Escucha.
¿No oyes, en la distancia, suave, frágil, el preludio de una tragedia? Es el dolor que se aproxima de violines rodeado.
Respira.
¿No hueles, flotando en el aire, un aroma de singular e inexplicable belleza? Eso es amor. Amor que se transforma en odio.
Saborea.
¿No notas que todo sabe, repentinamente, salado y dulce a un tiempo? De lágrimas derramadas se trata.
Observa.
¿No ves, a lo lejos, las nubes negras creciendo, arremolinándose, preparadas para llover sobre la tierra? Es el anuncio de una tormenta que pretenderá ocultar un débil llanto.
Siente.
¿No notas el gélido y profundo vacío en su pecho y ojos? Son los escombros de un corazón que explosiona para no ser reconstruido.
No procures no mirar, pues vas a hacerlo de todas maneras. Es una imagen demasiado bella, efímera, trágica, como para apartar la mirada. No quites, pues, tus sentidos de ella. Disfrútala, súfrela, siéntela, y trata de recordarla.
Eso que notas, esa horrible sensación que ahora horada tu alma, es lo que habrás de aprender a curar en los demás, pues estás condenado, como yo, a ser feliz únicamente cuando cargues las tristezas que otros debieran sentir.
Pues, amigo mío, nosotros no tratamos cuerpos sino almas.
'-Por favor, no me dejes solo...
-¿Decías?
-¿Qué? No... Nada...'
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