilla en el postre, hay un milagro que controla el incendio devastador, y lo único que importa, a fin de cuentas es que, viendo cómo al bien se le fortalece el carácter, viendo cómo al mal se le puede hacer frente, el espectador nos recordará como un momento constructivo, y nos habremos ganado su aplauso.
martes, 30 de julio de 2013
lunes, 29 de julio de 2013
LO FÁCIL NO SABE A NADA.
A veces es mejor que no pase lo que, en nuestra torpeza o miopía, imaginamos como soluciones a nuestras trabas o muros insalvables.
Ingenua y caprichosamente, nos duele todo lo que no sea un horizonte despejado para el libre paso de nuestros anhelos y apetencias. No vemos que el paisaje despejado es irreal. Somos estúpidos, blandos y de queja fácil, casi automática, ante un mínimo accidente en el camino hacia nuestros deseos.
Pero observemos que sólo los reveses, los obstáculos, nos sacan de nuestra absurdamente engañosa comodidad. Observemos que esa oposición es la única defensa contra la autocomplacencia, contra nuestra indulgencia para con nosotros mismos. Los conflictos, los obstáculos, los imprevistos y roturas nos hacen crecer y tensar el carácter, reactivar el espíritu. Nos hacen mantener actualizado el valor de cada momento. Inmersos en una constante negociación, viviendo en un eterno debatir con nuestros errores y conflictos, nos vemos impulsados a revisar y corregir qué somos y qué queremos, en qué estamos y en qué nos gustaría. Nuestros anhelos y necesidades se pulen en concisión y profundidad. Acabamos comprendiendo en plenitud que todo no es posible y nos hacemos mucho más operativos, económicos, tenaces y decididos con lo que sí lo es. Nuestras fuerzas y alientos van creciendo, en extensión, carácter y profundidad, a la par que nuestros horizontes y perspectivas.
Los conflictos, los problemas, les quitan paja a nuestros sueños. Les quitan poesía y épica, y los convierten en posibilidades: sistemas concretos, a los que podemos diseñarles planes de acción concisos, secuenciables y cuantificables, dirigidos a la realización de esas posibilidades. Obligándonos a vivir en una constante redacción, corrección y mejora, definen realmente quiénes somos y qué necesitamos. Actualizan el coraje de estar vivos. Nos proporcionan, o mejor, posibilitan que nosotros mismos creemos herramientas concretas para estados y situaciones concretas, inmersas en la corriente de la vida. Los problemas nos acercan a ella.
Así, posibilitando alientos y valores que, o no teníamos o estaban adormecidos, habituándonos a un estado permanente de negociación con nosotros mismos y con el entorno, nos encontramos con que, ayudándonos realmente a profundizar en conciencia sobre qué es la vida, quiénes somos nosotros y qué hacemos al respecto, podemos ver, si lo aceptamos con humor y valentía, que lo que inicialmente apreciábamos como un sinvivir, es el único alimento aceptable y efectivo de lo que, en realidad, es vivir.
Ingenua y caprichosamente, nos duele todo lo que no sea un horizonte despejado para el libre paso de nuestros anhelos y apetencias. No vemos que el paisaje despejado es irreal. Somos estúpidos, blandos y de queja fácil, casi automática, ante un mínimo accidente en el camino hacia nuestros deseos.
Pero observemos que sólo los reveses, los obstáculos, nos sacan de nuestra absurdamente engañosa comodidad. Observemos que esa oposición es la única defensa contra la autocomplacencia, contra nuestra indulgencia para con nosotros mismos. Los conflictos, los obstáculos, los imprevistos y roturas nos hacen crecer y tensar el carácter, reactivar el espíritu. Nos hacen mantener actualizado el valor de cada momento. Inmersos en una constante negociación, viviendo en un eterno debatir con nuestros errores y conflictos, nos vemos impulsados a revisar y corregir qué somos y qué queremos, en qué estamos y en qué nos gustaría. Nuestros anhelos y necesidades se pulen en concisión y profundidad. Acabamos comprendiendo en plenitud que todo no es posible y nos hacemos mucho más operativos, económicos, tenaces y decididos con lo que sí lo es. Nuestras fuerzas y alientos van creciendo, en extensión, carácter y profundidad, a la par que nuestros horizontes y perspectivas.
Los conflictos, los problemas, les quitan paja a nuestros sueños. Les quitan poesía y épica, y los convierten en posibilidades: sistemas concretos, a los que podemos diseñarles planes de acción concisos, secuenciables y cuantificables, dirigidos a la realización de esas posibilidades. Obligándonos a vivir en una constante redacción, corrección y mejora, definen realmente quiénes somos y qué necesitamos. Actualizan el coraje de estar vivos. Nos proporcionan, o mejor, posibilitan que nosotros mismos creemos herramientas concretas para estados y situaciones concretas, inmersas en la corriente de la vida. Los problemas nos acercan a ella.
