Quería deshacerme del dolor.
De esa estúpida fragancia a tristeza que se me había pegado a la piel, y de esa melancolía que se me había adherido a los ojos.
Quise librarme de todo mi pasado.
Y me deshice de él. Lo vendí, lo regalé, se lo cambié al primero que encontré, ¿qué más da?
Desde ese momento, empecé a notar que de pronto era espectador y no actor de esa obra que es la vida.
Era indescriptible, era sentir que... ¿Qué?
Sentir que no sentía nada.
Que me había caído de la tarima, me había abierto la cabeza y ni siquiera había llegado a sentir dolor.
Pensé en coger todas mis fuerzas y volver al escenario, pero sabía que eso ya no era posible. Aún hoy estoy seguro de ello, y eso que nunca lo he llegado a intentar.
Así que creo que lo que toca es quedarme aquí y, por lo menos, disfrutar de la obra.
Al fin y al cabo, si tú estás bajo el foco, no perderé el interés.
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