Vamos a correr por los campos hasta sentir los dos el mismo miedo,
a caernos de los columpios, a prender fuego a nuestros objetos especiales
a jugar juntos bajo el mal tiempo.
Vamos a comer mal,
a mirar a los adultos beber vino y reírnos de su estupidez,
vamos a sentarnos en el asiento de atrás del coche
a mirar a los ojos a los extraños que pasan
e incomodarles
sin que nada nos importe, sin decir palabrotas, joder.
Vamos a reivindicar los superpoderes
que nos quitaron junto a los dientes de leche,
la habilidad para no temer a los problemas
ni sentir pánico al quedarnos encerrados en el sótano
aunque estemos seguros de que allí hay algo.
Y mientras cogemos de las almohadas cada pluma
vamos a alejarnos de los bordes de la cama
para estar más juntos.
Vamos a sentarnos en mitad de la calle con helado por la cara
sacándole la lengua a los transeúntes,
lloremos,
nademos,
hagamos de todo.
Vamos a reírnos si alguien se cae,
la música clásica es aburrida
y ni tú ni yo entendemos la poesía
porque ninguna palabra significa lo que es en realidad.
El teatro es largo, aburrido, triste y cansado...
en horas que podrían pasarse rodando por las colinas
y arañándonos las rodillas con el cemento.
Vamos a escuchar historias y a perder la inocencia,
a aprender cosas de los padres y el perdón,
la muerte y la moralidad,
la amabilidad y el arte,
y así perder nuestros corazones inocentes
pero al menos no hacerlo solos.
Crece conmigo.
jueves, 8 de agosto de 2013
martes, 6 de agosto de 2013
Paciencia
Lo primero es definir la paciencia. Cuando hablo de paciencia no me refiero a la resignación ni a la pasividad, sino a una manera de enfrentarse a los deseos y pruebas de la vida. Es una actitud de serenidad, perseverancia y fortaleza que aplicadas a todas las facetas de la vida nos hará ser más felices y efectivos.
Una persona madura es aquella que puede retardar su necesidad de satisfacer algo inmediatamente, que sabe que las cosas requieren su tiempo y que las cosas que no dependen de él tienen su propio ritmo. No se trata de sentarnos a esperar que las cosas pasen sin más sino tener una espera activa, de crear circunstancias que promuevan lo que buscamos, trabajando para estar preparados para cuando llegue la ocasión y disfrutando del momento.
O si quieres que pase algo en tu vida que no ha llegado todavía, no desesperes. En lugar de centrarte en aquello que no tienes, recuerda todo aquello que SI tienes y como eso que tienes puede acercarte a lo que estás buscando. Te hará ver la situación desde otra perspectiva y te ayudará a buscar circunstancias que te acerquen a lo que quieres. Disfruta de la espera, las grandes cosas requieren su tiempo.
Una persona madura es aquella que puede retardar su necesidad de satisfacer algo inmediatamente, que sabe que las cosas requieren su tiempo y que las cosas que no dependen de él tienen su propio ritmo. No se trata de sentarnos a esperar que las cosas pasen sin más sino tener una espera activa, de crear circunstancias que promuevan lo que buscamos, trabajando para estar preparados para cuando llegue la ocasión y disfrutando del momento.
O si quieres que pase algo en tu vida que no ha llegado todavía, no desesperes. En lugar de centrarte en aquello que no tienes, recuerda todo aquello que SI tienes y como eso que tienes puede acercarte a lo que estás buscando. Te hará ver la situación desde otra perspectiva y te ayudará a buscar circunstancias que te acerquen a lo que quieres. Disfruta de la espera, las grandes cosas requieren su tiempo.
Porque recuerda… la clave de la paciencia es hacer algo mientras esperas.
domingo, 4 de agosto de 2013
A TU DISPOSICIÓN.
Pienso en tus cosas, y aunque sé que de forma autónoma estarás viviendo tu vida, a mí no deja de agarrárseme en algún sitio indeterminado un grado mínimo de indemostrable certeza por nuestro contacto. Me encuentro sólido, a pesar de todo. No encontré pisadas en la maleza, ni señales en los astros, no encontré afirmaciones terrenas ni pistas en los cielos de que vaya a ser yo quien va a procurar tu acomodo. Contado suena banal, sentido suena torpe y afirmado suena impertinente, pero tormentas peores se descargaron en risa, y con solidez evanescente, veo mis alientos asentados en tu vida.