Así, posibilitando alientos y valores que, o no teníamos o estaban adormecidos, habituándonos a un estado permanente de negociación con nosotros mismos y con el entorno, nos encontramos con que, ayudándonos realmente a profundizar en conciencia sobre qué es la vida, quiénes somos nosotros y qué hacemos al respecto, podemos ver, si lo aceptamos con humor y valentía, que lo que inicialmente apreciábamos como un sinvivir, es el único alimento aceptable y efectivo de lo que, en realidad, es vivir.
viernes, 26 de julio de 2013
Hago cosas
que me salvan la vida y al mismo tiempo me sumergen en un estado de completo nerviosismo.
Me salvan la vida porque veo que, a pesar de que están desconectadas de las resoluciones que hay que tomar para llevar a buen término la mecánica cotidiana (ingresos, éxito personal/social, etc;) esas cosas que hago, aunque sean extrañas a los demás, me ayudan a definir mi papel, lo sitúan en el momento y el lugar que ocupo, esto es, me ubican en el mundo y dignifican mi vida.
Las cosas que hago me sumergen en un estado de completo nerviosismo porque, aparte de que raramente ayudan a mantener satisfactoriamente las cuestiones relacionadas con la cotidianidad, aparte de eso, me exigen una cuota de concentración en mí mismo, aunque sea para observar activa y profundamente la realidad que todos vivimos. Demasiadas veces, creo, la conciencia se alimenta de soledad.
El mundo está lleno de cosas que yo no sé y todo el mundo sabe. Los días buenos me siento curioso, los días malos me veo ignorante y segregado.
El mundo está lleno de cosas que yo sé y que nadie sabe. Los días buenos me veo campeón del amor por todo cuanto ofrezco, los días malos me siento un imbécil arrogante, que de puerta en puerta, disfraza su ineptitud para la normalidad regalando tesoros incomprensibles que abarrotan los trasteros de la gente.
jueves, 25 de julio de 2013
Intuiciones.
¿Hasta dónde debo seguir las intuiciones que me acercan a ti?
¿Hasta cuándo debo ignorar las que me alejan?
¿Hasta cuándo debo ignorar las que me alejan?
¿Cuál es tu paso siguiente?
¿Cual es tu paso siguiente? ¿Cual el mío? ¿Somos un puente hacia otro lugar en la vida? ¿Cual es el escalón o río obstáculo que cada uno ha de salvar? ¿Soy buena compañía o interruptor o traductor o espectador enfermero paracaídas defensor propiciador de tu próximo paso?
¿Te hago falta? ¿Te doy vida? ¿Estás en mi paso siguiente?
Alguien tiene que amarte. Es urgente. O se escapará tu corazón dorado, que es un papelito que se va volando con el viento envenenado, aunque huele bien. Alguien tiene que amarte. No sirve un paso acompañado ni un abrazo presuroso antes de un beso en el cuello. No sirve demorarlo todo. No sirven los templos antiguos. No sirven las canciones de antes ni las canciones de después. No sirven los arreglos, no valen los efectos, las cortas ni las largas distancias. No valen las palabras, los dibujos que se dicen ni los alientos que se exhalan con las últimas quejas de la voluntad. No valen los dioses conocidos. No sirve la Ley Natural.
Amarte, alguien tiene que amarte desde el puesto de vigía.
¿Te hago falta? ¿Te doy vida? ¿Estás en mi paso siguiente?
Alguien tiene que amarte. Es urgente. O se escapará tu corazón dorado, que es un papelito que se va volando con el viento envenenado, aunque huele bien. Alguien tiene que amarte. No sirve un paso acompañado ni un abrazo presuroso antes de un beso en el cuello. No sirve demorarlo todo. No sirven los templos antiguos. No sirven las canciones de antes ni las canciones de después. No sirven los arreglos, no valen los efectos, las cortas ni las largas distancias. No valen las palabras, los dibujos que se dicen ni los alientos que se exhalan con las últimas quejas de la voluntad. No valen los dioses conocidos. No sirve la Ley Natural.
Amarte, alguien tiene que amarte desde el puesto de vigía.
lunes, 15 de julio de 2013
Polos de aire
A veces has soñado con una mujer preciosa, a la que apenas conoces, y la vida se comporta como un esquivo caramelo amargo. Me refiero, claro, a la vida de cuando ya has despertado, que no se da por aludida y permanece indiferente a que, en el sueño, la besabas en la espalda, tiernamente, mientras su voz suave articulaba algo limpio que te confortó y que no recuerdas, una vez despierto. Compruebas dolido que a la vida le da igual si en el sueño esa mujer te estaba mirando de frente y sonriendo, mientras manejabas la impresión borrosa de que ella te miraba desde dentro de ella misma, que encontraba sin esfuerzo un lugar o un momento para acabar asomándose a ti, como si fueras un campo que por allí pasaba, soltándole sus besos, como si fueras un río donde ella se agacha a llenar su cuenquito.
