Ya no recuerdo que es sentirse a salvo.
Fue la última frase que la pluma de el fue capaz de escribir. No, no porque muriese, sino porque lo gélido de su alma logró congelar la tinta. Sabía que lo vigilaban, que alguien escuchaba cada grito de pasión y cada gemido de dolor. Y lo peor de todo era que nadie iba a limitarse a escuchar, sino que todos y cada uno iría más allá. Comentarios, persecuciones, juicios. Nada es suficiente cuando se vive en una guerra, la peor guerra que ha conocido la humanidad: La lucha por la absurda superioridad moral.
Y justo cuando su pluma cesó de escribir se percató de que nadie pagaría su rescate. No existía persona en el mundo capaz de entender que lo que debía pagar por salvarlo no era precisamente dinero.
Fue la última frase que la pluma de el fue capaz de escribir. No, no porque muriese, sino porque lo gélido de su alma logró congelar la tinta. Sabía que lo vigilaban, que alguien escuchaba cada grito de pasión y cada gemido de dolor. Y lo peor de todo era que nadie iba a limitarse a escuchar, sino que todos y cada uno iría más allá. Comentarios, persecuciones, juicios. Nada es suficiente cuando se vive en una guerra, la peor guerra que ha conocido la humanidad: La lucha por la absurda superioridad moral.
Y justo cuando su pluma cesó de escribir se percató de que nadie pagaría su rescate. No existía persona en el mundo capaz de entender que lo que debía pagar por salvarlo no era precisamente dinero.
No hay comentarios:
Publicar un comentario