Pues sólo con estar cerca, enviando un mensaje, interesándome, apareciendo de vez en cuando como para hacer bulto, preguntando en voz alta por tus cosas, relacionando en público las tuyas y las mías, llamándote en mitad de la noche para darte la imprescindible referencia de un pintor, escritor, filósofo, saltimbanqui, educador, cantante, erudito, cocinero, gañán de la escena pública, héroe de la idea, malabarista de la consciencia del saber o personaje famoso por la exquisita belleza de su pellejo interior, por su ruindad, capacidad para la reflexión lúcida, para la polémica pertinente, señalado por la talla del enfoque de su saber o por su simple y atronadora zafiedad, sólo con estar al quite, siempre que pueda, a darte la respuesta que tenga, sólo con estar despierto cerca tuya, por si necesitas un apoyo visual, una mirada cómplice, un gesto de consuelo, un guiño de comprensión, sólo con mantenerme ocupado en mis cosas, pero con un ojo puesto en tu mundo, cuidando de no convertirme en un estorbo, pero manteniéndome a la vista, aunque sea de refilón y desenfocado, sólo con mantenerme contigo en mí, ya sé que estoy poniendo algún tipo de sabor o reflejo coloreado o aroma o bonanza o extrañeza o rara atmósfera o nueva claridad o sombra acogedora en tu paisaje, a tu disposición, sólo con ser YO, con lo que tenga en ese momento, sólo con aparecer y seguir empeñándome en ponerme en tu trayecto, sólo poniéndote delante alguna de mis formas, sé que estoy aportando algo al sabor que vas teniendo en la boca, a la temperatura de la cara, al relajo o la crispación de las manos. Yo lo sé. Y eso me empuja a seguir adelante.
Y está bien que mantenga la atención concentrada en tus lugares más inverosímiles. No sólo porque cada noche al acostarme quiero dormir con la impresión de que he hecho lo posible para que mi bien suceda, no sólo por eso. También porque tus maneras viven presas de una divina y turbadora estadística. Debo mantenerme pendiente de todas tus formas, de todos tus disfraces.
Cuando consigues creer que el amor está en tu cuenquito, de pronto se evapora, se mezcla con las nubes, y se va a llover a otra parte.
Adónde va todo esto no lo sé. Alguno recogerá las semillas que levanté de la tierra, las que regué con mi sudor. Para comer no me queda otra que confiar en la grandeza del campo. Y no puedo planificar nada con respecto a lo que realmente me importa. Bastante tengo con manejar esa ensalada de impulsos momentáneos que tengo que callarme para que esto –y yo mismo- no nos salgamos de madre. Bastante tengo con intentar saber si hay conciencia en tu reacción cuando estábamos allí. Bastante tengo con escrutar tus palabras o pensamientos callados ahora que estás allí y yo aquí, pensando que somos entes diferentes, cuerpos distantes y discursos tangentes. Aunque a veces yo ponga mis fuerzas en estar, de alguna manera, en tu paisaje.
sábado, 3 de agosto de 2013
La atención extraviada
Hay un tiempo, que es la reunión de muchos tiempos, que podríamos llamarlo nuestro tiempo despreocupado.
Nos pasa casi completamente desapercibido, aunque a poco que te fijes, ahí está, delante tuyo. Un buen día coge cuerpo, y se te hace tan presente, que a lo mejor te sientes culpable de no haberle echado cuenta, y te preguntas pero en qué estaba yo pensando entonces. Te preguntas si estabas en Babia o en standby, si andabas entusiasmándote por algo que a día de hoy no recuerdas, o si por el contrario estabas ahogándote con las cosas normales, con las fortuitas, las maravillosas carambolas o las desastrosas casualidades que cada día te absorben la atención.
El caso es que estás viendo que ese tiempo despreocupado, que acabó por pasarte desapercibido, también era parte de tu vida, y ya pasó, y este pequeño detalle, el de percibir de improviso un tiempo tuyo que no volverá, según tus circunstancias actuales, tu estado de ánimo, situación económico/laboral, sentimental, según tu prestancia psíquico emocional, y por qué no decirlo, tu estado de salud, tu edad, etc; pues este pequeño detalle, te hará vivir ese precioso tiempo perdido como una simple curiosidad, como una anécdota o como una insalvable tragedia.
Creo que raramente vas a quedar indiferente cuando veas ante ti mismo, en el momento presente, cuánto hiciste de más y cuánto hiciste de menos en ese tiempo que te pasó y que no viviste. Puede ser que tu despreocupación, o tu falta de atención, estuvieran basadas simplemente en que tu espíritu no levantaba un palmo del suelo. Esto hacía que tu vida fuese más sencilla, pues hoy, con la distancia, ves que en aquel entonces la gente te dejaba en paz. Te das cuenta de que, en realidad, la vida sólo opuso exigencias a las que tú ponías, y ves que, remontando el río más arriba de los rápidos, cuando todo es fresco, inmediato, puro y ruidoso, cuando no tenías noticias de la profundidad, tú eras, a fin de cuentas, apenas una mínima preocupación o una pequeña esperanza para tus padres. Eras apenas una parte atomizada del trabajo de tus maestros. Hacías tus cosas, hoy lo ves, sin percibir que nadie estuviese analizando tus potencialidades, ni dirigiendo tus valores, ni desnudando tus ambiciones.