Da igual, te has visto despierto y ninguneado, pues la vida, ese animal caprichoso, sigue a su aire, salvaje, libertina. Te has quedado solo, y permanece en ti ese beso que le diste a la mujer en la espalda. Has despertado y aún mantienes como un tesoro indescriptible el sabor imaginado, aún conservas el olor, el calor latente de la mujer inspirada en tu abrazo. Sigues, al levantarte de la cama, sabiendo que ella, con su corazón indescifrado, te está mirando, y en su mirada tranquila, a su manera, te abraza. Y están de más los certificados que definan si su mirada es tangente, secante, o concéntrica. Su mirada va contigo y tu beso va con ella, de forma irremediable. Permanecerá, seguramente, ajena a lo que sueñas, seguirá con su vida normal, cruzando semáforos en la ciudad y zarzales en la campiña. Ella va a seguir con sus sueños propios, con su olor, con su sabor, y presumiblemente sobrevivirá sin tener que echarte cuenta, pero tú sabes que el mundo ha cambiado. Tus razones se han llenado de pálpitos, porque ahora hay un perfume nuevo, una carne que no comprendes, una más, y te tensa una desazón abstracta, basada en ciencias que no están escritas ni comprobadas, pues ella es una mujer real, allá donde se encuentre, y tú te has quedado saboreando besos que has soñado. Como polos de aire, como bosques esbozados que nadie intuye.
Ella reinará en sus cosas importantes, y tú mascarás algo indescifrable, y la vida seguirá adelante. No sabrás en qué parte pondrás tu trocito de amor instantáneo. ¿Lo podrás en espera? ¿Lo transformarás en algo? El amor, se supone, tiene otros criterios acerca de lo productivo. Ignorarás qué hacer y sólo sabrás que es fatalmente tarde, que es demasiado temprano para improvisar protocolos con que regar las flores de tus jardines abstractos.
De lo que ella sonríe, de lo que ella te mira, en la vida real, la que admites delante de la gente, también en el momento soñado, de eso que queriendo o sin querer te brinda, tú sabes que lo que imaginas tú mismo, tú mismo lo estás creando. Lo que piensas a su alrededor puede resultar fútil, engañoso o descerebrado, pues tales son los hijos de una conversación, cuando no llega a celebrarse. Sientes su beso brumoso, y te sorprendes creyendo en algo.
Su presencia se mantiene, y lo soñado pugna por mantener tus hilos de contacto con esas cosas necesarias que te faltaron al nacer, tantas cosas imprescindibles que te echaron a los caminos del mundo, voraz y alelado, como un lobo que se pierde en la sierra, venteando el precioso aroma de una verdad, que aunque pequeña y esquiva, te mantiene aferrado al hambre de vivir.
sábado, 22 de junio de 2013
Inquebrantable
inquebrantable aun en noches como esta, donde aplico sobre mi un inmerecido auto-castigo que arranca un pétalo mas, tal vez esperando a que todo acabe con el te quiero mas insurgente,Pero acabo mordiendo el tallo conforme el amanecer se acerca y mis aullidos se desvanecen con los primeros rayos del sol, para volver a dimitir como humano y contemplar los inmensas cordilleras de basura que eclipsan mi ser.
tal vez no halla mañana y esta insana nana deje de dormirme, tengo un contrato correspondencia-impotencia que ya firmé, olvidando seguir firme,
Seguiré recordando que olvidar noches como esas es como creer que el cielo se abrirá para nosotros absorbiendo todos los atardeceres rotos,
el universo prosigue en su caótico orden y la galaxia que no colisiona y yo preguntando hasta cuando, que jamas llegue el día que las esperanzas estorben y ardan para siempre los sueños que nos están quemando
y anhelar la felicidad no es delito es un derecho vital que no puedo evitar,cuando quiero me resucito, pero a la muerte nunca le da por avisar
Inquebrantable y frágil como lagrimas de resistencia entre agujeros negros buscando la estrella que perdí, vuelvo a romper la flor del destino mientras vislumbro jardines a lo lejos, que espero no tener que deshojar, vuelvo a quemar otro poema donde escribí mi redención, arde como el olvido al mínimo contacto con las palabras que no te dije, ahora es aire, tal vez lo respires y se te dilate las pupilas para darte cuenta de todo y yo dejando que el dolor baile, pisándole los pies a mis noches intranquilas, cuantos segundos les robo, en el ultimo escribo este poema, esta vez, ignífugo.
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