El
mundo debe parecerme cruel. Intentas reivincidar tu vida y terminas
prejubilándote con 18 años en tu habitación, porque cuando reivindicas
tu Universo te das cuenta de que sobra todo; y ahora todo lo que queda
de mi se puede encontrar en mi habitación, sobre una cama y dentro de un
armario, eso es todo lo que queda. Después de todo el Universo no debe
de ser tan grande.
La cuestión querido Hamlet no es ser o no ser, quizás en otro tiempo sí que lo fuese, pero ya no. Ahora querido Hamlet la cuestión es si reivindicar o no hacerlo.
La decisión es más difícil de lo que puede parecer a simple vista; la
gente tiende a decir que reivindicar es el camino hacia la paz
espiritual, hacia el bienestar, en serio, que se vayan con sus ideas a
tomar por culo. Las consecuencias de reivindicar pueden compararse a las
consecuencias de formatear un ordenador, pero cuando reivindicas tu
vida las consecuencias son más catastróficas, tu vida se queda vacía.
Por eso precisamente ahora mi Universo queda reducido a mi habitación,
porque no me queda mucho. Cuando reivindicas tu vida te das cuenta de
que la mayoría de cosas que tienes no sirven: no sirven los amigos, se
acabaron los sueños, no te quedan esperanzas, los proyectos de futuro
forman parte del pasado, las fantasías son placeres sintéticos y tus
creencias e ideas se rompen con suma facilidad... ¿Qué sucede cuando
haces borrón y cuenta nueva con 18 años? sucede que te despiertas un día
y no sabes muy bien quién eres.
Jack
decía que la autodestrucción conlleva evolución; temo pensar que me
tomé esas palabras al pie de la letra y ahora solo soy ruinas y cenizas.
Soy lo que queda de lo que fui y no me importa, pero nadie me dijo que
lo difícil no era derrumbar los esquemas de tu vida sino mentalizarte de
que, desde el momento en que renuncias a todo, tienes la sensación de
que nunca tuviste nada. Mi vida es como un flash, puedo resumirla es
unos segundos si me lo permitís pero no... no estoy con el ánimo de
contaros cómo es mi habitación.
Y
ahora sólo queda sacar conclusiones. Sólo queda respirar hondo y sacar
fuerzas de dónde sea. Sólo queda cerrar los ojos y preguntarme por qué,
por qué hice esto, por qué renuncié a todo por nada. A veces tengo la
sensación de que estoy a punto de encontrar una bonita razón para
explicarlo todo; es como estar a punto de encontrar la respuesta a la
puta pregunta que tienes en la cabeza desde hace tiempo, pero resulta
que todo se queda en una sensación, no encuentro una razón y quizás eso
es lo peor que me está pasando.
¿Habéis
visto alguna vez una de esas muñecas rusas? Están huecas y en el
interior esconden otra muñeca que a su vez esconde otra muñeca y otra, y
otra... pues podría decirse que yo soy como la última muñeca que queda:
no tengo nada dentro. ¿Sabéis? estar así es lo mejor y lo peor que me
ha pasado, soy capaz de ganarlo todo y desgraciadamente no me quedan
muchas cosas que perder.
No
quisiera que tengáis en vuestra mente la imagen del chico que ve el
vaso siempre medio vacío, curiosamente siempre veo el lado positivo de
la vida, pero a veces las cosas se tuercen más de lo que acostumbran y
terminas despertándote un día sin saber muy bien qué hacer, cuál es el
siguiente paso, qué espera el mundo de ti o qué debes esperar tú del
mundo. Un día despiertas y de repente todo tu Universo se reduce a las
cuatro paredes de tu habitación donde lo tienes todo y no tienes nada,
donde te sientes poderoso al saber que tienes el poder de decidir sobre
tu vida y humillado al comprobar que las consecuencias de tus decisiones
no dependen de ti y, curiosamente, no dependen de nadie.
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