lunes, 22 de febrero de 2016

Un día negro

Siento en mi corazón como si diez mil estacas de hielo bien afiladas me rodeasen. Le digo que no lata, pero, como si quisiera llevarme la contraria, late cada vez con más fuerza, llenándose de sangre hasta hincharse por completo, dejando que las estacas le atraviesen para luego, una vez sufrido todo el dolor, vaciarse y dejarme medio muerto.
Hoy es un día negro, un día completamente negro. Las luces del alba no consiguen despegar las sombras adheridas a mi alma, sino que las agrandan, convirtiendo cada granito de arena en una montaña inescalable, y cada montaña inescalable en un monstruo amenazante que amenaza con lanzarse sobre mí y aplastarme con su peso.
Hoy no es un buen día para nada, y ni siquiera escribir, descargando mi alma en estas palabras, me relaja. Necesito gritar de dolor para, acto seguido, carcajearme hasta que me duela la mandíbula. Necesito levantarme y correr, no importa adónde, pero, al mismo tiempo, mis piernas están fuertemente atadas al suelo.
No. Definitivamente, hoy no es un buen día para mí...

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