Hoy ves la fuerza de aquella candidez, hoy ves que sólo de su mano podías, aunque sin saberlo, sentirte libre. Echas de menos esa libertad que no sabías ver.
En vez de lamentarte, o encogerte de hombros, sorprenderte o acariciar ese tiempo despreocupado que hoy se te presentó, a lo mejor hoy podrías arremangarte un poco más para concienciarte de lo que hoy mismo tienes entre manos. A lo mejor, hoy podrías hacer lo posible, a conciencia, para que tu vida sea más plena o más digna. Una vida de ojos abiertos y corazón dispuesto.
A lo mejor, también, hoy podrías intentar desconocerte del todo de ti mismo, relajarte de todo y entregarte a un lento, constante e indolente fluir del tiempo que vives hoy y pasará. A lo mejor, viendo hoy la cata puntual de lo que tus sueños y aspiraciones, tus amores, esfuerzos y anhelos han venido a resultar, a lo mejor decides que lo mejor es abrir enteramente los ojos a la despreocupación, y dejar que tu tiempo de hoy avance por sí solo, alegre o arrastrado, hasta que se le acaben las ganas, las distancias, el sentido de sus propios ímpetus.
Deseo
Cada cierto tiempo, cuando sobre una capa de mugre consigo extender un delgado revestimiento inmaculado de buenas intenciones, cuando me veo, para mi sorpresa, alimentando nuevas ilusiones, con el risueño pudor del que aparece sin haber sido invitado, acaba viniendo el deseo.
En ese momento, sólo en ese momento, veo con claridad que antes de su llegada todo lo que atañía a mi vida estaba instalado en una especie de centro. La impresión primera de esa situación que ya ha pasado es de pausa, incluso de aburrimiento, aunque cuando miras esa pausa desde esa nueva perspectiva deseante, descubres que era necesaria en su momento. Apareciendo el deseo, en ese instante fatal, veo cómo se pierde ese punto sereno que no sabía ver en mí, mientras lo tenía. Ese que hace que puedas elegir, relajado, dedicarte a las cosas que te interesan, hacer lo posible por el culto de tu espíritu, alimentar pacientemente la frialdad que pone en marcha la maquinaria de tantas cosas excitantes.
Cuando aparece el deseo, se acaba todo eso. La vida se torna una carrera de fondo en pos de lo deseado. Y todo se ve condicionado. Lo que necesitas y lo que no. Lo que esperas de todo cuanto te rodea, también lo que esperas de tí mismo con respecto a lo deseado. Y sin saberlo conscientemente, estás solo, enmedio de la calle, buscando inútilmente tu magnitud personal y humana. Tu crecimiento y evolución. Lo que amas verdaderamente y lo que languidece sin tu atención. La apreciación de lo que te aman y lo que te deben. Y piensas adónde irán a parar mis cultivos. Dónde guardaré mis esperanzas. Dónde quedó la percepción de lo que tengo y lo que me falta.
Todo. Todo pasa a verse a través de la óptica de lo deseado. El horizonte real se desdibuja hasta desaparecer, o mejor dicho, el objeto de deseo se le solapa, se interpone ese nuevo sol que ilumina con sus propios colores tu mundo, absorbiendo toda la fuerza, la gana y la atención de que dispones, de manera que ni se ve ni importa demasiado lo que antes de empezar a desear, considerabas real.
jueves, 1 de agosto de 2013
Estúpido
Siento algo amargo reptando ansiosamente por la tráquea, una mano nacida de algún lugar oscuro y profundo de mi ser, recorriendome por dentro arrastrándose por las entrañas. Como una calavérica reminiscencia, lo tantea todo asquerosamente y mi estómago se revuelve y mi alma tiene una arcada hasta acabar vomitando melancolía. El aire falta,el oxigeno desaparece.Sería un buen momento para dejar de existir. Siempre ha sido buen momento. Todo me parece ajeno y quiero salir , salir de todo.El pánico me consume, me da vértigo, tengo calor y me palpitan los sonidos profundamente en las orejas, Huir , correr hasta sentir hormiguear los pulmones y morir el aliento, llegar a ese extremo en el que sientes que mueres. Pero no puedo, y me consume, como siempre ese deseo utópico, me recorren las imágenes, todas las ilusiones, brillantes como estrellas inmaculadas en un cielo perfectamente oscurecido. Queman los sueños incumplidos, quema la falta en el pecho abierto, el pecho roto, chirriando estropeado, No hay lagrimas, solo esa falta , una gran falta de todo, que me hace doblarme en dos, tan cerca, tan lejos. Distancia, niebla corrupta, Estúpido, tan solo sé decirme eso, Estúpido.
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